Gobierno ausente

Gobierno ausente
Antonio Imízcoz
Periodista.

Ni están, ni se les debería esperar. Me refiero al gobierno de España. Y me refiero a los temas que preocupan a los ciudadanos de este país, porque para sus turbios manejos, sus sórdidos intereses ideológicos y sus inconfesables objetivos -como lo de embridar al Poder Judicial, pongo por caso, o a la educación concertada, o a quienes hablamos y escribimos cosas que no les gustan-, para eso sí siguen actuando ladinamente, a la sombra del Estado de Alarma que se regalaron hasta mayo y que, no se engañen, no tiene nada que ver con la lucha contra la pandemia, de la que dimitieron allá por mayo.

El gobierno social comunista de los Picapiedra, Pedro y Pablo, es un gobierno ausente de los grandes problemas que tiene España. No está en la dinamización de la vacunación contra el coronavirus, por más que apareciera el felón en la tele que mismamente parecía que hubiera sido él el descubridor del inyectable, o quien hubiera pagado de su bolsillo la salvación del pueblo.

Ni están en el desbloqueo de las comunicaciones que nos ha dejado Filomena y su hermana menor, Heladia, negando además la declaración de Madrid como zona catastrófica, que les aseguro que lo es aún hoy, una semana después del nevazo. Que dicen algunos que otro gallo hubiera cantado si se hubiera congelado Barcelona, pero yo creo que tampoco porque, ya les digo, no están.

Como no están para intervenir en el subidón del precio de la electricidad por encima del veinticinco por ciento, ellos que tanto cacareaban cuando a Rajoy le subió un ocho. Pero es que la hemeroteca es insobornable y ahí les recordamos su pataleo de entonces.

Total, que vivimos, los españoles, abandonados al mejor saber y entender de quienes gobiernan las Taifas autonómicas, que ahí hay de todo. En Madrid se lucha contra el hielo, sin esperanza de descongelar las relaciones con un gobierno central que ha decidido negar el pan y la sal -tan necesaria en esta situación- a la Comunidad del PP, ignorando que lo que están congelando son las ya escasas posibilidades de derrotarla un día, porque los madrileños están hasta los madroños.

En Valencia, mientras tanto, Ximo Puig parece tener un holding familiar que va viento en popa, quien sabe si protegido por el ministro más valenciano, el mamporrero de Sánchez, el amigo de la venezolana Delcy y responsable del caos helado de las carreteras españolas, el Algarrobo Ábalos.

Y mientras tanto, el ritmo de vacunación, que debería ser de rock and roll, va a paso de sardana. Un disparate, todo.

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