Fahrenheit 451

Fahrenheit451
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Vamos a ilegalizar las fundaciones franquistas y penalizar cualquier apología del franquismo…”.

Estas palabras del actual presidente del gobierno (en funciones) me trasladaron inmediatamente a ese mundo de las distopías formado por obras literarias como “Nosotros” de Yevgeni Zamiatin, “1984” de Georges Orwell, “un mundo feliz” de Aldous Huxley o la que titula este artículo de Ray Bradbury.

El término distopía ya se definía en el año 1868 por John Stuart Mill como “la representación imaginaria de una sociedad futura, con características negativas causantes de la alienación moral”. Se considera un antónimo de “utopía” (sociedad feliz) ya que representaría un tipo de sociedad enferma e indeseable, sometida a un sistema totalitario que, como en “1984” controla la corrección del pensamiento y en “Fahrenheit 451” conlleva la destrucción del pensamiento escrito por medio del fuego (su alusión al nº 451 serían los grados de temperatura que necesita el papel para arder). Ya no se trata de perseguir el pensamiento, las ideas o las opiniones diferentes, sino que hay que destruir su rastro literario.

“Un sistema totalitario actual no usaría la coerción física sobre los ciudadanos, sino que, a través de sus medios de propaganda, los convencería de que sometiéndose a su poder serían más felices” (Aldous Huxley). Como vemos, no es necesario usar de la fuerza para moldear y convencer a una sociedad a la que se ha alienado previamente a través de los medios de comunicación, para que obedezca resignadamente y no se cuestione las decisiones de dicho poder. Una de ellas sería el borrar mediante la mentira la verdad que la Historia ha ido construyendo a través del tiempo, tal como parecen ser las intenciones anunciadas del Sr. Sánchez, sin que las instituciones democráticas rechinen.

El poder del fuego sobre los libros (el conocimiento) no es una simple metáfora ya que se considera como la forma de limitar o destruir las sociedades libres y plurales. “Los libros nos hacen infelices” se proclama en “Fahrenheit 451” (de ahí la necesidad de destruirlos) pero en realidad se está proclamando: “la felicidad proviene de la ignorancia” o, dicho de otra forma “sólo la información oficial (del gobierno) os hará felices”. En “Fahrenheit 451” es a través de la televisión cómo se “informa” o se “forma” a una sociedad anómica, sin pulso y dispuesta a aceptar cualquier mentira procedente de las cadenas conniventes con los deseos gubernamentales o con la propaganda oficial.

“La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones de las masas, es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto, constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder”. Así comienza el primer capítulo con el título “Organizar el caos” del publicista, periodista e inventor de la teoría de las relaciones públicas Edward Bernays (1892/1995), austriaco, sobrino de Freud, que se especializó en EE. UU. en comunicación, cuya obra “Propaganda” está considerada la “Biblia de la manipulación” fielmente seguida por personajes tan parecidos como Goebbels o como Mao Tse Tung: “la mentira repetida un millón de veces acaba convertida en verdad”. Sus predecesores en el estudio de la psicología de masas fueron Trotter y Le Bon quienes le dieron un enfoque científico o Graham Wallas y Walter Lippmann que llegaron a la conclusión de la diferencia de las características mentales del individuo aislado y el grupo social, de donde “si se conocen el mecanismo y los motivos que impulsan al grupo… ¿no sería posible controlar y sojuzgar a las masas con arreglo a nuestra voluntad sin que éstas se dieran cuenta?”

En el libro de León Tolstoi “Contra aquellos que nos gobiernan”, el autor ruso pregunta: ¿que piden los socialistas para, a continuación, decir: “…pero en sus nociones confusas de lo que ocurrirá, suponen que ellos continuarán representando un papel preponderante, sirviendo a la comunidad como dirigentes, pensadores y artistas… pero los hombres inteligentes e instruidos de nuestros días, dan el mismo crédito a las promesas de los socialistas que al paraíso de los teólogos…” Sólo la destrucción de la inteligencia y del pensamiento libre harían posible el nuevo “Fahrenheit 451” con que se trata de montar el confuso programa de poder sobre los ciudadanos, borrando aquello que no les guste o no sea conveniente de nuestra Historia reciente, donde el fuego es sustituido por la propaganda y la mentira mediática.

“Tratar de impedir nuevas destrucciones, forma parte de una praxis radical contra la vida administrada”, dice en “La vida administrada. Sobre el naufragio social” el sociólogo alicantino Juanma Agulles que añade: “lo que los progresistas suelen entender como la historia del avance de la civilización, es también el proceso constante de destrucción de equilibrios previos y la articulación de nuevas formas de opresión que se suceden en el tiempo”. Nada nuevo bajo el sol de las cada vez mayores fuerzas de opresión sobre nuestras ya precarias libertades. Bajo las botas de los nuevos ejércitos que marchan con las músicas ideológicas creadas “exprofeso” para el nuevo totalitarismo y soborno de nuestras conciencias, están las cenizas de los libros quemados en “Fahrenheit 451” o los libros pisoteados por las tecnologías o las ruinas del pluralismo social con que se trató de construir ese mundo feliz y utópico que seguimos llamando democracia.

Retorno a las propias palabras de quien pretende seguir al frente del gobierno español, que no sólo se arroga el control total sobre los poderes del Estado, sino que utiliza todo el poder del mismo para difundir su particular propaganda, y trata de imponer un pensamiento único (el suyo) del que debe desaparecer el conocimiento y la propia Historia que sigue estando en los libros. “Cuanto más tontos, más felices…” debe pensar.

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