Encuestas y «fotos fijas»

Encuestas y “fotos fijas”
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— P U B L I C I D A D —

El panorama electoral español se viene conmocionando desde hace ya tiempo con los resultados de las frecuentes encuestas que circulan, tanto de una forma oficial como mediática o partidaria, por distintos foros, interpretándose de formas más o menos interesadas.

La prueba de fuego parece ser las elecciones en Andalucía, si bien las peculiaridades de la región española andaluza con décadas de gobiernos del PSOE, son una circunstancia especial que no se da en ninguna otra zona de España. A ello se unen los muchos casos de irregularidades públicas y privadas que han formado la conexión perfecta para aprovechar los PER, los ERE, los cursos de formación, etc. con prácticas poco correctas o irregulares.

Más tarde, las elecciones autonómicas y municipales permitirán ir trazando las tendencias políticas del cuerpo electoral español, quizá de una forma más precisa, dando nitidez a los contornos de esas “fotos fijas” que constituyen las encuestas previas, concepto esgrimido permanentemente por analistas políticos, tanto para avalar sus resultados como para rechazarlos.

Esas “fotos fijas” se corresponderían con un momento en el tiempo en que el encuestado responde al cuestionario previamente diseñado por el encuestador y, a veces, con alguna orientación de quien encarga la muestra. No recoge una intención cuya permanencia pueda garantizarse en el momento siguiente y menos aún a lo largo de meses, incluso en el caso de que el encuestado responda con absoluta sinceridad, —cuestión ésta no baladí por lo que muchos preguntados consideran invasión de su intimidad. La consecuencia de la “foto fija” es una simple aproximación a un “universo” muy restringido de voluntades u opiniones.

Todas las encuestas que han venido sucediéndose —sobre todo desde la irrupción de “Podemos” en el panorama político español— marcan unas intenciones de voto que, a grandes rasgos y con cierta insistencia, parecen determinar en primer lugar el final de las llamadas “mayorías absolutas”, aquéllas que permiten la formación de un gobierno que puede influir en el legislativo y en el judicial por el sistema de cuotas, sin otra oposición de la meramente formal, como ha ocurrido con el actual gobierno del PP. Las leyes no son fruto de debate y consenso parlamentario, sino que se imponen a las minorías en aras del sistema democrático que supone la prevalencia de la mayoría surgida de las elecciones. Unas elecciones que, asimismo, sólo son una “foto fija” del día en que se producen las votaciones, sin que ello presuponga ni garantice el mismo apoyo electoral al día siguiente o en los días, meses o años que dure o se mantenga esa legislatura. Estaríamos entonces ante una foto que, con el tiempo, adquiere diferencias notables con su imagen inicial, como demuestra la caída en picado del apoyo electoral mayoritario del PP a la luz de otras fotos más actuales.

¿Porqué pues las “fotos fijas” de las encuestas son diferentes a las de las votaciones electorales? ¿Por el número de encuestados simplemente? El día de las elecciones es todo el censo electoral el que, con su voto, señala sus preferencias en el único acto reconocido de participación política que le dejan ante un abanico de escasas opciones, como ha demostrado el bipartidismo que se ha repartido en períodos sucesivos entre el PP y el PSOE el resultado de las elecciones en diferentes ámbitos. Ahora bien, cuando el censo electoral que se decide a participar en el ejercicio de su libertad no es a su vez una mayoría real y la abstención llega a superar el porcentaje del partido más votado, la validez de la “foto fija” deja mucho que desear, puesto que en ella no están todas las imágenes existentes en la realidad política. Estaríamos entonces ante una mayoría “relativa” a la que por acción (voto) u omisión (abstención) se la deja gobernar porque alguien tiene que hacerlo.

Gobernar desde la humildad de saber en todo momento que, el poder recibido del soberano tanto a nivel individual (parlamentario) o colectivo (grupo político), podría ser revocado desde el día siguiente de su concesión electoral, si el contrato social que supone el programa propuesto no es cumplido por quien, al hacerlo público, se compromete públicamente a ello. De ahí la necesidad de acudir a las elecciones desde el rigor de las propuestas posibles. En este sentido el PP está pagando las consecuencias de promesas electorales incumplidas, al no haber valorado suficientemente la “herencia” de la que tenía que responder. Lejos de ello, a su mensaje de liberalización o desregulación que le otorgó la mayoría, se le ha dado la vuelta aplicando políticas socialistas y de intervención social y fiscal que han modificado la “foto fija” surgida el día de las elecciones. La mayoría obtenida el 20 de noviembre de 2011, no es la misma que el apoyo que le queda ahora, según revelan las “fotos fijas” más actuales de las encuestas.

Las nuevas “fotos fijas” parecen revelar imágenes muy diferentes a las virtuales (ya desvaídas) que suponían los resultados electorales anteriores porque, en estos años, han cambiado demasiadas cosas en una sociedad indignada que parece querer salir del trance cómodo en que ha vivido, para ocuparse más directamente de sus propios asuntos. Ya no quiere representarse más que a sí misma, dando más nitidez a formaciones nuevas en que intervienen más directamente, tanto en su organización interna como en sus aspiraciones. Es lo que dicen las encuestas actuales. Lo vemos además con asuntos como el proceso soberanista catalán vendido desde “la mayoría de los catalanes” apenas hace un año y en pleno proceso de caída que, probablemente, repercutirá en las elecciones de Cataluña en el mes de septiembre. La “foto fija” de la Diada pasada ya no es la misma (dejó de ser la misma) desde el día siguiente.

Otro motivo de cambio en las “fotos fijas” es la repercusión de conflictos internacionales. Los sucesos y su repercusión mediática no dejan de ser una guerra de propaganda política en que se juega con la supuesta seguridad y el fácil miedo de los ciudadanos. Unos mensajes bien orientados pueden hacer variar las intenciones y opiniones de los votantes jugando con sus emociones e instintos más básicos. De esto saben mucho los llamados “gabinetes de comunicación” y las informaciones manipuladas en uno u otro sentido, cambian las “fotos fijas” previstas en días o momentos anteriores.

De todo ello se deduce la imposibilidad de “fijar” en democracia una situación política, ya sea por la volubilidad del apoyo por parte de los ciudadanos libres, ya sea por los muchos y constantes deméritos de una clase política que contribuyen a dicha volubilidad por sus acciones u omisiones.

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