¿En manos de quién estamos?

Mascarilla obligatoria
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Cuando el Gobierno de España ha realizado una gestión cuestionable de la pandemia del Covid 19 y ha pasado la pelota al tejado de los Gobiernos autonómicos tras la llamada “desescalada”, nos volvemos a encontrar con la caótica situación con que cada comunidad autónoma pretende emular los cuantiosos disparates del Gobierno central.

Hace un par de días, siguiendo las “recetas” de movimiento turístico interior en España, opté por visitar algunas zonas naturales de la comunidad de Castilla y León, para lo que tuve que salir de la comunidad de Madrid con unas condiciones preventivas determinadas, cruzar la de Castilla la Mancha, con otras diferentes y entrar en la citada castellano-leonesa donde, para mi sorpresa, la mascarilla era obligatoria en todos los casos. No sólo eso, sino que el propio establecimiento hotelero había prescindido de personal para la habitual recepción de viajeros, siendo sustituido por un aparato de identificación de clientes (ojo al dato) que, además, tenía sus “trucos” de funcionamiento.

De inmediato pensé en lo que podía ser el recorrido del cañón del río Lobos (25 kms.) con la mascarilla puesta, la mochila al hombro y unas temperaturas de 40ºC o por las iglesias románicas de la zona en tales condiciones, lo que provocó la cancelación de mi reserva y el regreso inmediato a Madrid donde, al menos, se podía respirar aire en lugares al aire libre. No contaba yo con que la necedad también es contagiosa y no distinguía de partidos políticos, como ha acreditado “Madrid Central” o las políticas de género del PP desde el complejo de inferioridad ante las nuevas “izquierdas” (desde Podemos hasta Cs).

Pues bien, hoy martes me entero de que Madrid se suma con entusiasmo a la dichosa obligación de la mascarilla, cuestionada por la propia OMS para su uso generalizado por los problemas sanitarios que pueden conllevar (están relacionados y documentados) y que han sido denunciados por la organización “Médicos por la verdad” en España, en un acto reciente de presentación. En dicho acto se ha acusado de fraude y manipulación la actuación política sobre el Covid 19, con fines diferentes a los sanitarios (ver vídeo en Google), mientras se ha explicado por expertos “no oficiales” la realidad del problema.

Cuando creíamos que la necedad, la improvisación y la “brocha gorda” en las políticas sanitarias, tan denunciadas por el PP en el Congreso de Diputados, eran sólo imputables a la “nueva izquierda”, resulta que -como dicen en mi pueblo- “en todas partes cuecen habas…”

En un artículo anterior sobre las “derivas partidarias” ya me refería a la extraña hibridación o maridaje de los proyectos políticos de todo el espectro (excepto Vox), donde nada es lo que parece o, en frase de Pirandello: “así es, si así os parece”. Donde se mezclan las “churras” de las supuestas izquierdas con las “merinas” de las supuestas derechas, con la correspondiente confusión en los ciudadanos. Al final todo se reduce a la propaganda mediática y a la fotogenia de los supuestos “líderes”.

Digo “supuestos” con toda intención, ya que padecemos la generación de políticos menos preparada de la Historia de España. De ahí la pregunta del título: ¿en manos de quien estamos? De la bisoñez política, intelectual y hasta personal de unos, pasamos a la bisoñez de los contrarios que, faltos por igual de solvencia o solidez, se apresuran a hacer seguidismo por muy enmascarado que parezca de las posiciones contrarias. De esta forma no sólo hay que sufrir los errores de de una parte, sino que éstos son replicados por la otra que muy ingenuamente creíamos más preparada.

En el caso de Madrid ya hemos puesto de manifiesto en varias ocasiones cómo la búsqueda de la clientela electoral contraria, ha puesto de relieve la desnudez de los actuales gobernantes, tanto en el ayuntamiento como en la comunidad. Cómo el seguir los mismos pasos de sus teóricos oponentes políticos buscando el aplauso simplón de los adoctrinados o el poder por el poder, ha hecho perder las escasas líneas de proyecto propio a dos formaciones hoy diluidas en la “corrección” que nos imponen desde instancias ajenas a nuestros intereses como ciudadanos.

En lugar de buscar la asesoría realmente experta del mundo de la Sanidad de toda la vida, Madrid ha optado por imponer la solución más de acuerdo con la simpleza política de sus gobernantes: la mascarilla de carácter general, verdadero reservorio de virus en los contagiados que se ven así expuestos a un contagio superior y los “no contagiados” a un “coctail” permanente de dióxido de carbono de la espiración pulmonar (tóxico según los criterios de “Madrid Central”), donde los expertos denuncian problemas sanitarios añadidos que no son tenidos en cuenta por los gobernantes de turno. Para acabar de confundir se dice: “…. uso obligatorio….siempre que no sea posible mantener la distancia de seguridad de dos metros”. (?)

Con eso pretendemos además remontar la precaria situación turística existente donde los visitantes estarán obligados a subir a Peñalara (por ejemplo) resoplando CO2 en lugar de respirar el oxígeno natural, de la sierra, o bien quieran recorrer la ciudad y sus monumentos bajo el calor asfixiante de sus calles o simplemente quieran tomar una cerveza en cualquier terraza donde, además, estarán sometidos al control de una cartilla de identificación. Se acabó el “echar una cana al aire”. A eso llaman defensa de las libertades. Lo dicho, tan perdidos unos como otros. Tan “copiotas” que ya no se distinguen. Al final el partido único asoma su sombra totalitaria, eso sí “progresista”.

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