¿Emprendedores o estafadores?

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Abel Cádiz
ABEL CÁDIZ RUIZ es el presidente de la Fundación Emprendedores. En el pasado asumió un compromiso con la transición política, al lado de Adolfo Suárez. Fue miembro del Consejo Nacional de la UCD y Presidente en Madrid. Tras ser diputado por la Comunidad de Madrid abandonó la política para dedicarse profesionalmente a la docencia y a la actividad empresarial.

La foto en la que el Presidente Rajoy aparece entregando un premio al considerado brillante emprendedor Jenaro García refleja conque facilidad se puede poner en ridículo a un Presidente de Gobierno, aun estando rodeado de ministros y asesores sin cuento, la mayoría de ellos encantados de conocerse por sentirse en el Top de la inteligencia.

Y es que tenemos tanta carencia de vocaciones emprendedoras, que estamos prestos a aplaudir y estimular a quienes sean capaces de crear una empresa sin distinguir especuladores, estafadores y emprendedores reales. Vivimos, por otra parte, en un contexto cultural e ideológico que condena al capitalismo, bajo el término genérico y nunca descrito con exactitud de neoliberalismo. Para no ser menos, el discurso que se le opone rememora ideas del siglo XIX con un MIX singular que han puesto de moda los Pablo Iglesias (Podemos) los Alberto Garzón (PCE) y que, en ambos casos admitiría la adopción de un término contrario equivalente. Propongo el de neomarxismo con una duda razonable sobre si sería más válido el de neocomunismo.

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En esta confusión reinante en la que se mezclan eslóganes y conceptos prefabricados, pero faltan valores morales y fundamentos éticos, se llega al colmo que representa la aventura de GOWEX en manos de un alienado y/o iluminado que sueña con una idea y se lanza a emprenderla. Hasta ahí bien, pero cuando la idea ya convertida en proyecto emprendedor no se materializa como posible en términos de viabilidad económica, entonces la transforma en estafa. Y en virtud de una inercia social facilitada por la ausencia, ya mencionada, de valores y fundamentos éticos, resultan engañados y eso es lo grave no solo quienes pensaron en comprar duros a cuatro pesetas -como advertían nuestros mayores- sino a los instalados en la cúpula de las estructuras del sistema para evitar que pasen estas cosas y que los timos lleguen al nivel con que se producen regularmente.

Porque resulta, ni más ni menos, que los miembros del Consejo de Administración de Gowex, el propio Auditor al que se designa para verificar la veracidad contable, el Órgano registrado del MAB (Mercado Alternativo Bursátil) y por último el Supervisor gubernamental, es decir, un pequeño ejercito de burócratas especialistas en lo suyo, ha sido incapaz de evitar que Jenaro y unos subordinados cómplices (de los que no se habla) falsearan las cuentas y envenenara con información falsa a cerca de 5.000 inversores de un mercado bursátil al que los han conducido sus propios bancos y asesores de inversión.

Resulta un sarcasmo el ejercicio de confesión como pecador arrepentido del caradura de Jenaro García, tras haber defraudado unos cientos de millones de euros de inversores, proveedores y financiadores en el pozo sin fondo que se había convertido su empresa que, eso si, en poco más de un año multiplicó varias veces su valor por lo que una diligencia que no debería omitirse es seguir la pista del dinero ganado en el juego bursátil por el propio Jenaro, dueño inicial de más del 90 % de las acciones y de cuyo porcentaje (que ahora vale CERO) destinó una parte como aval para conseguir un crédito de 10 millones de euros.

Inútil es predecir que cuantos han perdido su dinero no lo recuperarán, por más que acudan presurosos a los Tribunales. Es sabido, en el ámbito empresarial que la justicia no es aplicable de forma ejemplar en delitos societarios. Hay ejemplos suficientes de empresas saqueadas por socios y administradores que cuando, en casos fragantes, han terminado imputados en un Juzgado de Instrucción, los afectados por el delito penal correspondiente quedan a la espera en muchas ocasiones durante 5 ó 6 años para que la instrucción culmine y una vez llegados a ese punto, se inicia otra espera que puede llegar a dos o tres años por saturación el los Juzgados. Entretanto, la facilidad del estafador para tender un velo impenetrable sobre el destino del dinero con el que blinda su futuro, no se ha sabido contrarrestar por el Gobierno. Por una minuta módica un asesor fiscal te hace insolvente en una semana. ¿O no lo saben quienes deben saberlo?

Cabe un apunte final para no salir del tema que nos ocupa: la delincuencia mercantil proliferará en tanto no se persiga con la misma contundencia con la que se persigue a un atracador. Sin ejemplaridad, sin prontitud en la justicia, sin rechazo social y moral ostensible y público hacia tanto delincuente que pasea una vida sosegada y con lujo, mientras se eternizan los procesos en los Juzgados salvo que un factor mediático anime al Juez Instructor, no se regenera un sistema que no tiene alternativas convincentes en los modelos ideológicos que una izquierda emergente y animosa plantea. La alternativa está dentro del propio sistema de la libre empresa, aislando y persiguiendo a quien delinque y no confundiéndolo jamás con un emprendedor auténtico.

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2 Comentarios

  1. Se ha hablado tanto, y tan mal, de las empresas con humo, que están pasando inadvertidos los peligros de las empresas de humo.

    Y los órganos (¡¡y las personas!!) de supervisión y control, ¿no asumen ninguna responsabilidad?

  2. Es un ejemplo más de cómo los supuestos “controladores” no se enteran de nada de lo que pasa ante sus narices ya que están dedicados a recolectar los 100 euros de desajuste en las informativas o en asfixiar hasta el límite las actividades normales. ¿Es que todavía no nos hemos dado cuenta de la diferencia entre economía especulativa y productiva? Seguimos siendo el colmo del papanatismo hacia los modelos que nos han vendido en el cine donde la intermediación es más rentable que la producción. Así nos ha ido y, por lo que temo, nos seguirá yendo. No escarmentamos.

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