Electoral 155

Electoral 155
Antonio Imízcoz
Periodista.

El 3 de febrero de 1992, los sindicatos UGT y CCOO, en apoyo a los trabajadores de Bazán, acudieron ante la Asamblea Regional de la Región de Murcia, para tratar de reunirse con el presidente socialista de la Comunidad, Carlos Collado, debido a la situación de incertidumbre laboral en la ciudad, en plena crisis industrial y con la pérdida de numerosos puestos de trabajo. Fortuitamente o no, un coctel molotov arrojado por los manifestantes en su pugna con la policía, rompió un ventanal y prendió en las cortinas de la Sala de Prensa, ocasionando lo que, hasta hoy, ha sido el primer asalto y quema de una sede parlamentaria en la historia de nuestra democracia. Algo parecido, pero muy distinto, a lo que pretendían hacer los miembros de los llamados Comités de Defensa de la República o CDR, detenidos por la Guardia Civil para disgusto de Marlaska.

Muy distinto porque, según vamos sabiendo a cuentagotas por fuentes de la investigación, los terroristas catalanes contaban con que el presidente de la Generalitat iba a franquearles el acceso al Parlament y quién sabe si no obsequiarles también con unas butifarras con monchetas.

Así las cosas, los independentistas catalanes celebrarán mañana, ya nos tememos cómo, el segundo aniversario del no referéndum del 1 de octubre de 2017, oportunamente (o no) aderezado con nueve golpistas en prisión provisional y tres más a la espera de una sentencia del Tribunal Supremo que habríamos de conocer en no mucho más de dos semana, lo que los indepes llaman el día D; con un presidente de la Generalitat que aún no ha demandado a los terroristas que le hacen conocedor, y por tanto cómplice, de sus manejos; con una resolución de la CUP, apoyada por JxCat y ERC y aprobada en el Parlament, que avala la “desobediencia civil e institucional”;  y un ambiente general que fuerzas del orden, medios de comunicación y ciudadanos de a pie definen como de incertidumbre, tensión, riesgo, crispación… Todos ingredientes más de escudella i carn d’olla o xuquet de peix de que butifarras con monchetas. Un potaje, vaya.

Y en esto que el preclaro presidente en funciones, en su primer acto electoral en Cataluña, agita con displicencia el artículo 155 de la Constitución “si el independentismo vuelve a quebrar el Estatuto y la Constitución”, como si no lo estuvieran haciendo todos los días por boca de los representantes de la Generalitat o con las decisiones del Parlament.

¿No será que el “gurú” Iván Redondo, sombra de Sánchez y compañero de Falcon, ha visto las grandes posibilidades electorales de airear y hasta aplicar el artículo 155? Porque, sin duda, para una ciudadanía catalana y española, ya francamente (con perdón de la expresión) harta de los devaneos independentistas, la suspensión de la autonomía en Cataluña resultaría sin duda atractiva, y podría conllevar no poco rédito de votos el 10 de noviembre.

Item más, su aplicación obligaría a alinearse con el PSOE tanto al PP, como a Ciudadanos y hasta a VOX. Porque, aunque Casado ha exigido aplicar la ley de seguridad nacional, e incluso la ley de partidos políticos que establece que “cualquier partido que aliente la violencia puede ser ilegalizado”, no se ha presentado en la Diputación Permanente del Senado solicitud alguna de aplicación del 155, lo que hubiera anotado en la casilla popular la iniciativa. Y porque Ciudadanos, desnortados por las negras perspectivas electorales en las encuestas, sale ahora con proponer una moción de censura contra Joaquín Torra. ¡¡Pero si ni siquiera tuvieron la gallardía de someterse a la investidura de Inés Arrimadas cuando ganaron las últimas elecciones autonómicas!!

La última semana de octubre verá, muy posiblemente, la vuelta del 155 al panorama político catalán. Pero será una maniobra electoral. Como todo lo que hace Sánchez.

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