El valor del voto

“...que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico, la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.” (Art.º 1º,1 de la C.E.)

El valor del voto
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Cuando acabamos de pasar otra convocatoria electoral en España, volvemos a darnos cuenta de cómo queda vulnerado el principio de “igualdad” del art.º 1º de nuestra Constitución, con un sistema electoral llamado “proporcional” que esconde una de las mayores injusticias discriminatorias con el valor del voto de los diferentes ciudadanos. Algo a que ya me refería (y en lo que he insistido siempre) en algún artículo anterior.

La llamada “ley D’Hont” (en realidad es un sistema de recuento electoral) desde el principio de la Transición viene premiando a unos partidos y castigando a otros, por el simple hecho del origen de los votos y el precio de cada escaño conseguido. A esa vulneración de la igualdad constitucional, se han venido sumando otros privilegios del bipartidismo imperante durante muchos años, que premiaba con mayor difusión de tiempo y mejor espacio publicitario, los mensajes de los grandes partidos partiendo de la premisa (falsa) de que nadie los movería de tal situación. Al art.º 1º del texto constitucional habría que añadir la vulneración del art.º 14º: “Los españoles son iguales ante la ley….” Si, “pero unos más que otros…” como se reconoce implícitamente.

Hace un par de días, un buen amigo, abogado del estado, clamaba en otro artículo por la necesidad de cambiar ya el sistema electoral por las mismas razones expuestas y resulta sorprendente que el propio Tribunal Constitucional no haya procedido a invalidarlo por inconstitucionalidad manifiesta. Asimismo, resulta paradójico que los partidos más afectados negativamente, no hayan impulsado nunca un cambio de sistema para hacerlo más justo, equitativo y constitucional.

¿Qué entendemos por ello? Algo tan simple que, con independencia del lugar o circunscripción de donde procedan los votos electorales, éstos tengan exactamente el mismo valor a efectos de cómputo en la distribución de escaños en toda la circunscripción nacional. Hay que tener en cuenta que las elecciones son para la representación política (ideológica) en el Parlamento de la nación, ante los problemas de carácter “nacional” (de todo el Estado). No se trata pues de establecer contenciosos territoriales ni resolver cuestiones de ámbito local, sino de afrontar grandes retos que conciernen a todos los españoles.

La trampa de convertir una supuesta representación territorial parlamentaria en la reivindicación de unos u otros privilegios, ha dado lugar además a rencillas y rencores entre los ciudadanos que, poco a poco, han ido llegando a nivel de los enfrentamientos sociales que conocemos, dando alas a partidos de ámbito regional (o simplemente local) para llegar a plantearse incluso la independencia del Estado que los mantiene. Eso sí, sin renunciar —como sería lógico— a los cargos representativos, a los sueldos públicos y a los privilegios personales que ese mismo Estado les proporciona. Resultaba un sarcasmo y una muestra de la incoherencia mental existente, ver a los líderes de la llamada “república de Cataluña” acudiendo a votar en un estado ajeno al que proclaman y respetan. O no se sienten “españoles” —cuestión muy legítima a nivel personal— en cuyo caso se limitan a no sentirse concernidos por las convocatorias del Estado español (como tampoco reconocen las sentencias de los tribunales del Estado) y se dedican a trabajar por la construcción de la anhelada república con sus propios medios y presupuestos. Pero no, la idea romántica queda al margen y sustituida por el pragmatismo (“la pela es la pela”) o los intereses personales de cada uno de sus líderes.

Los números cantan. Desde los 19.696 votos que ha costado a la formación “Teruel existe” el diputado conseguido, hasta los 167.253 votos que ha costado a “Más País” cada uno de los tres diputados obtenidos, hay una escala injusta del valor de los votos de los ciudadanos aplicada a los escaños de cada partido que luego no tendrá una repercusión parlamentaria. Hay que recordar que son los votos individuales de cada elector los que configuran la relación de fuerzas políticas del Estado, no el número de escaños obtenido.

Por citar algunos ejemplos tenemos que, mientras al PSOE cada escaño le cuesta 56.275 votos, al PP le cuesta 57.044 votos, a VOX 70.001votos y a PODEMOS 88.491 votos. En contraste con ello la formación nacionalista vasca PNV sólo necesita 53.918 votos o la independentista vasca BILDU 55.304, algo menos que a sus gemelas catalanas JxCAT o ERC que ya necesitan 65.922 y 66.918 respectivamente, todavía muy inferiores a los 119.597 de BNG o 122.377 de la CUP. Dicho de otra forma, el PNV con sólo 377.423 votos tiene 7 diputados o ERC con sólo 869.934 votos, tiene 13 diputados en contraste con los 10 diputados de CIUDADANOS y sus 1.637.540 votos.

Son los escaños los que cuentan a la hora de las votaciones internas del Parlamento, pero estos no están sostenidos por el número de votos obtenido, por lo que las decisiones parlamentarias están aquejadas de una falta de legitimidad real apoyada por la “soberanía popular” proclamada en el art.º 1º,2 de la Constitución. Esa es una de las grandes asignaturas pendientes de nuestra peculiar democracia que acaba suspendiendo cuando éstas se acumulan, como la efectiva y real separación de poderes (“El Estado soy yo”, parece emular a Luis XIV nuestro actual presidente en funciones desde que tomó el cargo el pasado año, confundiendo la delegación específica de poderes para “administrar el Estado” con la figura de jefe del mismo) o su anuncio de control del pensamiento y opinión que personalmente no le gusten (incluyendo la “policía” que se encargue de detener a los heterodoxos) o la tan recurrente “lucha contra el cambio climático” donde piensa someter al sistema solar y planetario a sus numerosos decretos/ley. Parece ser que es lo que tenemos, pero… ¿es lo que merecemos?

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.