El llamado «Sanchismo»

El llamado "Sanchismo"
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Deliberadamente he intentado no entrar en el “rifirrafe” mediático y social alrededor de cualquiera de los considerados “líderes políticos”, porque no creo en ellos (así de fácil). Los supuestos líderes se construyen a propósito desde el poder real y son simples mandados para defender los intereses de quienes los colocan. Que no son los ciudadanos. 

Así en la Transición Política Española, hubo que preparar “líderes” que ya en su haber personal político habían ejercido de responsables en el régimen anterior. Otros en cambio eran “novatos” asumiendo competencias con mejor o peor buena voluntad, pero sin que su figura representara una referencia política más allá del Movimiento Nacional, las Cortes Españolas o los gobiernos. La figura de liderazgo correspondía al general Franco y eso no se discutía. Su régimen se conocía como “franquismo” y así sigue manteniéndose.

Durante el gobierno de UCD destacaría Adolfo Suárez y de ahí el “suarismo” como identidad política: un centro político con partidos de apoyo (algunos con escasa importancia), que tuvieron sus ratos de gloria o popularidad, pero no crearon ideología más allá de seguir valores y principios ya existentes. Que ya es bastante. 

El primer gobierno del PSOE creado a los pechos de la política americana y de la financiación exterior (USA/Alemania), por efecto de una propaganda extensa abonada por fondos externos y con la protección del “franquismo” tuvo los primeros “líderes” surgidos del pequeño grupo conocido como el “clan de la tortilla”, donde destacaron -como suele pasar- un par de ellos: Felipe González y Alfonso Guerra, con una distribución de “papeles” teatrales apropiada. El primero figuraba como un socialista moderado y el segundo como más radical. De inmediato se habló de “felipistas” y “guerristas” para mantener la ficción de una cierta oposición de “amplio espectro” y, al mismo tiempo, seguir con fidelidad y ciega obediencia al mentor americano. 

No ocurría lo mismo en otros partidos, donde Alianza Popular se configuró no obstante alrededor de la figura de Manuel Fraga Iribarne a pesar de las muy prestigiosas figuras en su directiva. Nadie se proclamaba “fraguista” a pesar del indiscutible liderazgo del ex ministro de Franco. Tampoco existían “aznaristas” como identificación de una determinada ideología. Había de todo y, por ello, no se creó una línea política propia a pesar de la fundación de estudios FAES. Al menos con sello propio.  

En el PSOE mientras tanto seguían venerando a Felipe y a Guerra, como los verdaderos protagonistas de un partido llevado en volandas desde la nada al gobierno de la nación. Ambos “parecían” tener ideas diferentes, pero ambos seguían el mismo guión: la defensa de los intereses USA en España y en Europa. OTAN SI y Europa también, incluso cuando tales intereses eran los de las clases sociales más altas de EE.UU. jugando al colonialismo en Europa a través de la UE. 

El paso de Zapatero coincidió con las nuevas orientaciones sociales de las élites y oligarquías de la Costa Este USA. Y las aprovechó para intentar una marca propia: la división social y la fragmentación nacional,  aparte de secuelas cutres de ideología antiamericana, dejando para la Historia su actitud ante la bandera de las barras y estrellas. Era y se conocía como “zapaterismo”, más por quienes habían sido bendecidos por un cargo que por otra cosa. Todos pasaron a “mejor” situación con la ocupación de cargos diversos en el amplio mundo institucional y para institucional.  

Y así llegamos a ese fenómeno llamado “sanchismo” donde la veneración de un líder se llevó por delante los restos (si quedaban) de ideología. Ahora la única es la marcada por el actual presidente del gobierno, cuya habilidad para erigirse en el “puto amo” del Estado, parece haber sorprendido a todos. No obstante hay que considerar que es un peón más del “globalismo” y de sus agendas. Por eso sigue tranquilo arrimado a los árboles que lo cobijan.

El gran teatro del mundo político clama para “echar a Sánchez” y al “sanchismo”, incluso desde su propio e irreconocible partido, donde miles de cargos públicos, semipúblicos e incluso privados, le deben vidas (buenas vidas) y haciendas (tal como ocurre en el mundo civil con organizaciones de todo tipo). Esa es la única y verdadera ideología de ese aparentemente denominado “sanchismo”, al igual que el propio Pedro Sánchez depende de quien lo aupó al cargo. Pragmatismo en estado puro. 

Los estrategas mundiales que no dan “puntada sin hilo”, saben -porque ellos lo han inventado- que todo tiene fecha de caducidad. Por ello hay un “banquillo” de posibles sustitutos. Pero, hay que dar imagen de relevos democráticos y hay que cambiar algo, para que todo siga igual. Tiene que ser de la supuesta y nunca creíble oposición: el PP que, por cierto, celebra su congreso de preparación para hacer lo mismo, pero con camiseta diferente. Para ello se ha eliminado cualquier posible contingencia como las “primarias”. Los creadores del “sanchismo” cambian la etiqueta del envase, rotan cargos para hacer lo mismo y “la vida sigue igual” para los ciudadanos. 

Todo ello revela la “gran mentira mundial” de la política en el mundo occidental (supuestamente “escudo de la democracia”), donde las fichas del tablero no surgen de las soberanías nacionales, sino de “quien cuenta los votos”. Ahora son máquinas sin responsabilidad jurídica ni política que siempre pueden errar.

Los demás, deben aceptar -como venimos haciendo tontamente- el dictamen técnico, por encima del dictamen honesto y riguroso. Somos cómplices sin saberlo… o, sí lo sabemos,  somos cómplices culpables.  

“Echar a Sánchez” es la forma elegida por quienes desean (sus deseos son leyes) seguir manipulando la opinión pública y el tablero de juego (como han venido haciendo siempre), desde el gran aparato de propaganda mediática que tienen a su servicio y que, poco a poco, va erosionando al muñeco roto mientras se va promoviendo el nuevo, con mejor aspecto externo, pero con las mismas taras por dentro (salvo excepciones a las que eliminar). Cruzan navajas desde los propios compañeros con las de los adversarios y nos lo darán hecho. 

Lo habremos merecido.

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