El debate

El debate
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
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Siguiendo la tradición establecida desde hace años, las convocatorias electorales dan la posibilidad de que los candidatos a presidir gobiernos tanto nacionales como autonómicos, puedan debatir públicamente a través de la televisión, sobre sus proyectos respectivos (si es que los tienen).

Ayer tocaba el turno a la Comunidad de Madrid en una convocatoria electoral inesperada pero muy oportuna, que ha venido a constituir el foco de atención de la política nacional. Madrid, capital del Estado y centro neurálgico del mismo, constituye el eslabón más importante de esa cadena de comunidades autónomas que nos trajo el régimen del 78, derivadas posteriormente en estados autonómicos por su estructura organizativa política y administrativa.

La cita electoral del próximo 4 de mayo se ha convertido pues en un punto de inflexión donde en una forma simple se juegan dos modelos de sociedad que, aún todavía, se asimilan falsamente a los anacrónicos términos de “derecha” o “izquierda”, pero lo que está en juego es algo más: los intereses del capitalismo mundial aliado con la supuesta izquierda en su globalismo compartido y lo que aún puede quedar de soberanía individual de las personas que es su libertad.

Si nos damos cuenta, ya apenas se dan conceptos clásicos en la denominación de los partidos, sino que se apoyan en términos vacíos que lo mismo pueden significar una cosa que la contraria: “Unidas Podemos” parece indicar un partido de género femenino ajeno por lo tanto a los demás géneros pero, contradictoriamente, está al servicio de un varón que establece lo que le parece oportuno; “Más Madrid” nacida como escisión del anterior, parece pretender la expansión política y administrativa de la Comunidad a costa de no se sabe qué (simplemente “todos queremos más…. cargos); “Ciudadanos” debería haber sido el símbolo de la indignación de la soberanía popular sobre la clase política, pero todos sabemos en qué devino finalmente cuando cayó en los mismos defectos; “Vox” en ese contexto parece querer representar la “voz” de la calle y de los problemas de la gente, frente a la pérdida de libertades y los abusos de la clase política.

Tanto el Partido Popular como el PSOE (hoy al servicio del presidente de gobierno) han dado muestras de estar en la misma línea ideológica, siguiendo tanto uno como el otro las nuevas y absurdas ideologías que, en un “totum revolutum”, están tratando de ocultar los verdaderos problemas de la gente de cara a un futuro cada vez más incierto en sus vidas. En el fondo están en la pelea del poder para ponerlo al servicio de sus amos verdaderos.

En ese palimpsesto televisivo se produjo anoche el debate. En ningún caso nadie aclaró -sino al contrario- que eran simples candidatos portavoces de sus respectivos partidos, que daban a conocer los proyectos respectivos. El hablar en primera persona y pedir el voto personal a ellos, ya indica lo que algunos entienden por democracia. Sólo la representante de “Vox” habló de su partido y no de su persona. ¡Qué profundo daño hacen los asesores electorales a la democracia real desde hace muchos años, confundiendo una democracia representativa de la soberanía popular con unas elecciones presidenciales! Será porque es la realidad.

Como todos los debates, tuvo que atenerse a unas reglas de tiempo que, al fin y al cabo, restan espontaneidad al estar más pendientes los candidatos a los tiempos consumidos de una u otra forma, que a desarrollar -como debiera ser- sus respectivas propuestas. Todo ello según un programa previo establecido por la cadena que se basa en los mismos y rutinarios apartados. En todo caso hay que destacar la profesionalidad de los conductores del mismo que se limitaron a mantener el orden de tiempos y dar pie a cada tema.

Por desgracia, nos quedamos sin saber los proyectos de gestión de cada una de las formaciones representadas. Todos ellos estaban más en los reproches de lo pasado con montones de supuestos datos para probarlo (que quedaron al descubierto cuando la representante de “Más Madrid” no pudo justificar la fuente de los suyos). Y es que la guerra de datos siempre se atiene a lo que cada uno prefiere o le conviene, como ha ocurrido a lo largo de toda la pandemia. Al fin y al cabo las bases de datos como la demoscopia, están al servicio de los gobiernos o de las ideologías de quien los cocina. En todo caso se dio algún caso chusco al presentar gráficos que demostraban lo contrario de lo que se exponía (caso “Más Madrid”).

Parecía más que un debate de políticas plurales y diversas, la discusión de la decoración de un espacio propio y particular (nuevamente el protagonismo de la persona frente al protagonismo de las ideas). Algunas hubo de mayor calado político como la de la representante de “Vox” planteando reducir el sector público autonómico, tanto en cargos como en burocracia y adherencias extra- institucionales. Una visión muy liberal de la política conjugada con la intención de dedicar el ahorro a ayudas reales a la sociedad que contrasta con la de los demás grupos, donde predomina la idea de ocupar cargos a costa del presupuesto, asegurando la fidelidad de quien los recibe.

En el debate se coló de rondón una denuncia importante que debería tener consecuencias judiciales: la del representante de “Ciudadanos” sobre las órdenes recibidas (como jefe de la Abogado del Estado) del presidente del gobierno, para rebajar la acusación de los imputados en el caso de Cataluña. Una intromisión del gobierno en las competencias de un cuerpo del Estado que, como la Fiscalía, debe ser neutral y estar sujeto al principio de legalidad, no de docilidad. Es de suponer que acudió a los tribunales de Justicia con tal denuncia en su momento.

Por su parte, la presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, fue de una u otra forma el “pim-pam-pum” de unos y otros, debiendo despejar golpes de casi todos. Unos más agresivos y otros más mesurados, pero reproches al fin y al cabo. Destacó la escasa defensa de lo que debía haber sido su bandera: la gestión de la pandemia interferida por el gobierno, la respuesta a la misma con iniciativas singulares y sobre todo la creación del buque insignia contra el SARS CoV-2: el hospital Idabel Zendal y el grupo Zendal (CSIC) de investigación. Todo un acierto que, aunque tarde para muchos casos, está siendo un ejemplo que contrasta con la pasividad (negligente en muchos casos) de otros actores políticos.

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