El 8M es otro 15M

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Día histórico. “Se recordará por décadas”, dice una exultante Irene Montero. ¿Qué pasó? El movimiento feminista teledirigido por Podemos logra convertir el 8M en un nuevo 15M. Los motivos para la huelga son irrelevantes. Cada mujer tiene los suyos. “POaramos para que todo cambie”. El movimiento ha sido capaz de permear hasta el último rincón social y despertar la socorrida guerra de sexos.

El éxito ha sido tal que nadie quiere aparecer como ‘esquirol’ de la nueva utopía. Rajoy se cuelga el lacito morado y Villacís acude a la concentración por la igualdad. Hasta Ana Patricia Botín convoca una reunión de directivas para animarlas. La ola es un tsunami.

Pero analicemos las reivindicaciones. Dicen luchar con la ablación del clítoris, pero no se manifiestan frente a las mezquitas. Afirman estar en contra del aborto selectivo de niñas, pero no se las vio frente a las embajadas de China o India. Se manifiestan contra la explotación sexual pero no aparecieron por las embajadas de Cuba o Tailandia.

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Lo que más compraron fue lo de la ‘brecha salarial’. Las mujeres cobran un 22,8% menos que los hombres. Cierto. Las más radicales —e incultas— se tiran a la piscina y afirman que cobran menos por el mismo trabajo, lo cual es falso además de ilegal. ¡Denuncien!

¿Por qué las mujeres —en su conjunto— cobran menos que los hombres? En primer lugar porque trabajan menos horas. Si aplicamos este factor corrector, la diferencia cae al 15%. ¿Y por qué hay un 15% de diferencia? Porque realizan tareas menos remuneradas. ¿Y por qué? Tres factores. El primero, porque les da la gana. Hay más enfermeras que médicos porque así lo han elegido. No hay barrera de género en la medicina. Hay más maestras que ingenieros porque así lo han elegido. Obviamente una maestra cobra menos que un ingeniero.

Segundo: la maternidad. La ‘brecha salarial’ es prácticamente inexistente hasta la maternidad. Y ocurre que solo las mujeres pueden ser madres. ¿Eso significa que el padre debe desentenderse de los hijos? No. Significa que muchas mujeres deciden reducir su jornada o buscar profesiones menos exigentes porque quieren tener tiempo para sus hijos. Porque les da la gana. ¿Es posible que la maternidad trunque sus carreras profesionales? Es posible. Igual que la paternidad. Es una elección de vida libre.

Por supuesto, tenemos que seguir avanzando en la conciliación, evitar horarios eternos y corresponsabilizar a los varones. Pero lo más importante: tenemos que empezar a valorar social y políticamente la maternidad como un bien a defender. Y a proteger. Está en juego el bienestar de las familias y la subsistencia como sociedad.

Tercero: el ‘techo de cristal’ que probablemente existe. Es verdad que en el Supremo hay pocas mujeres. Pero también es verdad que las nuevas hornadas de jueces, la mayoría son mujeres. Es verdad que en el Ibex hay pocas mujeres. Pero también es verdad que entre los emprendedores abundan las mujeres. Probablemente es cuestión de tiempo, de esperar que las carreras se asienten. Y también es cuestión de voluntad: muchas mujeres no desean sacrificar su vida -jornadas de 12 horas- para llegar a ser CEO de su empresa. Es una decisión legítima. Y libre. Y probablemente inteligente: por eso viven 6 años más que los hombres…

La brecha de esperanza de vida no estuvo presente, pero si el “derecho” al aborto, la criminalización del hombre por el hecho de serlo y la lucha contra el ‘heteropatriarcado’. Micromachismos incluídos. Son las posiciones más radicales, pero fueron las que lideraron la jornada y los discursos.

¿Y ahora qué? La guerra de sexos se ha instalado socialmente para hacer más indigerible la convivencia. El marxismo acomodado ha encontrado su nicho. La nueva lucha de clases es la lucha de sexos. El desnortado varón hace posible la victoria. Lo llaman progreso.

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