Crónica del buen gobierno de Pedro Sánchez

Escuela buen gobierno PSOE 2018. FOTO: EFE
José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

La precampaña ya está en puertas y todos los partidos empiezan a estudiar de qué manera van a ir lanzando sus mensajes a los ciudadanos, con vistas a las elecciones municipales y autonómicas de la primavera del año próximo. Es cierto que estas son unas elecciones muy importantes y quien las gana, sabe que tiene una importante ventaja con vistas a las generales. Para preparar estrategias y sobre todo medir fuerzas internamente, el PSOE organizó el pasado fin de semana la Escuela de Buen Gobierno, un encuentro de socialistas e independientes que debatió sobre diversidad, pacto generacional estado de bienestar, ecologismo y europeísmo entre otros temas. Se buscaba el debate, pero al estilo de los históricos sindicatos de cuadros como les gustaba decir a los socialistas franceses de Mitterrand, relativo a los futuros dirigentes. También intentaba recuperar el dialogo interno mostrando gran parte de su capacidad seductora (¡políticamente hablando, claro!) integrando a las personas que en su día no se alinearon con su candidatura a las primarias socialistas.

Se buscaba también por otra parte, conocer el poder de convocatoria de la nueva ejecutiva con Pedro Sánchez a la cabeza, tras su vuelta al poder tras arrasar en las primarias. Posiblemente este último asunto era la clave para medir la cohesión del partido entorno al líder y su proyecto. En fechas anteriores a este encuentro, se produjeron bajas significativas, pero no por ello inesperadas. Es evidente que las heridas con el tiempo cicatrizan y cierran es un hecho incuestionable, pero contra esta norma biológica, quien se empeña en mantener la herida abierta, es porque constante mente hurga en ella. Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los ausentes, se siente agraviado por la falta de respaldo a su candidata y mano derecha durante muchos años Elena Valenciano, para su promoción dentro del grupo socialista del Parlamento Europeo. El nulo apoyo desde Ferraz a su candidatura se ha querido entender por algunos como un asunto personal, olvidándose que en política prima por encima de todo la confianza. En este como en otros muchos casos, Sánchez ha preferido esperar a confeccionar las listas de las próximas elecciones europeas, coincidentes en fecha con las municipales, donde Pedro confeccionará una lista según sus criterios, designando a personas muy distintas de las que actualmente se sientan en Estrasburgo. A nadie debe escandalizar la postura de la dirección del partido, pues hasta cuando se cambia de carteras en un gobierno, el ministro entrante cesa a los anteriores cargos de libre designación, creando un equipo de su confianza, sin que nadie deba entender que se trata de una afrenta. La lección ha quedado grabada a sangre y fuego: Nadie puede imponer candidatos por muy vieja gloria socialista que sea. Parece que de igual modo, la ausencia de Felipe González guarda relación con algo similar, pero una agenda muy oportunamente cumplimentada, le ha excusado de asistir. La foto de familia, debe esperar por tanto para mejor ocasión.

Pero para buscar unidad, lo primero que se debe hacer es tender puentes y eso lo han entendido los que sí han estado. José Luis Rodríguez Zapatero, fue el primero que dio sustento a la tesis de coser las costuras y ha dado ejemplo. Estuvo en el acto de apertura y también en el de cierre y habló de como el PSOE era “el partido de pactos y de consensos”, de cómo en su época se tenía el respaldo de los sindicatos y como era de esperar, se preguntó: “¿dónde están los 68.000 millones de la hucha de las pensiones?”. Extraigo una de sus frases más significativas de su master class de apertura: “un líder nunca se queja”, algo que vale tanto para los lideres presentes, como para los pasados, entre los cuales él mismo se incluía. Ese viernes por la tarde, mientras ZP decía eso, en Sevilla, llovía a cántaros…

También se vio con aguja e hilo al alcalde de Vigo Abel Caballero, que hizo un encendido discurso de apoyo a Pedro Sánchez. Precisamente fue él uno de los más fervientes defensores de la derrotada lideresa andaluza, pero al igual que otros barones socialistas comprometidos otrora con la causa susanista como García Page, Lamban o Alvarez-Vara, que también estuvieron presentes, no dejaron dudas sobre su compromiso con el actual secretario general y el proyecto político común. Lo mismo podemos decir de Joaquín Almunia que con su presencia dejó claro que el futuro pasa por superar el pasado. Dio importantes mensajes europeístas y defendió la cohesión interna del partido como una de las armas más importantes para enfrentarse a las urnas. Los que estuvieron, se comprometieron, pero aquellos otros que no estuvieron presentes, tal vez no hayan entendido el mensaje de la militancia y los votantes. El mayor error que se le puede culpar a un político, es no saber perder.

Queda por hablar de la voz discordante de Javier Solana, una voz autorizada sin duda, que se dejó ver y de qué manera, y dijo lo que pensaba en el momento y lugar adecuado. De su intervención se puede extraer una frase: “no estoy contento con mi partido” que fue el gran titular de su intervención. Dicha afirmación tiene dos lecturas y no solo la del descontento con la dirección como se le ha querido hacer ver desde ambientes interesados. Es cierto, nadie puede estar contento con un partido que fue capaz de cometer aquel atropello del 1 de octubre de 2016 descabezando al líder legítimamente elegido por los militantes, en aquella incalificable maniobra que condujo a uno de los momentos más críticos del centenario partido.

En el último capítulo de las jornadas, se esperaba al líder y este sabía que medirían muy bien sus palabras y hasta su lenguaje corporal. Su discurso ya no tenía sentido que fuera en orden interno. Atrás quedaban las alineaciones con los presentes y los virtuales. Todo estaba dicho y hecho, solo quedaba lanzar mensajes al exterior. Sorprende que de su discurso solo saliera como titular mediático que propondrá una subida a diputados y senadores del 0,25% en solidaridad con los pensionistas. Pero había muchos más mensajes. Habló de Europa como “la casa de la socialdemocracia” y como nuestro país ha perdido protagonismo en el seno de la UE, no estando en primera fila de la batalla de temas como el cambio climático, los paraísos fiscales, los refugiados o la corrupción, obviamente porque el partido del gobierno no es ningún referente ético para hacerlo. También habló de cómo el gobierno de Rajoy ha reducido las ayudas en cooperación y como mira de reojo para solucionar la brecha salarial de las mujeres. Entre sus compromisos si llega a gobernar, estaría revalorizar las pensiones conforme el IPC, blindar las ayudas a la dependencia, la sanidad, la educación, todo ello en aras a reforzar el estado del bienestar tan devaluado actualmente.

“Estamos a punto de ser la fuerza más votada…” dijo el líder socialista, lo cual aunque no fuera cierto, suena bien con tal de que se vayan los que están ahora. Los pensionistas y su movilización civil, tendrán mucho que ver con un cambio de gobierno. No son el 15-M, no acampan en la Puerta del Sol, pero han aprendido a manejar los móviles, organizar quedadas y se movilizan por ellos, por sus hijos y sus nietos ¡Son imparables!


FOTO: EFE

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