Bruselas: capital de Europa

Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

El pasado mes de noviembre de 2015, me refería a París como “capital del mundo” tras los brutales atentados sufridos por la capital francesa por una más de esas “células” terroristas que, tomando la religión islámica como excusa y escudándose en otros intereses, han decidido instalar por doquier el reinado del miedo sobre las cada vez más asustadas sociedades humanas.

Lo de menos es que sean metrópolis universales o simples mercados locales en cualquier país africano o asiático. Lo más importante, parece ser, el someter a las gentes a una crisis de miedo cronificado que les hagan pedir cada vez mayores medidas de control social y supuesta “seguridad” a cambio de limitar sus libertades. Esas que nos dejan vivir y reconocernos como seres humanos.

No en vano hablamos de “terrorismo” como toda acción destinada a establecer el miedo irracional sobre poblaciones indefensas, que ignoran los motivos por los que son motivo de atentados como el reciente de Bruselas, pero también sobre esos millones de desplazados que, sin saber el porqué, son sometidos a conflictos bélicos cuyo alcance y origen desconocen, mientras llaman a las puertas de la solidaridad humanitaria de otras naciones. Tanto en unos como en otros casos, suelen ser los inocentes los más perjudicados por cuestiones de hegemonías políticas o geoestratégicas.

De todo ello sólo se derivan preguntas que nunca encuentran respuesta: ¿porqué a nosotros? ¿qué culpa tenemos de decisiones tomadas en quien sabe qué lugares y con qué objetivos? ¿hay razones que puedan justificar la muerte de tantos miles de personas?

En los atentados de Bruselas parece que vuelve a sobrevolar el llamado ISIS o Daesh (tanto da, que da lo mismo). Algo que, como ya hemos comentado en otras ocasiones, empieza a cobrar forma a partir de la guerra de Irak y el absoluto desmantelamiento de los ejércitos iraquíes (demostrando la habilidad de las políticas internacionales), que acabarían uniéndose a aquellos grupos de oposición al régimen sirio (organizados, apoyados y financiados desde lugares con intereses estratégicos en la zona). Un sistema de acción y desestabilización probado por muchos servicios secretos y agencias especiales del mundo a lo largo de la Historia.

Bruselas es ahora la capital política y administrativa de la Unión Europea y ésta mantiene alianzas, tratados, acuerdos o simple dependencia con otros países más allá del Atlántico Norte. Para muchos autores, Europa se ha convertido en una nueva colonia americana en la que se ha implantado no sólo una lengua (el inglés), sino también todo un sistema y patrones de vida que, desde la teoría más ingenua, defienden supuestos valores y principios democráticos. Si la muestra está en la propaganda audiovisual y mediática, es evidente que algo falla en la perfección del mundo considerado como “civilizado”.

En Bruselas se han instalado las principales instituciones europeas: el Parlamento (legislativo) y la Comisión (ejecutivo) y desde allí se orientan o imponen políticas comunes a los países miembros que ceden su soberanía a cambio de pertenecer a ese sueño de Europa unida con que se intentaba superar los horrores de la última guerra. Una guerra que dejó tras de sí también millones de muertos, destrucción de ciudades y pueblos, desesperación y luto, como en estos últimos años viene ocurriendo en tantos y tantos lugares que han despertado codicias, intereses y nuevos sueños imperiales. Siria es el último de los conflictos con su secuela de refugiados bombardeados y masacrados en sus lugares de origen, que no dudan en echarse al mar para intentar huir del horror de la muerte acabando, muchos de ellos, encontrándola en el mar o en el agotamiento de su peregrinar bajo el frío o la lluvia.

En el momento de escribir llega otra noticia: 72 muertos y más de 300 heridos en un atentado en Lahore (Pakistán). Todos los días hay centenares de muertos en el antiguo Irak por distintos atentados con casi 250.000 muertos. Yemen sufre todos los días el bombardeo de la coalición liderada por Arabia Saudí. Afganistán, Sudán, Etiopía y el norte de África, se han convertido en zonas de alto riesgo por los continuos atentados sobre su población. ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Hemos creado enemigos imaginarios para justificar las acciones de desestabilización de la zona?

Hoy, una magnífica conferencia de la escritora y politóloga iraní Nazanin Armanian en el Ateneo de Madrid, explicaba con una claridad meridiana el porqué de estos conflictos. El porqué de las políticas erráticas de las potencias occidentales en el cercano Oriente, donde confluyen excesivos intereses a causa de los recursos energéticos de la zona (petróleo y gas), pero también de las pretendidas hegemonías imperiales. Unos luchando por instalar sus bases militares y extender la OTAN africana o asiática; otros intentando impedirlo y los más, sufriendo las consecuencias. Al fondo, de una manera solapada, Israel es el país beneficiario de la destrucción de sus vecinos.

La antigua “guerra fría” se ha calentado de nuevo y amenaza por una parte a la población inocente de la zona de conflicto, donde Bélgica ha optado por enviar aviones de guerra (nunca la muerte se resuelve con más muerte); por otra supone una amenaza sin posible control de atentados en diversos países donde también caen inocentes. Es un juego peligroso donde la vida y la libertad de las personas, serán las víctimas, pero ¿tendremos el valor de denunciar a los verdaderos culpables?

Bruselas hoy sigue en estado de sitio; las garantías y derechos de sus ciudadanos están bajo excepción y éstas medidas ya se van incorporando al resto de la Unión Europea. El día que maten las libertades, el terrorismo habrá cumplido su propósito, pero ¿sabremos algún día qué manos mecieron la cuna de la muerte?

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