
Como siguiendo una agenda prevista, en un alarde “neroniano”, la cúpula del PP parece decidida a poner fin a un partido considerado importante desde el principio de la Transición política, por el que pasaron figuras notables que nada tenían que ver con la bisoñez de las nuevas generaciones. Primero fue Alianza Popular donde se integraron desde la antigua Democracia Cristiana, hasta parte del liberalismo de la época. Por aquel entonces no había noticias de ese Nuevo Orden Mundial totalitario que ha proclamado las nuevas religiones y teorías más en la distopía que en la política.
Llegado el momento, se refundó. Es decir, se actualizó con nuevas ideas y corrientes que resultaron tener el olor a rancio de una socialdemocracia más en línea con su adversario natural, el PSOE, así como en la línea ideológica de la propia Constitución que preconiza un “estado social y democrático…” bajo el principio del “pluralismo político”. Sorber y soplar al mismo tiempo (como con las mascarillas) puede acabar ahogando.
Cuando los escándalos echaron raíces en el abonado mundo mediático y el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, espetó el “es usted un indecente Sr. Rajoy”, sin que tuviera una respuesta adecuada, el PP a pesar de su holgada mayoría y su posición de gobierno, empezó a estar noqueado como los viejos boxeadores. Por una parte, no supo o no quiso dar la batalla cultural de las ideas, por otra mendigaba estar en la mesa de la “progresía” fatua que traían los nuevos tiempos. Una situación que se agravaría (como la de Ciudadanos) con la última directiva, sus erráticas políticas y el seguidismo de “agendas” al servicio de intereses ajenos importados desde la propia UE.
Los complejos de inferioridad frente a la supuesta “izquierda” le llevaron a no saber que son, qué ideas propias tienen y qué proyecto político defienden. Las disensiones con la cúpula se han resuelto en forma autoritaria (una muestra de debilidad política), mientras se hacía perdonar por su adversario con algún que otro mimo, copiando sus formas políticas e intentando parecerse a él. Ha sido en este caótico momento en que dejó sus promesas electorales perdiendo a sus electores, cuando destacaron en el partido dos mujeres: la actual presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso y la portavoz parlamentaria Cayetana Alvarez de Toledo. Ambas con ideas claras y precisas opuestas a la ambigüedad hipócrita del PP y los demás partidos políticos (con excepciones).
Hace tiempo, cuando se presentó la moción de censura necesaria al PSOE por parte de Vox sin ser apoyada por el PP, se produjo el comienzo del fin de este partido. Cuando, además, su presidente en vez de censurar al Gobierno (que era lo que correspondía como oposición) se dedicó a insultar a sus aliados, estaba colocando la mecha de la demolición del partido (recuerdo mi artículo de entonces: “El PP amortizado”) con efectos más o menos inmediatos. En algún momento comparaba los continuos errores políticos del Sr. Casado con un personaje de dibujos animados llamado “Pierre Nodoyuna” al que todo le salía al revés. ¿Será cuestión de “malaje” o todo sucede por algo?
Y llegaron las elecciones madrileñas últimas donde el llamado “efecto Ayuso” y su lema “Socialismo o Libertad”, dio un magnífico triunfo electoral de rebote, al partido, ya en clara deriva política y social. Un triunfo encarnado en la Sra. Ayuso a quien, en la misma noche electoral, el Sr. Casado pretendió anular. De nuevo el error y la envidia nublaban el más elemental sentido común político, para llevarlos al terreno de lo personal. Ayuso era un referente nacional e internacional a quien la prensa llegó a calificar como “la política más brillante del año” mientras el Sr. Casado sigue pasando inadvertido a todos los efectos.
La Sra. Ayuso “de facto” estaba refundando el PP, que se beneficiaba de sus aciertos de gestión, sobre todo en claro contraste con los muchos errores, desaciertos, confusiones, desinformaciones mediáticas e incompetencia del propio gobierno, malamente copiados por la cúpula del PP. La Política con mayúsculas de la Sra. Ayuso, contrastaba con la “política” de escasos vuelos de quien manda en el partido. Una política con minúsculas donde ha surgido el hedor de las cloacas que parece tan permanente en la política como los virus.
Si son ciertas las informaciones (y parecen serlo) y se ha intentado acabar con la carrera política de quien había salvado al PP de la indigencia electoral y no se aclara de inmediato quienes impulsaron las investigaciones -no sólo de la Sra. Ayuso sino de su propia familia- vulnerando derechos constitucionales y las leyes que los desarrollan, el PP ya no se habrá limitado a errores puntuales, sino que, definitivamente, se habrá suicidado políticamente. Las amenazas personales de su secretario general a la Sra. Ayuso, el encargo chapucero desde un órgano municipal a una agencia de detectives (que lo declinó sabiamente) o la actitud mendaz e hipócrita de algunos de sus compañeros de partido, sólo pueden ser resueltos con una crisis interna de tamaño considerable que afecta al propio Sr. Casado al que, por cierto, habría que recordar que los cargos electos no están sujetos a mandato imperativo por parte de nadie (menos del partido) y que la presunción de inocencia también es constitucional.













