Alcaldeses y “carmenadas”

Alcaldeses y “carmenadas”
José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

Puede que sea momento de relacionar la palabra “carmenada” con “carmenar”, que es el verbo con el que se expresa la acción de «desenredar, desenmarañar y limpiar el cabello, la lana o la seda»; y con “carmena”, tercera persona del singular del presente de indicativo del mismo verbo. Y puede que convenga recordar la acepción que, usada figurada y familiarmente, iguala el verbo a «…quitar a alguien dinero o cosas de valor”».

También parece oportuno aclarar que, en relación con el verbo “carmenar”, existe “carmenada”, una palabra con significado novedoso que aún no ha llegado al diccionario. Y tan concreto que, así como “cursilada” define «la acción propia del cursi», ”carmenada” hace lo propio con «las acciones de Carmena», teniendo por tales los actos virtuosos, quiero creer que no cursis y sólo virtuosos, de la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.

En la mañana de ayer, la agencia de noticias Europa Press celebraba un “Desayuno Informativo” teniendo como protagonista a la alcaldesa Carmena. Era momento de ver hasta dónde el lenguaje de la primera edil madrileña se ajustaba a las acepciones del verbo “carmenar” o se acomodaba con palabras, palabros y palabreos a lo que se conoce como «acciones de Carmena», o “carmenadas”.

En el acto, tras la presentación laudatoria acostumbrada, acompañada por algunos habituales (Cristina Cifuentes, Esperanza Aguirre, Antonio Miguel Carmona, Fernández Toxo, Íñigo Errejón, Purificación Cusapié, el Padre Ángel…), comenzó a hablar la alcaldesa.

«Se han pasado con el maquillaje de la abuela», censuró alguien la faz acicalada de Carmena cuando ésta se congratulaba del contacto directo con el público y anunciaba que iba a tratar de contestar la pregunta «¿Qué tal va el Ayuntamiento de Madrid?».

Con su forma de hablar habitual, rascándose la cabeza en un “carmenar” de pelo peculiar que destaca entre sus otros tics personales, fue exponiendo un discurso en el que tuvieron cabida asuntos varios, explicados con palabras sencillas buscando la empatía, o usando palabros cultos para componer una especie de palabreo adecuado a la figura de abuelita apacible con la que gusta aparecer:

—«Gestionar es controlar». Eficacia rentable, con «el “Car-2-go” Madrid», un «cochecito eléctrico» que muestra «gestión eficaz». «Cultura funcionarial de emprendimiento», para motivar al funcionariado. Indicadores de limpieza en una campaña de limpieza que no es nueva, sino continuación de otras que se iniciaron con «el primer contrato de limpieza de Carlos III, el mejor alcalde el rey». Desahucios y agencia de mediación. Presión municipal para controlar «la posesión ilegal de viviendas y a los que dan una patada en la puerta», para, «en esa línea, en septiembre, avanzar un Plan de Vivienda». «Hay poca vivienda social porque el patrimonio municipal se ha ido liquidando», «ventas a fondos buitres»…

Fue ahí donde el verbo desbocado, y por una vez descontrolado de la alcaldesa, se dejó ir y soltó, como palabro, la palabra mal dicha y estrambótica de “alcaldeses”. Justo es reconocer que corrigió y que salió con “alcaldesas” en un primoroso «alcaldeses y alcaldesas», puede que por aquello de citar masculinos y femeninos buscando una igualdad de género digna de mejor causa y expresión.

A partir de “los alcaldeses”, como que disminuyó el afán de la oradora por sacar a la palestra más temas. Pero salieron: «Construir ciudad». «Urbanismo manchado de corrupción». «Oficina para luchar contra el fraude». Proyectos «Canalejas», «Mahou-Calderón», «Peineta», «Estadio Bernabéu», «Cocheras de Cuatro Caminos», «Chamartín». Todo ello antes de terminar apelando a la «solidaridad de las empresas con la ciudad de Madrid» y advertir que con 150 millones de euros se lograrán 11.000 puestos de trabajo.

Para entonces, las ideas expuestas adornaban el ambiente como “carmenadas” simpáticas. Merecedoras de afecto pero con menos credibilidad que consistencia y más peros que entidad.

«150 millones para 11.000 puestos de trabajo significa que cada puesto de trabajo cuesta 13.636,36 euros. Así, los trabajos de la abuela son muy caros»— calculó alguien.

Después, en el turno de preguntas, más de lo mismo: Carmenadas varias y distintas:

Parcas en temas nacionales: «Me gustaría que no hubiera otras elecciones… Hay tiempo para el acuerdo. Siempre hay tiempo; y a veces es del último minuto». Introduciendo alguna idea peregrina «sería bueno para el PP (pasar a la oposición), porque lo vería desde lejos». O trastocando el concepto constitucional de representación parlamentaria: «La confluencia de Podemos con IU en nuevas elecciones parece razonable, pero prefiero frentes amplios a partidos políticos como organizaciones de representación política… Sustituir las actuaciones de los partidos políticos clásicos por frentes más amplios»

Algo más concretas en aspectos municipales: «Ha habido conflictos y tensiones internas (en el consistorio), no líos», «Estamos agradecidos al PSOE en Madrid, después de compartir experiencias de muchos actos juntos…No está decidido nada, ni si nos integramos o no (en un equipo de gobierno municipal)», «Me da muchísima pena que me hagan esta pregunta (afirmando que Madrid está muy sucio)… En 16 semanas han disminuido quejas (sobre suciedad)… Se han modificado el número de Toneladas de basuras retiradas… Y esto indica que estamos mejor», «La calle Génova estaba sucia porque había cerillas en los alcorques», «Colectivos de muchachos, los “cuidemos”, que limpiarán zonas no incluidas en los contratos y que ya existen en (los distritos de) Vallecas, Centro y Moratalaz»,

Otras pedagógicas: «Hay que dar ejemplo. Y poner multas…, más multas por los excrementes de los perros. Empieza una campaña de multas (en la que) se van a asombrar los multados. Se van a sustituir las multas de basuras por tiempos de limpiezas… Los sábados y domingos de 9 a 2».

Y otras, sin concreción, buscando la frase y faltas de la reflexión y estudio necesarios para tratar los proyectos importantes de Madrid.

A continuación, acaso sin valorar lo que decía, la alcaldesa dijo algo duro. Y peligroso. Muy duro y muy peligroso. Porque, de ser cierto y si los conocimientos que dice tener el Ayuntamiento de Madrid son usados sin el respeto necesario, podemos encontrarnos ante un proceder municipal capaz de atropellar la libertad y los derechos de los madrileños.

El tema surgió, a una pregunta sobre el problema de los 400 inmuebles ocupados y cómo resolverlo: «Estamos haciendo ya desalojos donde existen organizaciones que hacen actividades delictivas… El Ayuntamiento sabe mucho» – dijo, antes de contar una anécdota que hace que salten las alarmas: En el Paseo del Prado había un pobre pidiendo y ella, la alcaldesa, pidió datos sobre el mendigo. Y se los dieron. En un momento, los datos de un ciudadano fueron facilitados al político, en este caso la alcaldesa, subordinando acaso los derechos constitucionales del hombre que, aunque mendigo o por serlo, pudo resultar violado en la intimidad que nuestro sistema político le otorga.

A partir de ahí, el resto del parlamento de la alcaldesa a algunos les sonó, “carmenadas”, como chascarrillos matritenses. Para otros, sin embargo, el caso del mendigo del Paseo del Prado, los datos que según Carmena tiene el ayuntamiento de Madrid de los ciudadanos y el desenfado con el que la alcaldesa trata sobre estos temas son motivos de preocupación.

Porque “carmenar” también significa quitar cosas de valor, importantes como la libertad quizá limitada en Madrid; y los derechos que ampara la Constitución, acaso en entredicho.


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