A mí Montoro me pone

A mí Montoro me pone
José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.
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“A mí Montoro me pone”, soltó a mi lado una joven mientras yo miraba mis notas.

Estábamos en la Sesión de Control al Gobierno; y mis notas, tomadas en el dorso de la “Relación de Preguntas” que facilita el Servicio de Prensa del Congreso de los Diputados, parecían un jeroglífico: Iniciales, para abreviar nombres de oradores. Signo aritméticos. Flechas hacia la derecha, izquierda, arriba o abajo. Unas líneas horizontales con un redondel minúsculo en el centro para representar un pájaro volando. Y varios círculos pequeños, dibujados alrededor de otro en el centro, como pétalos, formando una flor sencilla.

Pajaritos y flores. Así resumí dos de las preguntas hechas al Presidente del Gobierno. Los pajaritos y las flores con las que Aitor Esteban y Pedro Sánchez adornaron una mañana sosa que el Presidente cuidaba para mantener un tono apacible con el vasco; y para cuidar, casi mimar, la debilidad de un Pedro Sánchez en horas bajas y con mal fario (a su pregunta le había correspondido el número 13).

Sólo anoté algunas palabras de Rosa Díez a Rajoy: Frío. Muerte, 51% sin cobertura. 13 millones en riesgo de pobreza y exclusión. ¿Cómo puede usted dormir tranquilo? Tan simpático y con palabrería hueca para los que sufren. Usted lo único que crea es desigualdad y pobreza… ¿No le da vergüenza que una mujer trabaje 79 días más que un hombre para ganar lo mismo que él?

Pero en la representación parlamentaria de la mañana, vaya usted a saber por qué, Rajoy había previsto no excitarse con la líder de UPyD. Sordo a la peripecia, despachó el reto recitando algunos datos.

Siguieron: La Vicepresidenta del Gobierno que, sin pajaritos, propinó un golpe de flor sin florero al ayer confuso (y hoy no repuesto) Antonio Hernando, a cuenta del IVA y la Política Fiscal aplicada al sector cultural. Y el ministro de justicia, Rafael Catalá, con flores a la ex ministra Rosa Aguilar; y la avecilla volandera de los intereses económicos de los Registradores de la Propiedad defendidos por la diputada socialista frente a la posible privatización del Registro Civil.

Después apareció Montoro, sonriente, andaluz y con un punto de guasa. Le había preguntado Garzón sobre la asignación de los Fondos de Convergencia en Andalucía, doliéndose de una dotación (400 millones de euros) menor que las de Valencia y Madrid (700 y 1.000 millones de euros). Montoro, jienense, andaluces de Jaén, sacó la vena literaria:

“García Lorca y Miguel de Hernández son de izquierdas y me gustan. Dicho esto…”.

Dicho esto, varapalo inmisericorde al joven líder malagueño, en posible tránsito de IU (o con IU) a otro sitio; y transido por el argumento del ministro: El Gobierno del PP aportó a Andalucía liquidez cuando la necesitaba mientras que la Junta (en la que cogobernaba IU) se dedicaba a criticar al Gobierno.

El siguiente orador, Puig Ferrer, valenciano, se quejó del trato dado por el Gobierno del PP a la Comunidad Valenciana.

¿Contra Andalucía antes y contra Valencia ahora?, se quejó Montoro antes de poner énfasis en lo que llamó un gobierno para todos. Fue lo que enardeció a la compañera:

“A mí Montoro me pone”.

Esperemos que, ya puesto, el ministro venga con algo más, pensé. Y vino. Fue la perla de la sesión en la boca de Montoro: Aún no hemos podido solucionar las deficiencias y desigualdades que nos dejaron ustedes, pero lo haremos. Superadas las elecciones próximas, habrá pronto una modificación de la financiación autonómica.

Siguió la sesión con las preguntas formuladas a otros ministros: Educación, Cultura y Deporte; Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente; Economía y Competitividad; Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

El interés iba decayendo. Fue cuando en la Tribuna de Prensa apareció el comentario sobre la pugna entre El País y El Mundo a cuenta de los “…y tantos mil euros anuales” (cifra incluida) a un Manuel Jabois hoy ausente y desparejado de Gistau.

Era la hora del café, pero no para todos. Una periodista joven, morena y lista, ajena a los pajaritos y flores de mis notas, miraba embelesada al ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Ricardo Montoro Romero.

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