Venezuela: La inevitable intervención militar

Venezuela: La inevitable intervención militar
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

No cabe engañarse. La situación ha llegado en Venezuela a un punto de no retorno. No cabe ya un hipotético empate en la pugna que enfrenta a Nicolás Maduro con su propio pueblo, representado mayoritariamente en la Asamblea Nacional, y contra todos los países e instituciones que han declarado ilegítima a la “tiranía” chavista.

La solución final arrojará por fuerza vencedores y vencidos. Si estos últimos fueren los líderes opositores, los más de tres millones de exiliados forzosos y el 85% de una población inmersa en la pobreza, Venezuela se convertiría de verdad en una nueva Cuba, capaz de proyectar su fracasada revolución sobre el resto del hemisferio y condicionar seriamente la geopolítica mundial. Ni Estados Unidos, por supuesto, ni la Unión Europea ni el resto del mundo que vive y disfruta de los parámetros universales de la libertad y la democracia pueden aceptar esa derrota.

Pero, enfrente, Nicolás Maduro y los demás gerifaltes del régimen chavista, no están tampoco dispuestos a desalojar por las buenas el poder. Y, junto a ellos, la abultada cúpula militar que, a imitación del modelo cubano, ha convertido a miles de generales, coroneles, tenientes coroneles y comandantes en dirigentes de las principales empresas públicas  del país, además de las privadas confiscadas a la fuerza.

Infiltradas hasta la médula por los agentes cubanos, las Fuerzas Armadas Bolivarianas no gozan empero de la plena confianza de Maduro, como lo prueba la creación de la Fuerza Armada Especial (FAES), cuyos miembros están exclusivamente a las órdenes del líder, actúan contra los “sospechosos de terrorismo” enmascarados, sin distinción identificativa alguna y con modernas armas de guerra.

Todo ello constituía el núcleo del debate organizado en la Deusto Business School por Madrid Foro Empresarial, y al que concurrieron entre decenas de venezolanos exilados Leopoldo López Gil, padre del arrestado líder de Voluntad Popular; Miguel Henrique Otero, director desde su exilio madrileño de El Nacional de Caracas; el jurista Juan Carlos Gutiérrez, y el diplomático y exviceministro Fernando Gerbasi.

La oferta-trampa de Maduro

Coincidiendo el acto con la declaración del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por la que reconocía a Juan Guaidó como “presidente encargado de Venezuela”, la oposición agradeció el gesto aunque fuera tardío.

Rechaza “por inútil” los llamamientos a la negociación de Maduro, y que apoyaban en principio varios países de la UE. “Han pasado veinte años, tiempo suficiente para conocer al sátrapa, y aprender de la experiencia de que las veces anteriores que nos sentamos a negociar solo sirvieron para que el régimen ganara tiempo, desgastara a la oposición, saqueara sin límite los recursos del país y lo sometiera a una represión brutal mientras sumía a la población en la miseria”, señalaban al unísono los ponentes. Maduro había lanzado ya días antes una oferta para “renovar la Asamblea Nacional”, calificada de trampa por la oposición, puesto que  lo que intenta es seguir de presidente y eliminar a Guaidó, que preside precisamente ese Parlamento, declarado ilegal por un Tribunal Supremo designado por el chavismo, apenas éste perdió las elecciones legislativas.

En tales condiciones se hace urgente que pueda llegar y canalizarse debidamente la ayuda humanitaria que Naciones Unidas, la UE y muchas otras organizaciones están dispuestas a suministrar para paliar el hambre y la falta de los medicamentos más básicos. Una ayuda que Maduro se ha aprestado una vez más a rehusar bajo pretexto de que no quieren “mendigar” tales auxilios.

Maduro, ya presidente ilegítimo para los países que han reconocido a Guaidó, calificó de “nefasta” la declaración de reconocimiento de Pedro Sánchez, a la que sucedieron en cascada las de los principales países de la UE, con la notable ausencia de Italia, enzarzada en sus propias disputas internas con Venezuela como pretexto.

Tanto Guaidó como sus emisarios en España y en los 90 países en que se asienta el gigantesco exilio venezolano, insisten en que habrá amnistía y proyecto país. “Amnistía para todos los funcionarios que contribuyan a reencauzar a Venezuela en la democracia, especialmente a los mandos militares intermedios y soldados que se nieguen a seguir sosteniendo la cleptocracia y el narcotráfico”.

Tanto en el debate de Madrid Foro Empresarial como en el que Nueva Economía Forum sostuviera hace unos días el ex alcalde de Caracas Antonio Ledezma, muy pocos eran los que manifestaron esperanzas de que Maduro dimita y emprenda voluntariamente el camino de un exilio en alguno de los países que le apoyan, Rusia, Turquía o Irán, especialmente. Por el contrario, cunde el sentimiento de que los 50.000 paramilitares y mercenarios armados hasta los dientes, que el propio Maduro dice haber desplegado, y un ejército cuya cúpula teme ser encausada por delitos de lesa humanidad, solo dejarán el poder si son desalojados a la fuerza. Eso, obviamente, significa intervención militar extranjera y mancharse las manos de sangre, justo de lo que Maduro prevenía a Sánchez reaccionando a su reconocimiento a Juan Guaidó.

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