Negligencia dolosa

El gobierno desoyó todas las advertencias científicas sobre la pandemia

Salvador Illa en el Congreso
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¿Que la OMS advierte que llega una pandemia? Promovemos manifestaciones en toda España. ¿Qué el organismo internacional nos advierte de la necesidad de hacer acopio para proteger a nuestros sanitarios? Les mandamos a la guerra sin escudos. “Ya tenemos suficiente”, fue la respuesta del ministro de Sanidad, Salvador Illa, ese filósofo sin cartera al que el traje no es que le quede grande, es que puede bailar dentro de él…

Y luego está la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que ante el peor día de la historia laboral de España pretende hacer un club de la comedia llamándonos gilipollas a los 47 millones de españoles. Hasta su compañero, José Luis Escrivá, el sabelotodo de la Seguridad Social, le miraba avergonzado. ¿Qué hemos hecho para merecer esta desgracia?

Luego están las inconsistencias inexplicables. Por ejemplo, el gobierno requisa el alcohol de las fábricas de hidrogeles. ¿Es que ya no son necesarios o es que ahora los haremos manualmente en casa como las mascarillas? El tratamiento antimalaria -que parece estar dando resultados- está más racionado que el tabaco en la posguerra. ¿Tan difícil es dar orden de producción inmediata a la industria farmacéutica?

El protocolo sanitario es intrínsecamente perverso. Si tiene síntomas, pero estos no son gravísimos, te quedas en casa para no saturar los hospitales. Bien. Pero como no te has hecho el test no eres oficialmente enfermo de covid. Y como no eres un covid no te dan el tratamiento antimalaria por lo que probablemente en unos días terminarás acudiendo al hospital y reventando el sistema. ¡Toma lógica!

Los protocolos de Sanidad obligan a los sanitarios a seguir trabajando aunque tengan síntomas leves. Por supuesto, nadie se atreve a firmarlos… Se llama a los médicos voluntarios a que acudan a Ifema y sobran más de la mitad. Nadie hace una planilla hasta pasados unos días. En resumen: un caos organizativo de graves consecuencias sanitarias y económicas cuya responsabilidad recae en el gobierno de la nación que se arrogó plenas competencias para gestionar la crisis.

Dice san Ignacio que en tiempo de desolación no conviene hacer mudanza. Pero, ¿tenemos que seguir soportando los errores, la incapacidad, las malas intenciones y las mentiras de quienes nos gobiernan pensando que España sigue siendo un plató de televisión? Probablemente con razón Sánchez es el único presidente que pierde popularidad con la crisis. Lo de la resistencia y el aplomo televisivo está bien. Pero además hay que resolver… Veremos si la semana que viene el PP convalida el decreto del gobierno y la consiguiente prórroga del estado de alarma.

Es verdad que los medios están practicando un apagón informativo de la oposición. En parte porque en momento de crisis todos los focos se centran en el gobierno. Pero también porque el desplome publicitario hace girar la vista mendigante hacia quien te puede salvar la cuenta de resultados. Los quince millones para las teles son pocos, pero suficientes para albergar la esperanza de que llegaran otros y así seguir comiendo en la mano… ¿Plasma?, ¿qué plasma? Lo mismo con la renta mínima. ¿Paro?, ¿qué paro? Bienvenidos a ‘Españazuela’…

O Sánchez saca un conejo de la chistera estilo Zapatero o le devorarán los suyos como hicieron con el de León. Y más pronto que tarde.

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