Turquía decide aplastar al IS y de paso reabre la guerra contra los kurdos del PKK

Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

La entrada de los bombarderos turcos en la guerra contra los yihadistas del califato del Daesh va a dar un vuelco considerable a la confrontación que sostienen las huestes de Abubakr Al-Bagdadi y la coalición formada por varios países árabes, encabezados por Arabia Saudí, y Occidente.

Un año después de que el presidente norteamericano, Barack H. Obama, constatara la peligrosidad del autodenominado Estado Islámico (IS), y decidiera poner en pie el frente arabo-occidental para bombardear las posiciones yihadistas, la realidad es que los ataques no han logrado detener la consolidación y el avance territorial de los yihadistas, que siguen multiplicando sus redes y franquicias por el norte de África, la franja del Sahel, que va del Atlántico al Mar Rojo, e incluso se interna hasta las inmediaciones del inmenso río Congo.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que en las recientes elecciones generales vio frenados en seco sus pretensiones de reformar la Constitución e implantar un régimen presidencialista, aprovecha también la ocasión para enterrar el frágil proceso de paz con los guerrilleros kurdos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, apunta directamente a una posible ilegalización del HDP, brazo político de los kurdos

El presunto brazo político el PKK, el Partido de la Democracia de los Pueblos (HDP), fue el artífice de que las huestes del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan no consiguiera los dos tercios de escaños del Parlamento, necesarios para acometer sus reformas. Ahora, el brazo derecho de Erdogan, el primer ministro Ahmet Davutoglu, apunta directamente a una posible ilegalización del HDP, al instarle a “elegir entre la violencia y la paz”, es decir, a sostener al Gobierno en su ofensiva contra el PKK o a ser considerado tan “terrorista” como éste, lo que llevaría aparejada su inmediata puesta fuera de la ley.

El enfrentamiento kurdo-yihadista

Al lanzar simultáneamente su ofensiva contra los yihadistas del Daesh y contra los kurdos parece obvio que el tandem Erdogan-Davutoglu quiere contrarrestar las posibles críticas occidentales. Los kurdos iraquíes y sirios han sido hasta ahora el principal dique de contención en tierra contra las ofensivas yihadistas. Aunque existen diferencias entre los kurdos enclavados en los cuatro países en donde se asienta el grueso de sus más de 20 millones de personas -la propia Turquía, Siria, Irak e Irán-, todos los kurdos se habían declarado enemigos del IS, lo que les había granjeado las simpatías de Occidente e incluso una mayor comprensión hacia su tradicional reivindicación de un Estado propio unificado, o al menos una gran autonomía de gobierno en los respectivos países en que se encuentran asimilados.

Al lanzar simultáneamente su ofensiva contra los yihadistas del Daesh y contra los kurdos, el tandem Erdogan-Davutoglu quiere contrarrestar las posibles críticas occidentales

El enfrentamiento kurdo-yihadista, además de en Irak y Siria, se había extendido a la propia Turquía, en donde los incidentes se han multiplicado en los últimos meses. El Gobierno de Ankara había hecho gala hasta ahora de una gran contemporización, temeroso de que elcalifato abriera un frente contra Turquía. Declararle la guerra supone arrostrar el peligro de que el IS emprenda acciones terroristas en territorio turco y ataque bases e instituciones de un país perteneciente a la OTAN desde sus comienzos, y cuyo ejército es el segundo de la Alianza, al menos por el número de sus efectivos: 630.000 soldados.

Además de sumarse a los bombardeos y poner su base de Incirlik al servicio de la aviación coaligada contra el IS, Turquía ha decidido actuar en el frente que más daño puede hacer al IS: el control de fronteras y la ofensiva contra las redes de reclutamiento. Hasta ayer mismo, la inmensa mayoría de los voluntarios, que desde Europa, Asia, Estados Unidos y Australia, viajaban a Siria para unirse al IS, pasaban por las fronteras turcas.

Como los servicios de inteligencia de Ankara no han dejado de funcionar en este pasado año, las redadas de yihadistas están siendo absolutamente fulgurantes. Más de 700 habían sido detenidos al finalizar la semana, y la cadencia de arrestos se supone seguirá con la misma intensidad en los próximos días.

Carpetazo al proceso de paz

Aprovechando la orden del Gobierno de Davutoglu, la policía turca también está llevando a sus calabozos a numerosos presuntos “terroristas” del PKK, enterrando por lo tanto el “diálogo de paz” entablado desde 2012, y reabriendo una guerra que ya dura desde 1984, cuando la guerilla comenzó sus operaciones con el respaldo del régimen sirio de Al-Assad, y que hasta la fecha se ha cobrado casi 40.000 muertos.

El pretexto para desencadenar esta nueva ofensiva contra los kurdos del PKK ha sido el atentado realizado en la frontera con Siria contra dos policías turcos, a los que la guerrilla kurda acusaba de ser “colaboracionistas del Daesh”. La acción debilita obviamente a los políticos kurdos del HDP, que acusan a Ankara de mezclar intencionadamente la guerra contra el IS y el portazo al proceso de paz con el PKK. “Lo que busca el partido islamista AKP en el poder es instaurar un clima nacionalista y militarista incendiando el país [para así obtener la mayoría absoluta]”, que Erdogan no consiguió en los últimos comicios generales.


Artículo en fuente original: ZoomNews.es

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