Preparando la próxima guerra Irán-Israel

Preparando la próxima guerra Irán-Israel
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— P U B L I C I D A D —

Mahmud Ridha Abás o Abú Mazen, el anciano y longevo presidente de la Autoridad Palestina (AP), tampoco podrá pagar este mes la nómina completa de sus funcionarios. El cansancio de los donantes se traduce en que su dinero cada vez fluye menos hacia Ramala, la sede en Cisjordania de Al-Fatah y de una parte de la Administración palestina. Una autoridad cada vez más cuestionada por la que representa Hamás, la organización que impone su ley en la Franja de Gaza, que está acelerando su campaña de desprestigio hacia la AP, y cuyos agentes en el interior de Israel también están intensificando la campaña de presiones sobre la población árabe israelí para que realice ataques y atentados en los pueblos y ciudades habitados mayoritariamente por comunidades no judías. 

Hamás –no es un secreto- es una de las organizaciones teledirigidas por Irán para hostigar a Israel, e intentar borrarle del mapa, ya que sigue plenamente vigente el dictado del ayatolá Ruhola Jomeini conminando a utilizar todos los medios posibles para ello. Además de mantener una disciplina y un control férreo sobre los dos millones de gazatíes que malviven bajo su férula, el principal cometido de Hamás es sembrar el terror mediante el lanzamiento de misiles sobre las poblaciones más cercanas a Gaza. 

La persistencia en ese tipo de acciones, las más de las veces ejecutadas desde silos o rampas de lanzamiento situadas en los sótanos o en las cercanías de edificios públicos, tales como escuelas, guarderías, u hospitales, ha llevado tanto al Gobierno israelí como a los mandos de sus fuerzas armadas (IDF) a realizar los bombardeos de represalia con precisión quirúrgica y a dotarse del escudo protector denominado Cúpula de Hierro. Respecto de lo primero, mandos del Comando Sur de IDF, situado en Beersheva, y que me hablan bajo condición de anonimato, confiesan haber abortado algunas operaciones de bombardeo al detectarse la presencia de niños en las inmediaciones de los objetivos. A su juicio, esos escudos humanos no causan el menor problema de conciencia a los líderes de Hamás ni a sus inspiradores y financiadores de Irán. Dan a entender con ello que Israel sí respeta las reglas del enfrentamiento y de la guerra, aunque es evidente que siempre subyace el problema de opinión pública al que Israel habría de enfrentarse si causara conscientemente víctimas entre la población civil palestina, en especial si se trata de niños.  

Una bóveda eficaz pero enormemente cara 

Respecto de la Cúpula de Hierro, en síntesis, el sistema funciona de manera que se conjugue una total sincronización entre los radares de detección y el lanzamiento de los misiles de intercepción que destruirán en el aire a los cohetes enemigos, antes por supuesto de que alcancen su objetivo. La Cúpula de Hierro está probando sobradamente su eficacia, pero tiene una importante debilidad: cada cohete de los que lanza Israel para destruir un misil enemigo cuesta 50.000 dólares, y se necesitan dos para conseguirlo. Es indiferente que los misiles que lanza Hamás valgan apenas cien dólares, Israel tendrá que gastarse 100.000 dólares en evitar que un solo cohete llegue a su destino. Es fácil por lo tanto estimar el esfuerzo presupuestario que Israel debería destinar a hacer frente a ofensivas en las que Hamás utilizara ráfagas de decenas de cohetes. Y, más aún, lo que supondría que una ofensiva lanzada desde Gaza fuera simultánea a otras lanzadas desde el sur del Líbano, donde cada vez es mayor el poder de Hizbulá, y desde la vecina Siria. 

¿Quién mueve los hilos de Hamás, Yihad Islámica y Hizbulá? Para Kobi Michael, investigador principal del Instituto de Estudios para la Seguridad Nacional (INSS), no hay la menor duda de que es Irán. En conversación con diversos medios europeos, entre ellos Atalayar, en Tel-Aviv, Michael estima que “Teherán está forzando a Israel a destinar ingentes recursos económicos y gran parte de su atención a contrarrestar los continuos ataques terroristas, que periódicamente se lanzan desde las zonas fronterizas”. No descarta tampoco que Hizbulá lo haga desde la misma zona que UNIFIL, de la que forman parte militares españoles, está encargada de vigilar. 

Gran parte del esfuerzo e inversiones de las IDF se ha destinado a la localización y destrucción de los que denominan los “túneles del terror”, los conductos subterráneos construidos bajo las fronteras con Gaza, Líbano y Siria, y utilizados para infiltrar comandos con la misión de asesinar o secuestrar preferentemente jóvenes soldados judíos. Hasta siete de esos túneles entre Gaza e Israel han sido descubiertos y desactivados. Hamás ha empleado hasta diez años en construir pacientemente estas galerías, dotadas de electricidad e incluso raíles para facilitar el transporte de materiales. Israel ha construido a su vez un enorme muro que encierra todo el subsuelo fronterizo gazatí, dotado con un equipamiento electrónico de última generación, capaz de detectar cualquier persona o artefacto que se sitúe en sus proximidades.

El peligro latente de un choque frontal

Ese hostigamiento continuo puede desembocar en un choque frontal en cuanto Irán lo considere oportuno, juicio en el que, además de Michael, coinciden también muchos otros analistas israelíes, que señalan también el obligado cambio operado por la diplomacia judía simbolizado en los Acuerdos de Abraham, el nuevo paradigma de relaciones instaurado entre Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos, y abierto a que se sumen otros países musulmanes. 

Pero, si Irán es quién verdaderamente mueve a su antojo los hilos de estas organizaciones calificadas de terroristas, Israel también es consciente de que ha de resolver la denominada “cuestión palestina” si quiere avanzar y desprenderse de un problema que sigue lastrando su formidable desarrollo. Es, por ejemplo, la gran condición que ha deslizado Arabia Saudí para incorporarse abiertamente a los Acuerdos de Abraham.  

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