Pactos imprescindibles

Pactos imprescindibles
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

El Eurogrupo obtuvo el 9 de abril un acuerdo aceptable para enfrentarse inicialmente a las necesidades económicas tras la crisis sanitaria que afecta a toda la Unión Europea. Sin embargo, no satisface plenamente a nadie, especialmente a los países del Sur que aspiran a más solidaridad al no ser culpables ni de la crisis sanitaria ni de sus consecuencias económicas.

Al aunar voluntades e intereses dispares, la UE suele protagonizar acuerdos que requieren esfuerzos por parte de todos. En este caso, Italia y Portugal manifiestan su disgusto porque no se mutualiza la deuda, lo que sería característico de una verdadera unión económica y monetaria. España y Francia, sin renunciar a esa mutualización, se sitúan en una línea más posibilista porque no hay un Tesoro europeo ni una política fiscal común. Sin embargo, la Comisión, el Banco Europeo y el propio MEDE emiten deuda con un “rating” máximo. Son, de alguna manera, embriones de eurobonos. El vaso está medio lleno con, asimismo, otras sugerencias interesantes.

El 23 de abril, el Consejo Europeo considerará este acuerdo. La experiencia aventura su ratificación sin perjuicio de que las lenguas de los más descontentos se desaten con sus verdades y las de los más ricos con las suyas, que también las tienen. Pero, en suma, la Unión suele mostrar su capacidad de llegar a acuerdos partiendo de puntos dispares.

Es un momento grave para el mundo, Europa y España. ¿Serán los partidos españoles capaces de un esfuerzo similar? Los sacrificios para resolver la crisis sanitaria están dando resultados. Sería absurdo encallar luego en la ruina. La contrapartida al acuerdo del Eurogrupo serían unos pactos económicos como hicieron en la Transición hace cuatro décadas. La gravedad de la actual crisis económica es mayor. Los actores tanto políticos como económicos no son los mismos ni lo sería el contenido de un eventual acuerdo. En cambio, la voluntad de arrimar todos el hombro debiera ser igual.

Empujado desde fuera por quienes abogan por la necesidad de este pacto, Sánchez se ha apropiado, afortunadamente, de esta idea que, además, reduce la presión sobre su espalda, repartiéndola con los demás que, sin embargo, no debieran rechazar el pacto por este motivo porque de ésta saldremos mejor juntos. Algunos piensan que Sánchez está condicionado por Iglesias que considera que los Pactos de la Moncloa fueron una tradición a la clase obrera y que Casado lo está por Aznar que vio en los mismos una cesión indebida a socialistas y comunistas, lo que, en definitiva, subraya que un buen acuerdo nunca gusta a todos.

Sánchez parece partir sin ideas preconcebidas. Empieza escuchando la opinión inicial de quienes tienen la valentía responsable de avenirse a pactar. Sin embargo, deberá ofertar enseguida un borrador constructivo para un acuerdo como pide Arrimadas. Debe ser un pacto específicamente para la recuperación económica, con consideraciones sociales y sanitarias, sin perder de vista las directrices de la Unión. Debiera permitir forjar unos presupuestos generales. Cuanto antes, mejor.

Algunos temen que Sánchez e Iglesias quieran aprovecharlo para trastocar el orden constitucional. La Moncloa debe dejar claro que se trata de reconstrucción económica. Sánchez debiera, asimismo, hacer gala de “más mano izquierda” con Casado. Pasarle la mano sobre el lomo, hablar con él varias veces al día, consultarle, hacerle incluso caso. Sánchez está mal asistido y aconsejado. Cómo prueba, sus interminables y aburridos monólogos en la pequeña pantalla (mejora algo contestando preguntas) y haber convocado a Casado por la televisión. Así no se trata al jefe de la   oposición, ni a nadie. Menos aún, con la que se avecina económicamente que hasta justificaría un gobierno de concentración.

Cuando vemos que Europa se pone de acuerdo nos damos cuenta del acierto de formar parte de la Unión. Conseguir un pacto nacional de reconstrucción sería imprescindible para que los españoles recuperen alguna confianza en sus políticos, en nuestro país y en Europa. Todo está ligado. Cuanto más pactemos en casa, más podremos exigir en la Unión. Sánchez y Casado deben ponerse de acuerdo y no fallarnos.

1 Comentario

  1. A los pactos se acude desde la sinceridad y la honestidad, virtudes que en Política suelen sustituirse por el “conchabeo” personal. No hay ningún problema si el gobierno reconoce su total incapacidad para salir del atolladero. Eso supondría además una posición de humildad y decencia (otras virtudes inexistentes en la política actual donde prima la soberbia y el egoísmo).
    No, no hay posibilidad de pactos sobre la opacidad de una gestión, donde faltan informes, documentos, contratos, etc.

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