Momentos decisivos

Momentos decisivos
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— P U B L I C I D A D —

Salvo en Rusia es difícil encontrar quien apruebe la barbarie de Vladimir Putin, rencoroso y revanchista, así como un criminal de guerra para muchos como el propio Biden que reaccionó demasiado emocionalmente, visto su cargo, ante la matanza de civiles ucranianos, principal objetivo ruso. Guerra contra la población.

Putin, como muchos en Rusia, prefiere culpar equivocadamente a los EEUU del hundimiento de la URSS en 1991. Ve la paja en el ojo ajeno porque el fracaso de la Unión Soviética, y su implosión, fue interna, provocada por su comunismo, ineficiente económicamente e injusto políticamente. 

Otros, al adornar su condena de la invasión con un “pero”, en realidad, la avalan. Al censurar solo la forma, aprueban la motivación, en versión rusa, del horror desatado. Analizan el conflicto priorizando los intereses rusos y no los ucranianos o la defensa de los valores democráticos. Olvidan la Carta de la ONU y, en Europa, el Acta Final de Helsinki.

Lo que está en juego es si queremos vivir como los chinos, los rusos o los occidentales. Incluso los que entre nosotros justifican o aprueban a Putin, prefieren vivir como los occidentales, con sus valores y libertades.

Muchas miradas se dirigen hacia China y pocas a las NNUU donde el Consejo de Seguridad está bloqueado por Rusia con su veto y por China cuyos intereses le llevan a abstenerse.

Beijing no condena a Moscú, le da apoyo dialectico y puede que armas al confesar Putin que Rusia no ha podido con Ucrania en un solo bocado ni dejar de cometer atrocidades con su población. Un fin fallido y unos medios injustificables que dejan indiferentes a quienes aceptan el relato del Kremlin.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, predica en el desierto el respeto a la Carta de las Naciones Unidas. El Kremlin le ignora. La mesa donde se sienta Putin en una punta es kilométrica.

Muchos solicitan, pues, que China ejerza sus buenos oficios para acabar con el martirio del pueblo ucraniano, torturado, asesinado y exiliado. Un reconocimiento de que el mundo está dividido en tres, aunque no sean semejantes cada componente de este trio.

¿Querrá China terminar el sufrimiento ucraniano contribuyendo a su cese pacífico o ayudando a que prevalezca militarmente Rusia? Los chinos no tienen interés en favorecer a los occidentales, sin perjuicio de que esta guerra tampoco facilita su expansión económica internacional. China y Rusia no quieren libertades ni democracias en sus países. Su precio para liberar a Ucrania del horror no puede ser otro que el de anular o limitar su libertad y soberanía. En eso está Lavrov, ministro ruso de Exteriores. De día, negocia. Por la noche, bombardea.

Con la aceptación del falso relato ruso del desarrollo de los acontecimientos tras la Guerra Fría se admite que Ucrania y otros países deban someterse al “diktat” de Moscú. Cuando se da por buena la falsedad de una promesa de no ampliar la OTAN, decisión que esta organización nunca adoptó, se apoya a Putin.

Si se afirma que la Alianza nunca debiera de haber aceptado en su seno a antiguos miembros del Pacto de Varsovia, se les dice que no nos importan nada. Nuestros “hermanos del Este” debían ingresar en la UE, un proyecto al que tenían derecho tanto como España, y en la Alianza porque ésta es la defensa de la Unión. Los finlandeses desean, ahora, ser aliados además de socios europeos. Puede que los suecos también.

Mayor insolidaridad no pueden mostrar quienes por aplacar al oso imperial reprochan que se convirtieran los del Este en socios y aliados nuestros. Pretenden dar lecciones a países que han sufrido la horrorosa y humillante dictadura del comunismo de Rusia.

Pedro Sánchez ha girado hacia una defensa firme. Se compromete a alcanzar un gasto del 2% del PIB en defensa. Veremos si va en serio y lo hace ya o lo deja para un próximo presupuesto difícil de vislumbrar. No le sigue Yolanda Díaz, afiliada al PCE. No sirve para asumir responsabilidades en un gobierno aliado y de la UE. Los de Podemos, cercanos a Díaz, tampoco y, ahora se encuentran, además, con que Sánchez se acerca a Marruecos respecto al Sahara Occidental. Ni por eso dimitirán. Les basta con patalear desde las poltronas.

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