Los héroes de Mariúpol

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— P U B L I C I D A D —

Putin y todos sus partidarios han sacado esta semana de la nevera una botella de champán ruso, un espumoso cualquiera, que metieron a enfriar apresuradamente el 24 de febrero pasado pensando poder celebrar enseguida una victoria relámpago del “Führer” Putin, a punto de ser beatificado por el Patriarca ortodoxo de Moscú. Pensaban descorcharla al día siguiente, pero, de tanto esperar, casi tres meses, el espumoso se congeló.

La heroica resistencia ucraniana en la acería de Mariúpol con sus túneles y bunkers subterráneos finalizó esta semana. Zelensky prefiere, dice, héroes vivos para canjearlos con prisioneros rusos. En realidad, no se sabe si serán canjeados o juzgados pues Moscú les acusa de ser nazis. Esta unidad fue creada en 2014 posiblemente con un núcleo paramilitar de extrema derecha si bien parece que engrosó luego con componentes que no lo eran. ¿Pero, no es más nazi Putin por su comportamiento?

Las informaciones son confusas pues no todos los miembros del batallón Azov se habrían entregado. Rusia habla de rendición y la celebra como un famélico encontrando un mendrugo. Moscú, completa su conquista de la costa ucraniana del Mar de Azov desde el Donbas a Crimea. Un botín útil, un robo más del Kremlin.

¿Hay señales de acercamientos, directos o por intermediarios, entre Kyiv y Moscú? Este acuerdo para cesar los combates en Mariúpol, devastada por la barbarie rusa, podría reflejarlo, cómo una reciente afirmación de la Vicepresidenta del Gobierno ucraniano señalando que no siempre se consigue todo lo que se quiere. Sin embargo, es pronto para aventurar nada.

Zelensky ha señalado repetidamente que no consentirá cesiones territoriales, pero, quizás, se vea obligado a aceptar de hecho, aunque no de derecho, como exige Putin, importantes reajustes territoriales que particionarán el territorio ucraniano. Un alto el fuego o un armisticio podrían dar una solución provisional incluso a largo plazo como la partición de la península coreana.

Sería otro “conflicto congelado” como tantos con los que desde 1991, fallecimiento de la Unión Soviética, Rusia revela su alma imperial. Rusia sigue infundiendo miedo en Europa. Antes, por su marxismo-comunismo avasallador. Hoy porque el rencor de sus dirigentes ni siquiera ofrece la propaganda comunista según la cual Moscú redimiría todo el planeta de los pecados del capitalismo.

Hoy sigue inspirando tanto miedo con sus armas nucleares y los tanques que le quedan que Finlandia y Suecia quieren ingresar en la OTAN. Estos dos miembros de la UE señalan espectacularmente que ofrece mejor protección la Alianza que la Unión.

Mientras Mariúpol cae con sus héroes, más al Norte, en Járkov, la segunda ciudad ucraniana en importancia, los rusos vuelven a retroceder. Los ucranianos han llegado a la frontera rusa, próxima. Los simpatizantes de Putin piden el fin de los combates para salvar vidas, incluso que se rindan los ucranianos, una decisión exclusivamente suya. No piden, en cambio, que los tanques rusos se retiren.

Las perdidas rusas en material y sus bajas de personal son enormes. La esperada victoria relámpago va ahora a velocidad de babosa y aunque Rusia se instale en el Donbas y enlace con Crimea por tierra, sería, en definitiva, un éxito pírrico: ha justificado la desconfianza hacia Moscú, ha engordado la OTAN y ha mostrado sus debilidades militares.

De lo helada que estaba la botella no pudieron los enfeudados a Putin beberla y la pasaron por un grifo de agua. Un entusiasta impaciente la cogió por su cuello resbaladizo. Se le escapó y tras romperse en mil pedazos, el espumoso se fue por un sumidero.

En cambio, los partidarios de la libertad brindaron por los héroes de Mariúpol con champán francés.

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