Los kurdos vuelven a perder en el cambio geopolítico de Oriente Medio

Los kurdos vuelven a perder en el cambio geopolítico de Oriente Medio
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Otra vez, y van…, los kurdos vuelven a experimentar el sabor de la traición. Ha pasado un siglo desde que se les prometiera un Estado propio al término de la Gran Guerra y el correspondiente desmembramiento del Imperio turco. El Tratado de Lausanna puso fin a aquellas esperanzas, y desde entonces el pueblo kurdo sigue esparcido por Turquía, Irán, Siria e Irak, sometido a una persecución por relevos.

En la guerra de Siria volvieron a creer en la palabra de Occidente, y más concretamente en la del presidente norteamericano, antes de Barack Obama y en esta ocasión de Donald Trump. A cambio de sus promesas de ayuda en el mantenimiento de su propia identidad y de mayor autonomía, los kurdos han sido la principal punta de lanza contra los yihadistas del Daesh, el autoproclamado Estado Islámico.

Pero, Trump decidió sacar a sus tropas de Siria, dejando el campo libre a que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, invadiera la zona siria que los kurdos de las Unidades para la Protección del Pueblo (YPG) habían limpiado de guerrilleros islamistas. Lo hizo apenas tres días después, muestra inequívoca del acuerdo tácito de la Casa Blanca para que se ejecutara tal operación. El líder turco, que encabeza la segunda potencia militar de la OTAN, aspiraba a poner bajo su exclusivo control la franja siria de 440 kilómetros fronteriza con Turquía.

Gracias a la intervención del presidente ruso, Vladímir Putin, Erdogan ha tenido que conformarse con el dominio de una faja de “solo” 120 kilómetros de longitud y 32 de anchura, entre las ciudades de Tall Abyad y Ras Al-Ain. Así lo han acordado los dos presidentes, el turco y el ruso, en su particular cumbre, celebrada en Sotchi, y que ha puesto fin a la Operación “Fuente de Paz”, la invasión turca so pretexto de garantizar su seguridad mediante la limpieza de “terroristas” del otro lado de su frontera.

La operación militar se ha saldado con varios centenares de muertos kurdos y no menos de otros cien mil refugiados, a cambio de una decena de bajas turcas. Erdogan, pues, sale vencedor de este cambio geopolítico en Oriente Medio a un precio bastante barato.

El otro ganador incontestable de este cambio es el propio Putin, que se ha apresurado a consolidar su presencia en la zona tras el abandono de Trump, escenificado en la ocupación inmediata por tanques rusos de las bases dejadas por los norteamericanos, escenas que, lejos de ocultarlas, han sido difundidas profusamente por la cadena internacional rusa de televisión RT. Putin refuerza así el papel de Rusia en su neoprotectorado de Siria, cuya integridad territorial garantiza, lo que de paso permite al presidente Bashar Al Assad alzarse con su propia parte alícuota de victoria en su guerra civil contra las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), el conglomerado opositor que aspiraba a derrocar al sanguinario régimen de los Assad, y que ahora habrá de tomar el camino del exilio por mucho tiempo. De momento, tales fuerzas opositoras podrán replegarse a los territorios en los que se concentran los kurdos, pero habrán de abandonar sus pretensiones de reconquistar las posiciones arrebatadas a las fuerzas de Assad en los ocho años transcurridos de cruenta guerra civil.

Todas estas mutaciones han sido contempladas por una Unión Europea que exhibe su impotencia para jugar un papel siquiera fuere de segundo nivel en este cambio geopolítico. Por el contrario, la desbandada de los yihadistas del Daesh, que estaban encerrados en cárceles controladas por los kurdos, sí amenaza con abatirse primordialmente sobre objetivos europeos. Recuérdese que el presidente Trump, entre sus abundantes collejas a sus antiguos aliados europeos, les ha conminado a que repatríen y se hagan cargo de sus propios ciudadanos, que se marcharon de sus países para integrarse y luchar en las filas del Daesh.

Esa amenaza ha de contrarrestarse con un mayor control de las redes yihadistas en Europa, tal y como se puso de manifiesto en el Foro Elcano sobre Terrorismo Global, celebrado en el Instituto Internacional de Madrid. Varios paneles de especialistas norteamericanos y europeos describieron, de manera exhaustiva, los procesos de transformación en combatientes terroristas extranjeros de ciudadanos en apariencia perfectamente integrados en el modelo de sociedad occidental capitalista. Ahora toca recibirlos de nuevo y tratar de borrar su radicalización violenta, y consiguientemente su hipotética propensión a cometer todo tipo de atentados.

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