Los errores de Pelosi

Los errores de Nancy Pelosi
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.
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Nancy Pelosi, dos veces Presidenta de la Cámara de Representantes de los EEUU, es una política experimentada a sus 81 años. Feminista, progresista, con carácter y mandona, controla con mano firme a sus correligionarios demócratas en la Cámara Baja. No ha permitido que se le desmandasen ni siquiera las “vedettes” de la izquierda feminista juvenil encabezadas por Alexandria Ocasio-Cortez. Guardiana de las esencias democráticas, hizo frente a Donald Trump.

Sin embargo, no ha sabido gestionar los dos “lmpeachments” al magnate. Mantuvo la cabeza fría cuando los demócratas quisieron iniciar el proceso de destitución contra Trump en la Cámara baja, donde se realiza la Instrucción de un juicio que acaba siendo político en el Senado, por las interferencias rusas contra Hillary Clinton cuando la elección presidencial de 2016, oponiéndose a ello al estimar que no había pruebas determinantes de la complicidad de Trump.

Esta prudencia desapareció cuando, luego, decidieron los demócratas poner en marcha el proceso por los intentos de ensuciar electoralmente a su candidato presidencial, Joe Biden, mediante intervenciones ante la Fiscalía de Ucrania por unos negocios en ese país de su hijo Hunter. Los cargos tampoco eran suficientemente irrebatibles y, consecuentemente, no lograron que bastantes Senadores republicanos se les uniesen para conseguir los dos tercios necesarios para condenar a un Presidente, algo que nunca ha ocurrido. Trump fue declarado “not guilty”, como era previsible, fortaleciéndose, entre los suyos.

Tras el asalto al Capitolio de los “supporters” de Trump, enardecidos por el magnate, de nuevo se preparó otro intento de destitución que acaba de fracasar, como era de esperar. La sangre de Pelosi, y de algunos más, dio un vuelco con este allanamiento en el que hubo muertos y los políticos más importantes fueron evacuados por subterráneos.

Se comprende, pues, que intentasen de nuevo destituir a Trump buscando la pena aneja, no poder presentarse de nuevo a elecciones, más que la principal porque no se puede destituir a quien ya abandonó su cargo. Sin embargo, Pelosi debiera haberse asegurado desde el principio los suficientes votos republicanos ya que en el Senado no bastaban los de los demócratas. De no tenerlos, como ha ocurrido, hubiera sido mejor combatir la imagen de Trump directamente ante la opinión pública que brindarle la victoria de una nueva declaración de no culpabilidad.

Al establecer, asimismo, el precedente de que es posible un proceso de destitución contra un antiguo Presidente, se ha abierto la puerta para que cualquiera sea objeto de un “Impeachment” tras dejar la Casa Blanca, satisfaciendo, quizás, venganzas tardías.

No le interesa a Biden que estas cuestiones dificulten su necesidad perentoria de entenderse con los republicanos. La ventaja demócrata es escasa en la Cámara Baja y en el Senado están empatados, aunque pueda desempatar la presidencia del Senado ostentada por la Vicepresidenta Kamala Harris. Biden necesitará votos republicanos para respaldar confortablemente sus políticas y sus candidatos para los puestos importantes de la Administración. Le interesa más un ambiente tranquilo que crispado entre los republicanos ya que ello facilitará los entendimientos “across the aisle” como dicen allí y no saben hacer aquí.

Queda la esperanza de que los líderes Republicanos en el Capitolio se vayan desembarazando paulatinamente de la perniciosa influencia de Trump. Esa fue la dirección marcada por el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, que tras votar contra la condena de Trump se permitió una diatriba poniéndole por los suelos, enfureciendo al magnate.

Para remediar este segundo fracaso, dañino, de la destitución, Pelosi quiere ahora una comisión “bipartisan” e independiente, inspirada de la del 11 de septiembre, para investigar los acontecimientos del 6 de enero pasado. Muchas dificultades tuvo ya la anterior en un ambiente de menor crispación partidista. No es que no pueda ser necesaria esa comisión, lo que hace falta es que Pelosi deje que Biden lleve adelante, sin interferencias, su presidencia necesitada de un clima político que le permita entenderse con muchos republicanos a pesar del recrecido Trump y, quizás, de una excesivamente combativa Pelosi.

Por otra parte, Hay quienes cuestionan, en los EEUU, que un político renueve sus cargos. Actualmente se celebra el 70 aniversario de la enmienda a la Constitución americana que limita a dos los mandatos posibles de un Presidente, a raíz de las cuatro victorias electorales seguidas de F. D. Roosevelt. Asimismo, algunos quieren limitar el acceso al poder a las familias de los electos. La derecha americana pone como ejemplo Hillary Clinton y la izquierda a Trump y sus allegados. 

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