La “sovietización” de Europa

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LA “SOVIETIZACION” DE EUROPA
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

A finales de la Segunda guerra Mundial se perfilaban dos grandes bloques o imperios políticos: la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y EE.UU. (una confederación de estados basados en la defensa de la libertad), aparte de China, donde la doctrina de Mao Ze Dong escrita en su “libro rojo”, se movía en similares parámetros a los del imperio soviético, si bien con peculiaridades especiales.

EE.UU. había conseguido erigirse en el símbolo de las libertades públicas, frente a la “sovietización” comunista de todo el bloque rival pero, a lo largo de lo que se conocía como “guerra fría” entre ambos, quedó en Europa instalada una ideología a caballo entre las libertades y el socialismo conocida con el eufemismo de “socialdemocracia” que, traducido al lenguaje corriente, venía a decir: “libertades condicionadas a intereses del Estado”. Es decir, la libertad de las personas, como en el régimen de Franco (“subordinada al bien común y a las necesidades de la nación”) venía supeditada a su sometimiento a los “estados de Derecho” impuestos en realidad por los partidos dominantes. Se creaba así un colchón de carácter ideológico en Europa entre los dos colosos hegemónicos que prevenía la extensión del comunismo y, al mismo tiempo, permitía la sumisión de las personas a “intereses de estado” de todo tipo. A los de los gobiernos en definitiva, pero no siempre al Estado.

Las constituciones europeas —todas del mismo corte ideológico— constriñen los sistemas políticos de cada país a un pensamiento único en el fondo, mientras en la forma juegan con el “trampantojo” del pluralismo. Es el juego de manos del prestidigitador que ha conseguido convencer a gran parte de una opinión pública de lo que es “correcto” o “incorrecto”en cada momento, con independencia de que ambos términos puedan contradecirse jurídicamente. Lo más importante no es la defensa de idearios, proyectos, programas políticos… lo más importante es quien puede “seducir” mejor a un mayor número de votantes en unas sociedades alienadas y perdidas donde, los deseos despóticos de unas supuestas mayorías, serán impuestos a los demás. A eso le llamamos “democracia participativa”.

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En España no podíamos ser ajenos a dichos juegos de prestidigitación cuyo diseño nos ha sido vendido con el “copyright” correspondiente. Desde el bipartidismo socialdemócrata imperante durante muchos años (PP/PSOE), se fue eliminando cualquier posibilidad de trascendencia en un sentido o en el otro. La derecha y la izquierda comunista quedaron sometidos a la comodidad del cargo y sueldo público. Las ideologías supuestamente sólidas, vieron cómo sus filas quedaban diezmadas por ofertas más atractivas y pragmáticas del ya citado pensamiento único socialdemócrata con algún pretendido toque liberal.

Como en el pensamiento único de la URSS, todo queda sometido a quienes tienen el poder político, económico y social. El sistema sindical gira alrededor de quienes entran en el juego, el corporativo (supuestamente liberal) lo mismo, el financiero (sin ideología) estará siempre a lo suyo y el político se repartirá en decenas de miles de puestos públicos y estructuras politico-administrativas tan innecesarias como las autonomías y las excrecencias administrativas anexas a cada órgano institucional. También, como en el sistema soviético, se da paso a los distintos “presidiums” y “nomenklaturas” con privilegios asociados en todas las áreas. En la política con sus estructuras discriminatorias; en las administraciones públicas y similares con las diferencias de retribuciones entre los “directivos” y quienes realizan de verdad los servicios; en el mundo corporativo entre los ejecutivos y quienes apenas alcanzan para sobrevivir con salarios ínfimos; en el mundo sindical entre quienes viven de “reunirse” y se apalancan en ello y los que todavía salen a manifestarse cuando conviene; en el mundo financiero entre quienes tienen controlados todos sus movimientos económicos por el sistema bancario actual (en connivencia con los gobiernos) y quienes pueden (y lo hacen) permitirse vías de escape. Hasta en el mundo deportivo, mediático y cultural se crean unas “estrellas” determinadas cuyas situaciones tienen poco que ver con las de sus compañeros.

Europa se ha “sovietizado” o, dicho de otra forma, el sistema soviético ha triunfado al amparo del capitalismo, transformando lo que era fruto de esfuerzos generacionales para salir adelante, en un sistema de control férreo de las libertades de los ciudadanos y una apropiación del Estado al servicio de grupos, partidos o sectores que dictan sus respectivos estados de Derecho. No hace falta recordar que, sistemas injustos en todo el mundo, han estado amparados por las leyes.

Cuando el ocaso de las ideologías ha llegado a su final, empobreciendo el panorama intelectual con los sistemas únicos o uniformes, es útil recordar en cambio cómo nos aplicamos en la preservación de la “diversidad” zoológica. La persona, el individuo aislado, queda marginado de tal diversidad intelectual y es reorientado a otras nuevas ideologías más transversales: ecología, géneros, etc. Los “partidos” no defienden programas políticos comunes, sino que tratan de atraer, de seducir, al mayor número de votantes para acceder al poder e imponer su voluntad. Mejor dicho, de sus “nomenklaturas” respectivas.

Europa está cada vez más en manos de estructuras complejas que mandan y se intercambian favores. Todo es pura parafernalia en las formas pero, en el fondo de todo ello late un objetivo: cercenar cada vez más las libertades de todos los ciudadanos en aras de un supuesto bien superior que, como Godot, parece no llegar nunca. Seguimos esperando.

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