Ganarán Trump y el populismo, perderá la democracia

Trump populismo
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Aunque toda la humanidad se vea concernida y afectada por lo que haga y disponga el presidente de Estados Unidos, solo quienes poseen la ciudadanía americana participarán de su elección el próximo mes de noviembre. Donald Trump y sus huestes dicen estar convencidos de que el intento de destituirle aumentará su popularidad y le dará alas para lograr permanecer otros cuatro años en la Casa Blanca. 

Entre las muchas virtudes envidiables del sistema político norteamericano, la principal es, sin duda, el acendrado apego colectivo a la democracia, resumido en un escrupuloso respeto al equilibrio de poderes y a la asunción individual de responsabilidades por todo aquel dirigente, sea cual sea su nivel, que abuse de su poder o simplemente meta la pata.  

Donald Trump es el tercer presidente en la historia -hubiera sido el cuarto si Richard Nixon no hubiese dimitido antes de que se iniciara el suyo-, que se enfrenta a un proceso de destitución (impeachment), acusado precisamente de abuso de poder y de obstrucción a los trabajos de investigación del Congreso. Son dos acusaciones muy graves, basadas a juicio de la mayoría demócrata de la Cámara de Representantes, en “hechos incontestables”. Estos serían las presiones ejercidas sobre un país extranjero, Ucrania, para supuestamente lograr el beneficio político de aniquilar la reputación del que se presume sería su rival demócrata en las próximas elecciones presidenciales, Joe Biden. 

Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, resistió durante meses las presiones del ala más radical de su Partido Demócrata para iniciar ese proceso contra el presidente Trump, hasta que las evidencias fueron tan abrumadoras que no le quedó otro remedio que ponerlo en marcha. Saliendo, además, al paso de las acusaciones del Partido Republicano de hacerlo por “manía persecutoria” y “odio” al presidente, Nancy Pelosi opuso el argumento clave en el que se encierra la esencia de la Constitución americana: “Si permitimos que el presidente esté por encima de la ley, entonces seguramente pondremos en peligro nuestra República”. 

Si la Cámara de Representantes es soberana para poner en marcha o rechazar el ‘impeachment’, es el Senado quien opera como juez sentenciador, que solo condenará al presidente si alcanza una mayoría de dos tercios, o sea al menos 67 de los 100 senadores de la Cámara Alta. Puede darse, pues, por seguro que los actuales 47 senadores demócratas no lograrán convencer a los 20 senadores republicanos que les harían falta para lograr la destitución del presidente. El Partido que le arropa está haciendo gala de una solidez inquebrantable en su apoyo, minimizando y ridiculizando hasta las más ostensibles evidencias presentadas por los numerosos testigos que ya han comparecido. En este proceso se está comprobando que “los nuestros”, o por mejor decir, el líder máximo, merecerá siempre el apoyo indestructible del partido, aunque haya delinquido.  

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1 Comentario

  1. Me parece extremadamente simple el planteamiento de “Trump o la democracia”. Más en un periodista curtido y con buen conocimiento de la sociedad y la historia de EE.UU.
    El hecho de que esté sometido a investigación, lo único que prueba es que el procedimiento democrático funciona. No podemos decir lo mismo con España y lo que está ocurriendo (por desgracia). Ahora falta también que los autollamados “demócratas” pidan lo mismo para Biden (junior) y sus negocios. Puede haber muchas sorpresas. O para sus propias relaciones con la industria militar norteamericana y con las variadas fundaciones relacionadas con los conflictos creados a lo largo y ancho del mundo por los antecesores del actual presidente.
    Lo que ocurre es que el “chollo” se ha acabado. Se les ha visto el plumero y por mucho que traten de utilizar el “relato” (bien pagado) para desacreditar a Trump, el pueblo americano (no sólo las elites de la costa este) ha reaccionado. Su situación de quiebra económica va resolviéndose, han dejado de tocar las narices a los demás, no quieren ser “imperio” y además bastante tienen con sus problemas para “globalizarlos”.
    Un cordial saludo.

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