En Perú la línea 1 del Metro lleva a la cárcel

Fujimori, Kuczynski, Humala, Toledo… Y ahora, Alan García. El soborno ha sido el gran pecado de la mayoría de mandatarios peruanos

Alan García
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Uno tras otro los últimos presidentes de Perú se han convertido en delincuentes (presuntos) a cuenta de las irrefutables pruebas de corrupción que están presentando contra ellos los responsables del antiguo coloso brasileño de la construcción, Odebrecht. El último de los acusados, Alan García, no ha llegado a comparecer. Se pegó un tiro cuando iban a detenerle en su residencia del lujoso barrio limeño de Miraflores.

Sobre el que fuera dos veces presidente de Perú (de 1985 a 1990 y de 2006 a 2011) pesaban parecidas acusaciones que sobre sus antecesores, Pedro Pablo Kuczynski, Ollanta Humala y Alejandro Toledo: haberse dejado sobornar como trueque por facilitar la concesión para la construcción de diversas infraestructuras. En el caso de García, la comisión habría sido a cambio de que Odebrecht se hiciera con el contrato para construir la línea 1 del Metro de Lima.

García se sentía cercado y sin escapatoria posible. Sus presuntos testaferros, su exsecretario de la Presidencia, Luis Nava, y el vicepresidente de la compañía estatal Petro Perú, Miguel Atala Herrera, ya habían reconocido haber recibido cantidades de hasta cuatro millones de dólares en varios bancos, entre ellos la Banca D´Andorra.

La antigua solidaridad entre exmandatarios latinoamericanos no funcionó en el caso de García. En noviembre pasado el juez le retiró el pasaporte, corrió a refugiarse en la embajada de Uruguay y pedir protección al presidente Tabaré Vásquez, que apenas dos semanas después le denegó el asilo.

La buena noticia es que la Justicia funciona en Perú, que parece haber entrado en una decidida fase de regeneración

La destapada oleada de corrupción en la más alta magistratura de Perú demuestra de una parte que, habida cuenta de la distinta adscripción política de sus protagonistas, las ideologías caen irremisiblemente ante el poder del dinero; y de otra, mucho más positiva, que el Perú puede haber entrado en una fase de regeneración que bien pudiera extenderse al resto del continente, sacudido prácticamente desde sus respectivas independencias de España por un latrocinio directamente proporcional al poder institucional que se ocupaba.

Como también es habitual en los casos de citación por la Justicia para responder por ello, todos los acusados alegan problemas de salud. Es el caso de Kuczynski, que exige le dejen ir a Estados Unidos, o el de Alberto Fujimori, que estaba presuntamente a punto de morir en la cárcel y se recuperó milagrosamente tan pronto como el juez le mandó a casa a vivir sus últimos […]

Recorte de prensa Vozpopuli.

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