El Potencial político-económico de la Unión Europea

Política Exterior y de Defensa para una Europa más fuerte (I)*

UNA EUROPA MÁS FUERTE - CAPÍTULO 1
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.
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El potencial de la Unión Europea es enorme si lo consideramos desde la perspectiva especifica de su riqueza económica. Su coordinación en este ámbito la sitúa entre los grandes productores y exportadores del mundo. La Unión cuenta con una moneda propia y un mercado único en el que personas, bienes, servicios y capital circulan con la misma libertad que si lo hicieran en un mismo país. Pero, es algo más. Es un proyecto económico, político y social que ha generado paz, desarrollo y estabilidad desde mediados del siglo XX. Es una organización activa internacionalmente desde la ayuda al desarrollo hasta políticas medioambientales pasando por su peso comercial internacional. La Unión, EEUU y China son los tres mayores actores del comercio internacional. Las exportaciones europeas son, aproximadamente, un tercio del total mundial.

En 2018 se estimó que su PIB representaba un 22% del mundo. La renta media por habitante de la UE se situaría en los 30.500 € anuales, aunque con fuertes variaciones entre sus miembros. Tras el Brexit reagrupa a casi 450 millones de habitantes, detrás de China y la India y con más habitantes que los EEUU, si bien representa menos de un 7% de la población mundial.

El año 2020 está resultando ser esencial para la fortaleza de la Unión por dos motivos negativos, por dos crisis. Uno planificado y en plena ejecución: el Brexit.  El segundo, inesperado, el COVID-19 que por su peligrosidad y capacidad de contagio constituye un vendaval destructivo para la salud en todo el mundo, así como para todas sus economías. No obstante, hay que esperar que la plaga oriunda de China amaine y que la solidez del bloque comunitario se intensifique tras la salida del Reino Unido de la Unión, un RU que aportaba mucho en todos los ámbitos pero que, al mismo tiempo, frenaba el desarrollo de la UE hacia una integración necesaria.

De ahí que, a la hora de planificar hacia el futuro se prefiera hacerlo, a fecha de hoy, con la esperanza de que el virus pueda ser controlado y con el deseo de que la secesión británica pueda ser superada con una mayor integración de los países miembros de la Unión en todos los ámbitos, incluidos el de su política exterior y el de una defensa propia.

La Unión aspira a ensalzar y fomentar valores suyos reconocidos, como el desarrollo sostenible y el cuidado del medio ambiente, el respeto de los derechos humanos, las democracias parlamentarias y liberales y una economía de mercado social, adquiriendo visibilidad internacional y, asimismo, desea poder hablar con una sola voz en los foros y organismos internacionales. Quiere promover la paz, el bienestar de sus pueblos y sus valores, así como la consideración de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas que pertenecen a minorías.

Para estos fines y objetivos la Unión se ha dotado de complejos mecanismos que le permiten actuar en representación suya y la de sus Estados miembros en el ámbito internacional. Dispone de un Servicio Exterior que tiene sus propias áreas de competencia no obstante operar frecuentemente en paralelo con los de los Estados miembros, especialmente los más importantes y, asimismo, en áreas geográficas en las que ciertos países miembros tienen unas relaciones especiales propias. Pero, estas duplicaciones no impiden que la UE tenga una política exterior cada vez más coordinada, propia y común.

La actuación internacional de la Unión ya le ha valido la mención de que es un “poder blando” en contraposición a ser un “poder fuerte o duro” que sería aquel que dispone de medios para imponer sus decisiones por la fuerza, si fuese necesario (y de acuerdo, en principio, con las normas internacionales, en especial con lo que, eventualmente, se decida en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU). Es una mención interesante, la de ser un “poder blando”, pero podríamos señalar, irónicamente, que se trata de una mención honorífica, sobre todo si se tiene en cuenta su potencial económico y sus redes internacionales. Ello es así porque carece de suficiente respaldo en materia de defensa. Tiene embriones al respecto, que hay que celebrar, sin duda, y realiza operaciones de mantenimiento de la paz y de control de sus fronteras, pero carece de una defensa propia, por lo que la Unión y sus Estados miembros son dependiente de los EEUU a través, esencialmente, de la Alianza Atlántica.


* Primer capítulo del artículo publicado en el libro del Movimiento Europeo Español “El debate ciudadano en la Conferencia sobre el futuro de Europa: A los 70 años de la Declaración Schuman” (4 de mayo 2020)

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