Bernie, o el caos

Bernie, o el caos
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

¿Suicidio? ¿Suicidio político? ¿Falta de madurez? ¿Simple estupidez? Estas preguntas se me agolpan mientras ojeo en mi teléfono un diario digital estadounidense. En la pantalla de mi ordenador conectado a mi bar favorito veo a sus androides, ANDREA y SAM, disponer simbólicamente un aperitivo para mí y mi sobrino Evaristo. Han puesto encima de la barra un par de copas, una botella de jerez y una lata de aceitunas, pero sin descorchar la una ni abrir la otra. ¿Para qué? Esto es un aperitivo telemático…

—No disimules, me dice Evaristo. Estás encantado con que Bernie Sanders se haya retirado de la carrera demócrata para la nominación del que será candidato contra Donald Trump. Solo queda Joe Biden por el que muchos no daban un chavo al principio y menos aún tras la fulgurante salida inicial de Sanders.

—En efecto, la liebre salió a toda mecha, pero llegó antes la tortuga. Sanders aprovechó unos Estados donde jóvenes y latinos se aliaron en favor del candidato “socialista” de los demócratas.

—Todo cambió en Carolina del Sur, continúa Evaristo, donde los afroamericanos votaron masivamente a Biden. El progresismo de Sanders es más atractivo para el idealismo juvenil, así como para muchos hispanos que no han encontrado aún su encaje en la sociedad americana. Los afroamericanos fueron esclavos, son, muchas veces, aún maltratados, pero, son ahora esencialmente fruto de la cultura anglosajona. Los latinos son, bastantes, mano de obra explotada, pero su bagaje cultural tiene raíces progresistas en la América hispana. Era lógica su preferencia por Sanders

“Y, ahora, ¿qué va a pasar? Inquieren a la vez ANDREA y SAM.

—Biden, responde Evaristo, debiera contar con el voto de Sanders y sus seguidores. Si los demócratas van unidos pueden, quizás, ganarle a Trump que ya ha dado la medida de sus limitaciones.

—En efecto, señalo. Si no fuese por tres cosas: en primer lugar, los seguidores de Trump son inasequibles a la decepción. En segundo lugar, la unidad demócrata no está clara. En tercer lugar, tenemos al “virus chino” como dice el magnate.

El voto de Trump es sólido, aunque no mayoritario, señala Evaristo. Perdió el voto popular frente a Hillary Clinton, aunque ganó en el Colegio Electoral. Una peculiaridad estadounidense. Contó con un voto anti-Clinton porque Hilaría es una mujer muy determinada y eso molesta incluso a muchas mujeres. Además, ella y su marido están acusados de connivencia con el “Big business”.

—Sin duda, señalo. Veremos si ese voto resulta ser ahora menos “anti-Biden” por ser éste un hombre, aunque lo importante, en su caso, es que debiera llegar mejor al votante moderado que Sanders. Sin embargo, me inquieta la reacción del voto joven de este último.

—Explícate, me conmina Evaristo.

—Muchos son radicales en el sentido que dicen que votaron a Hillary tapándose la nariz y que no volverán a hacerlo. Idolatran a Sanders porque ha creado, dicen, un movimiento con futuro. Por eso, afirman, no votarán a Biden. Un suicidio, porque, así, le regalarán la elección a Trump. Son los “Democratic Socialists of America”.

—Veremos si para noviembre la “real politik” se impone en   su seno, musita Evaristo. Pueden, por su inocente pureza, ser más que una china en el zapato de Biden.

“Y el virus, ¿cómo afectará a la elección?”, preguntan los dos androides

—¡Vaya usted a saber!, exclamo. Lo mejor para los demócratas sería que Trump siga pilotando alocadamente su respuesta a la pandemia mientras en el Congreso pactan con los Republicanos planes económicos de recuperación, algo que no sabemos si serán capaces de hacerlo en España, donde vemos mucho las pajas en los ojos ajenos sin darnos cuenta de la viga en el nuestro.

—“¡Un Biden discreto hasta ser proclamado candidato en agosto!”, señala ANDREA. “En efecto”, dice SAM, “pero, el virus se la puede jugar a cualquiera y noviembre está muy lejos”. Tras esto, los androides recogen el aperitivo simbólico y apagamos todos nuestras pantallas.

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