La Manada… feminista

Está en juego la respetabilidad de la Justicia

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La Manada… feminista

La Audiencia de Navarra deja en libertad provisional a los cinco miembros de ‘La Manada’. No observa riesgo de fuga por su arraigo y considera además los kilómetros que les separan de la víctima. La furia feminista se ha vuelto a desatar.

Más allá del desprecio moral que merecen los actos de la Manada, ¿qué es lo que pasa? Las feministas consideran que su palabra debe ser considerada ‘palabra de Dios’. Si ellas consideran que fue violación, lo fue. Basta que una mujer asegure que fue violación para que así sea. La realidad objetiva no existe cuando existe una realidad subjetiva. La fuente de la realidad no es externa sino interna. La mujer no acepta la realidad, la construye.

Esto tan perverso es lo que viene afirmando el convenio de Estambul que España ratificó. Y claro, exigen que se aplique. Por lo mismo, si una mujer afirma que hubo malos tratos por parte de su pareja es que los hubo. No hay que demostrar nada porque —como es sabido— el hombre el violento y sospechoso…

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Por eso, encontrarse con unos jueces apegados a las pruebas, a las garantías judiciales y al derecho, resulta irritante. ¿Quiénes son ellos para negar mi realidad autopercibida? Pero hay algo más peligroso: poner en cuestión la autoridad judicial y el prestigio de la judicatura. Y aquí es donde la manada feminista se ha soltado la melena del desprestigio. La probable nueva presidenta del Consejo de Estado, Mª Teresa Fernández de la Vega, los calificó de “casposos”…

Ahora los califican de “machistas”. Y las más agresivas de “violadores”. Todo por aplicar el principio de presunción de inocencia y exigir pruebas que avalen una acusación. Lo básico de la Justicia. ¿O es que la palabra de una mujer tiene presunción de veracidad y la del hombre no? ¿Dónde queda la igualdad ante la ley?

Los jueces —los de primera instancia y los de la Audiencia— juzgan conforme a pruebas y Derecho. Sólo ellos han accedido a los vídeos. Y aplican el derecho vigente. Podrían haberse amoldado al sentimiento popular y haber evitado la guillotina actual. Pero habrían dejado de ser jueces para convertirse en encuestadores de opinión. Gracias a Dios resistieron la tentación. Porque la Justicia debe de resolver con los ojos tapados, apegados exclusivamente a la realidad probada y al estado del Derecho.

Irritante para una izquierda y un feminismo adolescente que pretende ajustar la realidad a su ombligo. Esa es la Manada feminista que estamos viviendo. La de la calle, la de la mitad del gobierno y la de lo que quede de Podemos. Habiendo checas, ¿para que queremos Derecho?

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