Desarrollo sostenible

Desarrollo sostenible
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Es parte del —pretendidamente— nuevo lenguaje que se trata de imponer como calificativo universal, surgido de la “transición ecológica” y similares vacuidades de la distopía de ciencia- ficción trasladadas al mundo de la política. Eso sí, con beneficios para unos cuantos donde no caben fantasías.

El concepto entendemos que se refiere a un supuesto progreso permanente de la Humanidad en su conjunto, en una dirección indeterminada (lo que es un viaje a ninguna parte) basado en sistemas tecnológicos (también poco definidos en cuanto a sus aplicaciones), cuya producción necesita de energías que deberían ser inacabables en el futuro de nuestras vidas (aún más desconocido). En realidad, estamos pidiendo “peras al olmo” en unos sistemas de crecimiento artificiosos, que ni los propios expertos pueden entender.

El “crecimiento” poblacional nace de las teorías de Malthus en el siglo XVIII y su “Primer ensayo sobre la población”, basado en un planteamiento falso (como el propio autor reconocería) de las supuestas necesidades que plantearía sobre el aumento de la especie humana y los medios de subsistencia de la misma. Un cuestión que sería recogida en el siglo pasado por el llamado “Club de Roma” en sus “Limites al crecimiento” encargado al M.I.T. (Instituto Tecnológico de Massachusetts) a efectos de simulaciones tecnológicas que resultaron un fracaso.

Como contrapartida se creó un grupo de trabajo que preparó diversos ensayos en los que intervinieron especialistas del mundo sudamericano con “El Club de Roma. Anatomía de un grupo de presión” (1976). donde el argentino Oscar Varsavsky decía: Ni la explosión demográfica, ni la contaminación, son temas de interés directo para Argentina… pero, por desgracia, la campaña de terrorismo mundial sobre estos temas liderada por EE.UU., nos obliga a participar en su discusión. Si tiene éxito los subdesarrollados terminaremos una vez más financiando la buena vida de las potencias dominantes…”. De total actualidad. El tema básico era —y sigue siendo— la contaminación del Planeta y más exactamente los seres humanos. De ahí el necesario control de la natalidad. “Tenemos un ejemplo concreto de ciencia mal ideologizada que intenta disfrazar con terminología científica, posiciones ideológicas claras que no pongan en peligro el predominio de las grandes potencias y las clases privilegiadas”. Estaríamos pues ante una de las muchas muestras de preocupación filantrópica por la Humanidad… ¿o por sólo unos pocos de ella?

El supuesto “desarrollo sostenible”, parece enlazar también con las teorías del Foro Económico Mundial o “Foro de Davos” que, bajo la cobertura de ONG, se reúne para debatir la misma cuestión: sobra población en el mundo y faltan los recursos suficientes para mantener su crecimiento. Su lema: “No tendréis nada, pero seréis más felices” descarta la inclusión de sus propios miembros en esa “pobreza feliz”. En definitiva, los muchos avances científicos (según algunos) que nos brinda la tecnología y los algoritmos, son incapaces de proponer soluciones reales a los problemas futuros. No sirven de gran cosa más allá de los alardes publicitarios. Y es que confundimos los objetivos que nacen del talento natural, con las simples herramientas de simulación.

No hay desarrollo auténtico y efectivo creado por las máquinas, por el simple hecho de que las máquinas no crean. En todo caso obedecen órdenes y siguen los intereses marcados de antemano por los humanos., aunque sean tramposos.

Al no haber desarrollo —porque no sabemos qué ser de mayores— (ya se ha visto el fracaso de la UE en sus políticas), no podemos tampoco asegurar la “sostenibilidad” requerida por carecer el sujeto principal. Así todo es “sostenible”, desde la gestión administrativa de la Función Pública, hasta las bolsas de plástico de los supermercados; desde la gestión bancaria a la de las compañías de seguros; desde el trabajo artesanal o la composición musical, todo debe ser “sostenible”. El papel y, sobre todo la propaganda, aguanta todo.

¿En qué consiste o qué entendemos por ese concepto? En teoría la posibilidad de uso y consumo permanente de bienes básicos para ese “bienestar” (otro tópico más) cuyos beneficios específicos están en la “nube” de quienes sí los tienen cada día. La energía y sus fuentes sería el más importante, destacando la nuclear por su gran efectividad y capacidad de producción (es sostenible). En cambio, desde hace muchos años, se la estigmatizó porque convenía. Lo mismo ha ocurrido con las alternativas procedentes de combustibles fósiles, gas, agua… En el primer caso se valoraba su versatilidad, bajo coste y rendimientos… Pues también están vedadas. Infraestructuras y redes de distribución voladas, prohibición de emisiones de combustión, fueron anatematizadas para la mejor vida de los grillos o de las ranas (sin preguntarles a los afectados), mientras muchos humanos morían de hambre, de pobreza o de miseria. Al fin y al cabo, sobran.

En las mentes brillantes de unos cuantos se asoció lo “sostenible” con la energía eléctrica, con las placas solares, los molinos de viento, las baterías gigantes y las llamadas “tierras raras. Pues bien, cuando habíamos destrozado masa vegetal para su instalación, nos dimos cuenta de que su rendimiento era insuficiente y que necesitaban de las fuentes clásicas de energías, para que funcionasen. Un “gatillazo” en toda regla. El último apagón general vino a confirmar que no sabemos lo que hacemos.

La “sostenibilidad” de estas fuentes de recursos energéticos, ha sido objeto de polémicas de todo tipo, donde los intereses económicos de unos cuantos, es el objetivo, habiéndose convertido en intereses geopolíticos o geoestratégicos. Su origen y formación se conocen y nuestros avances científicos podrían determinar la amplitud de las reservas… ¿o no…? ¿Otro gatillazo de la Ciencia?

He tenido ocasión de seguir los intentos del citado Club de Roma para hacer una especie de “cruzada” involucrando en ello nada menos que a NN.UU. (que son los promotores de la “agenda 2030” y similares) convirtiendo un debate que debía ser serio y riguroso en un “cajón de sastre” de dogmas, leyes, imposiciones y teorías acientíficas. Ya no es “convocar a la Humanidad para discusión del futuro” –objetivo encomiable si no oculta otras intenciones- sino imponer y obligar a la Humanidad a un futuro que sólo a los iluminados interesa.

Ellos mismos saben que “la gente no es tonta y no quiere saber malas noticias”. Sobre todo si tales noticias están contaminadas por intereses de un tipo o de otro. Para ello dicen tratar de “no manipular las opiniones “, pero los hechos demuestran lo contrario. Dicen que “la demografía ya no es una variante determinante y que la humanidad puede ser al mismo tiempo problema o solución y que hay que evitar el error de creer que el futuro de la humanidad es una cuestión de expertos (profetas del Apocalipsis)”.

Lo que sí es cierto es que la humanidad carece de modelos o patrones sobre los que determinar conjuntamente soluciones a corto, medio o largo plazo porque, sencillamente, se la ha preparado para ser ignorante, estúpida y corta de miras, manteniéndola sumisa con el miedo a cualquier cosa. Desde las catástrofes naturales, hasta la falta de alimentos o el colapso social. Ahora hay que reciclarse primero (conocimientos reales), para saber qué queremos y decidir cómo hacerlo (nueva política). Difícil tarea, pero necesaria.

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