«G20», «COP26″… que no decaiga la fiesta

«El hueso está duro, pero el perro está despacio...» (refrán español)

Por
— P U B L I C I D A D —

Ahí los tenemos una y otra vez para anunciarnos catástrofes climáticas desde siglas y nombres rimbombantes que esconden la estulticia de unas teorías ilusas y aberrantes científicamente, sobre el futuro de la Humanidad y del Planeta Tierra. Son como las trompetas del Apocalipsis proclamando el fin de los tiempos porque esa es su intención final: acabar con sociedades, familias, culturas, historias, religiones, ideologías… y construir un mundo nuevo feliz (Huxley), una raza humana clonada desde la tecnología genética sometida a poderes remotos y adoctrinada desde la propaganda (Berneys) alimentada de forma artificial y robotizada intelectualmente.

Los medios de comunicación anuncian: “los líderes del G20, reunidos en Roma, acordaron mantener el techo del calentamiento global en 1,5 grados y emprender acciones para afrontar el problema”. Hay que recordar que el grupo G20 acumula el 80% de la riqueza que, como es lógico, no están por la labor más humanitaria de compartir, sino de evitar que haya competencia, sino de repartir esos 100.000 millones de euros que se prevén en inversiones.

Y es que las citadas “cumbres” aparecen en momentos en que países que se pretende sigan en el subdesarrollo, empiezan a tener ideas propias, recursos propios que explotar y riqueza que aumentar. Crean industria y tecnología desde sus grandes capacidades intelectuales, económicas y políticas y los “Copyright” de dependencia son cada vez menos numerosos. Por eso, de pronto, una serie de “illuminatti” (iluminados) caen en la cuenta de que eso es muy malo y muy perjudicial para la Humanidad y el Planeta. Unos iluminados que empiezan a buscar coberturas supuestamente científicas, bien engrasadas, que se convierten en religiones, con su parafernalia de sumos sacerdotes, profetas, doctrinas (medios de comunicación), curas, monaguillos, rituales y dogmas que todos sin distinción deben asumir.

Para justificar tamaños despropósitos, se utilizan nuevos métodos proféticos. Ya no hay revelaciones divinas, sino algoritmos metidos en una máquina con los datos que nos parezca, para que el oráculo tecnológico escupa su dictamen a gusto de sus programadores. Los chascos que vamos conociendo de tales profecías (como la inundación de la ciudad de Nueva York en el pasado año 2010 a causa del deshielo del Ártico o la falta de alimentos -ya en el pasado siglo- para toda la humanidad) que sólo muestran la necedad y la ignorancia de cuestiones elementales en el marco de la verdadera Ciencia, no parecen torcer sus propósitos pues han puesto todos los huevos en el mismo cesto.

En todo ello sorprende los clamorosos silencios de las gentes que, por su preparación intelectual, deberían ser más rigurosos en la crítica y la denuncia de tales maquinaciones conducentes no sólo a crear un pánico social permanente, sino a que todo ese cuerpo social quede sometido a cuantas maniobras de dominio se ejerzan desde poderes desconocidos. Por eso hay que seguir insistiendo en desmontar las falacias político-económicas que todo ello supone.

En primer lugar el hombre (salvo en los cuentos de ciencia-ficción) nunca podrá someter a su capricho o sus deseos todo un sistema planetario que se rige por sus propias leyes y que, en el caso de la Tierra, lleva miles de millones de años en su proceso de formación y evolución, dependiendo de una estrella (el Sol)que da luz y calor” (según aprendimos desde niños en el plan antiguo). Una luz y un calor que han hecho posibles la aparición de la vida y su posterior evolución en todo el planeta con períodos de “climas” muy diferentes a los que necesariamente debimos adaptarnos todos los seres vivos.

En segundo lugar, tal como ya hemos expuesto anteriormente, los climas que sufrimos o disfrutamos, han estado sometidos a los conocidos movimientos del planeta Tierra (también del Bachillerato), más otros menos conocidos que van a influir en largos períodos de “cambio climático”. Algunos de ellos más cercanos y documentados históricamente desde hace muchos años, como son las glaciaciones, interglaciares, pluviales, etc. que se han documentado geológicamente a lo largo de los últimos millones de años. Pensar que en breve intervalo cronológico de la Historia que suponen las “agendas” pretenciosas de los G20, COP26 (o la tan ilusa “agenda 2050” española) el planeta Tierra y el Sol se van a someter “a la carta” de 1,5 grados establecida, demuestra el nivel de ignorancia de sus promotores que lucen el “pin” en la solapa. La Ciencia es más seria y rigurosa.

Si someter al clima en el planeta ya resulta fatuo y muestra la soberbia de algunos… ¿qué decir de la pretensión de controlar las radiaciones del Sol y su influencia en la vida de la Tierra? Otra cosa en adaptarnos a ellas y, como se ha hecho siempre, procurar que nos aporten un servicio vital (como el energético) para cubrir nuestras necesidades. Mientras tanto, la gente conoce y sabe perfectamente formas menos “rocambolescas” de disfrutar o protegerse de las mismas, según el criterio de cada cual.

“Si no los convences, confúndelos” advertía el presidente de EE.UU. Truman a los gobernantes. En eso estamos. Ante las reticencias propias del sentido común, de la lógica, de la sensatez, de la racionalidad y del conocimiento, se descalifica y se trata de confundir con atentados a la inteligencia de las gentes todo este polémico tema, mezclándolo con la contaminación del mundo natural por el desarrollo y expansión de los seres humanos. Esa es otra cuestión (ajena a la “lucha contra el cambio climático” y otras memeces) que hay que debatir en lo que puede suponer de cambios de hábitos en las formas de vida individuales más responsables pero, sobre todo, en la elección de gobiernos y líderes que no puedan ser manipulados por intereses espurios.

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