‘Historia traicionada’, nuevo libro de Joaquín Mª Nebreda

Nación española y refutación del nacionalismo vasco

'Historia traicionada', nuevo libro de Joaquín Mª Nebreda
'Historia traicionada', nuevo libro de Joaquín Mª Nebreda
Fundación Emprendedores
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El autor de este trabajo presenta dos afirmaciones congruentes y concatenadas, trascendentes para el ser y el vivir de España:

De una parte, la historicidad de la Nación española que la plantea en siete claves así resumidas:

1ª. Se rechaza el esencialismo, el providencialismo y desde luego lo mitológico. Las naciones son obra humana en procesos centenarios, llenos de vicisitudes, retrocesos y avances, pero exitosos por sus resultados.

2ª. La Nación es fruto de la larga cocedura de una historia contrastada. Es la prueba de si las naciones son autenticas o imaginarias.

3ª. Ni extemporáneas ni contrahistóricas. Las naciones europeas surgieron al ritmo de la historia, sin determinismo alguno, en el tiempo adecuado tras la caída del Imperio Romano y cuando lo que hoy es Europa alumbraba la Civilización Occidental, que sería la tierra abonada en la que germinaron.

4ª. España no es una nación fallida. Es un potente foco cultural interior y foco civilizador de medio mundo; que nadie pone en cuestión.

5ª. España no es una nación de naciones concepto, por cierto, indefinible. Ninguna región española tiene la originalidad, el espesor y la densidad cultural e histórica que tiene el conjunto de España.

6ª.- España es una nación diversa, no uniforme. Ninguna nación histórica puede ser uniforme. La uniformidad nunca surge de la historia sino del constructivismo, de la ingeniería social, del nacionalismo.

7ª.- Patriotismo racional, culto y lúcido. Las naciones históricas no han necesitado de los nacionalismos, pero como obras humanas son débiles y quebradizas, lo que requiere que la sociedad española se integre en una argamasa de afectividad y de racionalidad, de patriotismo.

He aquí el gran problema de España derivado de un nacionalismo desmesurado promovido en la primera mitad del siglo XX. Se hace necesario recuperar un patriotismo racional y culto, ajeno a las sensiblerías, y a los apasionamientos huecos que han llevado a las actuales generaciones al rechazo no ya de lo estrambótico sino también de lo necesario, como es un patriotismo racional fundado en la necesidad de España y en el reconocimiento de los enormes valores éticos y culturas de que es depositaria.

Vídeo de presentación del libro “Historia traicionada”

De otra parte, el autor de la obra comentada, presenta su refutación del nacionalismo, también en siete claves:

1º.- Los vascones no fueron el pueblo originario del País Vasco, llegaron cuando ya estaba habitado por diversas tribus (várdulos, autrigones, caristios, berones, cántabros, etc.).

2ª.- No existe traza de soberanía originaria en las tribus vascas que cuando surgen a la historia, aún sin ser un pueblo sino un conjunto de tribus, ya habían estado bajo soberanía asturiana, después navarra, consolidándose la soberanía del reino de Castilla en el último tramo del siglo XII. Así que se inicia la institucionalización del País Vasco en el siglo XIII, con la creación de villas por los reyes castellanos, y en los siglos XIV y XV, mediante la promulgación de Cuadernos de Hermandad, y del Fuero de Vizcaya, todo ello, sustancialmente, bajo derecho castellano.

La soberanía originaria del pueblo vasco es un mito sin fundamento.

3ª.- No existe traza del denominado hecho diferencial vasco. No es posible referirse al País Vasco sin España y viceversa. Ni siquiera el vascuence lo es, porque en la protohistoria fueron las lenguas indoeuropeas las utilizadas en la zona y desde el acceso a la historia de aquellas tribus se consolidó el bilingüismo (latín vulgar-romance castellano y vascuence), con el castellano como lengua útil.

4ª.- Los derechos históricos, entendidos como un imperio meta-constitucional inderogable, son un concepto inespecífico además de imposible en la Civilización Occidental. El derecho conocido en el País Vasco es, fundamentalmente, derecho castellano y en parte navarro-aragonés.

La actual autonomía del País Vasco lo debe todo a la Constitución de 1978 y muy poco a su historia que, por otra parte, era historia castellana, en muy gran medida, porque con anterioridad al siglo X en el País Vasco aparece la noche de los tiempos que sabemos se desarrolló en un escenario tribal del que no hay noticia.

5ª.- La foralidad fue un instrumento jurídico de los reinos cristianos, que se agotó primero con el Decreto de Nueva Planta y, definitivamente, con el constitucionalismo decimonónico. En todo caso, la foralidad nunca supuso soberanía, sino que fue un instrumento necesario de los reyes para gestionar sus amplios territorios. La foralidad era un cesión que hacía el poder real de su jurisdicción y su autoridad en favor de señoríos y villas, pero jamás supuso la cesión de la soberanía, como se prueba ampliamente en el trabajo comentado.

6ª.- El Concierto económico no es un derecho histórico, ni siquiera es un sistema foral tradicional, es una transferencia posforal de la potestad originaria del Estado en materia tributaria, a tenor de los artículos 133 y 138 de la Constitución de 1978.

7ª La tragedia vivida por los ciudadanos vascos a los largo de más de cuatro décadas, en las que imperó el terrorismo, la coacción y el adoctrinamiento, exigen de un proceso de sanación por la verdad.

No es posible blanquear el pasado de intolerancia y sangre, porque el futuro de los vascos y, en definitiva, de todos los españoles, siempre estaría manchado de ilicitud.

Es necesario abrir las ventanas de la sociedad vasca a la verdad. Hoy es una sociedad átona, sin el pulso de la pluralidad, monocorde, con el único soniquete del pensamiento único, y silente, porque media sociedad discrepa con el silencio.

Historia Traicionada es un trabajo soportado por abundante doctrina historiográfica y jurídica, que pone ante el lector la irracionalidad que han supuesto tantas concesiones injustificadas, hasta el extremo de condicionar el texto constitucional con pretensiones imposibles, carentes de virtualidad jurídica, son la pica en Flandes de la permanente reclamación.

En definitiva, se ha aceptado, de facto, la inconsistente interpretación nacionalista de la historia, por aquello de que “por la paz una Avemaría”. Este libro pretende ser un grito de alarma y de ánimo para que los ciudadanos se reconozcan miembros de una Nación preñada de historia, foco cultural incuestionable de la que no sentirse orgullo sería estúpido y suicida, porque está comprobado que en las dos regiones donde se ha dado pábulo al nacionalismo contrahistórico, los ciudadanos que en ellas viven tienen menos libertad individual que el resto de los españoles- Cuanta menos España, menos libertad, es axiomático.

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