París ante el proceso de Burgos, 1970

Se cumplen 50 años del proceso de Burgos

París ante el proceso de Burgos, 1970
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.
Publicidad

El sindicato CGT inauguró su campaña de solidaridad con los presos del proceso de Burgos con una media hora de huelga, de 12 a 12 y media. Dos españoles, ante la indiferencia de sus compañeros, pidieron que se hiciese esa huelga, y se les respondió: «Si queréis hacer huelga, id a Burgos». Y los dos españoles, echándole lo que hay que echarle, se fueron a las doce al excusado hasta las 12:30, a dialogar amigablemente.

A las 12:45, el patrón subió al taller y preguntó por ellos. Con cierta sorna, los operarios le respondieron: «Están en el excusado».

Unos días más tarde, católicos franceses y comunistas españoles programaron una plegaria vespertina por los presos de Burgos en Saint Germain des Prés, en el corazón del  barrio latino. El cura vasco que tenía que dar su sermón en el acto religioso cogió la gripe. Y los españoles se sacaron de la manga un cura riojano: «Tú tienes tipo de vasco, eres de cerca, hala, prepárate un sermón, que tenemos que presentar al Cardenal de París para que lo revise». El riojano dijo que no: «A mí no me ha censurado Franco en España, y aquí ¿me va a censurar un obispo? ¡Ni hablar!».

Hubo que tragar, el Cardenal emborronó el sermoncito del reverendo riojano. Pero el riojano hizo caso omiso y dijo lo que creía que tenía que decir. 

Y el tal cura apareció en el telediario del día siguiente en un primer plano, con la consiguiente chufla de sus compañeros de trabajo, a la hora de la calva, el coñac de los currelas de aquellos tiempos en París.

Al día siguiente, Pompidou prohibió toda manifestación callejera que apoyase a los presos de Burgos.

Luego vino la pena de muerte para casi todos, luego el indulto del Generalísimo, luego la lucha armada de ETA, luego arrancó el principio del fin del franquismo que agonizó (o entró en coma reversible o irreversible, aún no lo sabemos).

Y aquella dictadura, que no quisieron erradicar los vencedores de la segunda guerra mundial de los años 40, se fue muriendo poco a poco gracias a la solidaridad de gentes del mundo entero, de los trabajadores españoles y sus huelgas, de la izquierda progresista de sotana o de buzo de trabajo. Y a la muerte absurda de tantas víctimas de ETA por un lado y del GAL, que todos se merecen nuestro respeto, porque todas aquellas muertes se pudieron evitar.

Pero ya estamos en democracia, y no es cuestión de repetir tantos recuerdos amargos…

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.