Varane

Permítanme expresar mi admiración por Raphaël Varane
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Cuando una persona ha alcanzado la cumbre de popularidad y de tiempo en las pantallas televisivas, de partidos jugados y de permanencia en el campo de fútbol el récord de ausencia de lesiones y de faltas cometidas en el juego, empieza a resultar un ser excepcional, un fuera de serie, un héroe del silencio y de la discreción.

Sobre todo, si el público le ve un día sí y otro también al lado de un futbolista tan extrovertido, dicharachero, agresivo en el juego y hambriento de protagonismo como un tal Sergio Ramos, capitán del Real Madrid, dueño de todos los disparos de penaltis y faltas que salgan y lo mismo en la selección nacional…

Son como el polo positivo y el negativo en electricidad, el bueno y el malo en el Oeste americano, el feo y el guapo, la voz y el silencio, el sol y la sombra, el gordo y el flaco.

No sabemos lo que pueden pensar de Varane los árbitros que dirigen los partidos en que él juega, ni los presidentes de su club el Real Madrid y de la Selección francesa, no se prodigan sus fotos en la prensa. Los delanteros de los equipos que juegan contra él no se suelen quejar de faltas o entradas peligrosas recibidas de un hombre que parece respetar religiosamente a sus rivales en el juego. Tampoco tienen problemas con él ni los árbitros ni los medios informativos.

Es muy posible que Varane se extrañe de que un periodista como el que escribe se esté ocupando de él para elogiarle y ensalzarle por su hombría, su discreción y su caballerosidad en el ejercicio de su profesión en el que ha demostrado un gran empeño y maestría y en no hacer ruido.

Uno desearía que todas las personas fuésemos capaces de guardar silencio y centrar todo nuestro esfuerzo en hacer bien nuestro trabajo. En no pasar la vida pregonando nuestra mercancía como afiladores y paragüeros o como capadores de otros tiempos por plazas, calles, carreteras y campos de Castilla.

Uno echa de menos en la vida política, eclesiástica, laboral, empresarial, económica y financiera personas que solo abran la boca cuando tienen algo que decir, y pregonen a diestro y siniestro la mayor mentira que suelen pregonar: “YO ESTOY ACTUANDO CON RESPONSABILIDAD Y CON SERIEDAD, CON COMPETENCIA Y DESAPASIONADAMENTE, ME MUEVEN EL INTERÉS DE MI PATRIA, DE MIS COMPATRIOTAS Y DE LA HUMANIDAD ENTERA”. Etcetera, etcetera, etcetera…

Yo sabía justamente el apellido de Varane y que es francés de nacionalidad, y nada más. De Sergio Ramos sé que es de Camas, Sevilla, algo de sus abuelos, algo más de sus padres, mucho de su historial deportivo, de sus goles y penaltis, de sus faltas, tarjetas amarillas y rojas, entrevistas con el presidente del Real Madrid, arengas a sus compañeros de juego, ideas personales sobre casi todos los demás, etc, etc, etc…

Para saber algo de Varane he tenido que recurrir a internet, y gracias a ese instrumento informativo me entero de que es de la Martinica, una isla del Caribe, que empezó a jugar en el Lens, en el norte de Francia, que nació en la década de los 90, y poco más. Gracias, Varane, eres mi ídolo en lo deportivo, y en lo humano te veo como un gran tipo.

A todo el mundo mis respetos y que cada uno viva su vida como mejor le parezca. Pero permítanme expresar mi admiración por uno de los personajes más discretos que pueblan la faz de la tierra. 

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