El cambio climático mata

Por
— P U B L I C I D A D —

Podría tratarse de una de esas “boutades” u ocurrencias en una conversación informal, por alguien alejado de la Ciencia desde sus primeros momentos, pero se trata de un nuevo “mantra” soltado por el presidente del Gobierno en un acto institucional, siguiendo instrucciones de esos centenares de asesores que se le atribuyen o desde cualquier otro centro real de poder globalista ligado a las agendas 2030, 2050, etc.

Naturalmente que existen muertes en la Naturaleza ligadas a las condiciones ambientales, tanto por exceso como por defecto, dentro de ese complejo mundo que llamamos “clima”, donde la estrella origen del sistema solar a que pertenecemos tiene un gran protagonismo, que unos y otros tratan de esconder achacando cualquier cosa al “cambio climático” que existe en la Tierra desde su formación, enfriamiento y movimientos alrededor del Sol (da bochorno tener que recordar el “plan antiguo” de Bachillerato e incluso la Enciclopedia, donde ya se estudiaban estas materias).

“Datos contra relatos” es una frase que apunta directamente contra quienes pretenden utilizar la Ciencia a favor de sus propios intereses y que, recientes cambios en los organismos oficiales solventes parecen orientarse a favor de la manipulación institucional de los datos que contradicen o al menos no confirman los “relatos” oficiales.

Pues bien, todo es tan simple como molestarse en buscar datos referentes a esa estrella a la que debemos la vida (y en ocasiones también la muerte), que desde hace miles de millones de años, es la causante de nuestra existencia en la Tierra, de sus procesos evolutivos, de las diferentes condiciones ambientales en los distintos lugares de su geografía, de la especialización y sus “nichos ecológicos”, de la transformación de sus materiales, de sus elementos y de las masas continentales que forman la corteza terrestre, de las transgresiones y regresiones marinas, etc. etc. Todo ello perfectamente conocido y estudiado desde hace cientos de años y, al parecer, descubierto en esa brevísima “historia” de estos años por la ignorancia bobalicona del globalismo y sus redes de propaganda mediática (que son muchas).

Así, en los informativos y programas televisivos, se echa en falta alguna referencia al Sol y su actividad permanente (como todas las estrellas), que se ha “parcelado” en regiones solares con diferente tipo de actividad, pudiéndose seguir diariamente gracias a la tecnología. Como ejemplo, el lunes 25 de julio se detectaba la siguiente actividad solar:

región 3059.- 1 mancha solar con radiación “alfa” (mancha solar unipolar)

región 3060.- 5 manchas solares con radiación “beta” (bipolaridad)

región 3062.- 1 mancha solar con radiación “alfa”

región 3063.- 1 mancha solar con radiación “alfa”

región 3064.- 4 manchas solares con radiación “beta”

región 3065.- 4 manchas solares con radiación “beta”

región 3066.- 3 manchas solares de radiación “beta”

Es sabido que el número de “manchas” está directamente relacionado con las erupciones o eyecciones de la “masa coronal”. Así el día 22 de junio de 2022, “se detectaba una mancha solar gigante (AR.3038) con un tamaño triple al de la Tierra, que podría emitir fuertes radiaciones solares de la clase M (llamarada fuerte) en un futuro próximo. La mancha duplicó su tamaño en 24 horas”. Asimismo, parece que “el Sol ha estado particularmente activo esta primavera pasada, enviando muchas erupciones clase M (llamarada fuerte) y clase X (llamarada grande) a medida que crece la actividad en el ciclo regulador del Sol de once años”.

Está claro que las llamadas “olas de calor” o “efemérides” no responden a la actividad terrestre sino a la actividad solar, al igual que las “estaciones” responden al ciclo orbital del planeta alrededor del Sol y a los movimientos de la Tierra en relación con su eje, donde un solo grado puede alterar las condiciones climáticas de todo un hemisferio.

Por su parte, la inexistencia de tales manchas solares (sólo 19 días en los últimos 365 y un solo día en el año actual) demuestran los efectos de la actividad solar sobre nuestro planeta, donde el último día sin manchas fue el 8/6/2022. Los hechos últimos más relevantes registrados son:

-evento clase X (X1.5) el día 10 de mayo de 2022

-evento clase M (M1.4) el día 16 de julio de 2022

-tormentas geomagnéticas (Kp5. G.1) el 23 de julio de 2022

Tales “eventos” suelen tener una duración escasa. En el día aludido vemos: “región 3058: B8.5.- Inicio: 07,02; Máximo: 07.12; Fin: 07,21; C1.4.- Inicio: 08,22; Máximo: 08,33; Fin: 08,39; B9.- Inicio: 13,15; Máximo: 13,32; Fin: 13,45”.

Asimismo, el pasado 31 de marzo se registraban 17 erupciones de una sola mancha solar, en forma de una gigantesca “erupción caníbal” que -al parecer- se dirigía a la Tierra a más de tres millones de kilómetros/hora, provocando en ella una tormenta geomagnética (G.3). También -según lo publicado- el día 3 de abril de 2022, se abrió un “cañón de fuego” en la superficie del Sol de 20.000 km. de profundidad y diez veces más de longitud, liberando una poderosa tormenta de radiación que llegó a la Tierra entre los días 6/7 siguientes.

Como podemos apreciar, las vacuas declaraciones políticas sobre el clima deberían estar sustentadas por informaciones más rigurosas que, además, están al alcance de cualquier interesado (“Space Weather Live.com”), con el aval de las agencias especializadas. La “lucha” contra el clima sólo encubre ignorancia o intereses (económicos siempre como el impuesto al CO2).

Quizás con sólo media docena de asesores sería suficiente para no decir obviedades o estupideces que los dejan muy mal ante los ciudadanos.

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