¿Y si hubiera sorpresas electorales?

Por
— P U B L I C I D A D —

Con el día de reflexión por delante y el conocimiento de las últimas encuestas cocinadas desde las empresas demoscópicas, parece que el bipartidismo cede espacio finalmente a una opción de cuatro formaciones, repartiéndose los resultados electorales del próximo domingo entre PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, obviando de partida a otras como UPyD o Unión Popular/Izquierda Unida, así como a los siempre presentes partidos nacionalistas o regionalistas.

Fruto de esto han sido los debates restringidos y, como siempre, el desigual e injusto reparto de espacios electorales, subvenciones y oportunidades que prevé la legislación electoral. Asimismo, se mantiene el privilegio de partida para las dos grandes formaciones bipartidistas en lo que se refiere al sistema electoral por circunscripción provincial. Esto supone discriminación y agravios comparativos que pervierten finalmente los resultados, por el número de votos que requiere cada escaño para unas u otras formaciones políticas.

A partir de ahí las quinielas están abiertas y cada cual anticipa sus pronósticos confundiendo muchas veces deseos con posibilidades, cuyo abanico va mucho más allá de las previsiones publicadas, donde ya se anticipan posibles coaliciones de gobierno en la línea más clásica (izquierdas y derechas) en las que no caben otros matices o visiones diferentes.

En esta forma —digamos clásica— se augura por unos la coalición del Partido Popular (previsible ganador) con Ciudadanos (previsible apoyo al PP) y por otros la del Partido Socialista (ahora socialdemócrata) con Podemos (también tildada o etiquetada como tal). De esta forma todo vuelve a su orden original y se mantienen las condiciones de siempre aunque, en este caso, se presenten como una “derecha A” y una “derecha B” o una “izquierda A” y una “izquierda B” obligadas a colaborar, aunque sólo sea para mantener un bipartidismo imperfecto.

Por otra parte, las declaraciones de los líderes “emergentes” parecen negar de entrada tal posibilidad y sólo se plantean la victoria como objetivo. Una cuestión que, desde fuera, parece improbable por la ventaja de salida del PP y del PSOE y, no puede negarse, la tendencia general al “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. El miedo al cambio en una sociedad que es profundamente conservadora (a pesar de las apariencias), sólo permitiría dar un tirón de orejas o de castigo al bipartidismo pero sin renunciar a él en lo esencial, todo lo cual supone simplemente lastrarlo en su apoyo pero dejando que continúe. Este es un panorama que da cierta tranquilidad a quienes un vuelco electoral obligaría a reposicionarse para seguir gozando de privilegios.

Ahora bien ¿qué ocurriría si el sentido del equilibrio en el reparto de fuerzas se extendiera un poco más y los supuestos fracasos de UPyD e Izquierda Unida no fueran tales? La primera de estas formaciones tiene en su haber una posición política transversal equivalente a la de Ciudadanos en la mayor parte de las cuestiones pero, sobre todo se presenta con caras igualmente nuevas y con bastante experiencia parlamentaria. Una situación muy parecida también a la nueva Izquierda Unida con líderes diferentes a los anteriores y un discurso de gran empatía social.

Podría darse el caso entre los muchos votantes indecisos de otorgar su voto y su confianza a cualquiera de las dos haciéndolas remontar sus malos pronósticos. Imaginemos que esa remontada los lleva a convertirse en verdaderas “bisagras” en el reparto de escaños y en la consiguiente formación de gobierno con alcanzar resultados de hasta el 10% en lugar de su aparente extinción.

Siguiendo con este juego de pronósticos, me atrevo a adelantar en este caso unos resultados brutos como los siguientes:

Partido Popular (PP).- 15/20%.- Conservadores socialdemócratas

Partido Socialista (PSOE).-15/20%.- Socialdemócratas conservadores

Podemos.- 15/20%.- Socialdemócratas transversales

Ciudadanos.- 15/20%..- Socialdemócratas liberales y transversales

Unión, Progreso y Democracia (UPyD).- 5/10%.- Socialdemócratas moderados

Izquierda Unida (Unidad Popular).- 5/10%.- Socialdemócratas flexibles

Con este panorama de base que hemos tratado de situar en el espectro político clásico, podría deducirse que existe una sola corriente política con el común denominador de la “socialdemocracia” o, lo que es lo mismo, con una misma línea de subordinación del ciudadano a sus administraciones públicas (no en vano todos ellos pretenden ser administradores), con un claro predominio de las cuestiones sociales del que se ha llamado “estado de bienestar”, lo que se parece en buena parte a la oferta de vehículos diseñados por ordenador, en los que se echa en falta cualquier atisbo de originalidad. Unos enmascaran sus preocupaciones sociales a través de vías privadas (fundaciones y patrocinios) y otros parece que apuntan a vías públicas de administración de las necesidades sociales y el predominio de organizaciones sociales (sindicatos y organizaciones sociales) para su cumplimiento. En todos los casos sin enfrentarse al gigantismo administrativo y político que ahoga la sociedad civil en España y manteniendo en esencia las mismas cargas sobre el ciudadano.

Podemos pues imaginar las siguientes combinaciones, coaliciones y apoyos:

  1. de corte clásico: PP / Ciudadanos / UPyD frente a PSOE / Podemos / IU
  2. de corte más clásico: PP / PSOE (la “gran coalición”)
  3. de corte transversal: Ciudadanos/Podemos/UPyD/ IU

En todos los casos, la inexistencia de mayorías absolutas llevaría aparejado ese fantasma que tanto se agita de la supuesta “ingobernabilidad” o, dicho de otra forma, la imposibilidad de ponerse de acuerdo para que se produzca una investidura (al igual que ocurre en Cataluña) o se creen unas condiciones nuevas de funcionamiento parlamentario con mayor presencia de las distintas “sensibilidades” y mayor pluralismo. Pero, una vez conseguido un hipotético apoyo para gobernar, podemos encontrar dos formas diferentes de hacerlo:

  1. Desde el mantenimiento de las estructuras tradicionales y la desigualdad política y social, con leves retoques cosméticos (sistema lampedusiano de supuesta regeneración política).
  2. Con el cambio en profundidad de las instituciones públicas, con reajustes en el sector público determinantes y, sobre todo, con un sistema más justo y sin privilegios, discriminaciones ni agravios comparativos.

A los electores se les presenta un buen reto para decidir.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.