Y, ahora ¿qué?

Y, ahora ¿qué?
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Después de las elecciones del 28 de abril, los partidos fueron incapaces de ponerse de acuerdo. Los políticos no supieron dar respuesta a los graves problemas del país. Sociales, económicos y políticos, incluido el territorial. En lugar de resolverlos, maniobraron cada uno por su cuenta conscientemente hacia la inevitabilidad de unas nuevas elecciones, estas que acabamos de celebrar el 10-N.

Ahora tienen un nuevo mandato extraído con fórceps al electorado. Muchos manifestaron su mal humor con la abstención, o el voto en blanco, y otros, con paciencia de Job, volvieron a votar lo mismo o cambiaron de opinión. Merecían los políticos la devolución de un panorama semejante en dificultad al anterior. Son ellos quienes deben resolver los problemas de los ciudadanos y no estos los fracasos de los políticos.

Por segunda vez en apenas dos años y medio estos políticos han forzado a los españoles a volver a las urnas por su incapacidad. No fuimos en 2016 a unas terceras elecciones como consecuencia del “No es No” de Pedro Sánchez porque en el seno del PSOE se produjo una reacción que desmontó a su Secretario General facultando una abstención constructiva para permitir una gobernación de España.

Sánchez descartó entonces, incluso, alguna fórmula que permitiese mantener un “no” al partido de Mariano Rajoy por la entonces insultante corrupción del PP sin impedir la única posibilidad de gobernabilidad que había como hubiera sido que el grupo parlamentario socialista votase negativamente la investidura de Rajoy, pero con las suficientes ausencias o abstenciones de sus diputados para evitar un bloqueo político del país. ¿Hipocresía? No. Sentido de la responsabilidad, subrayando, asimismo, que se hacía para evitar unas terceras elecciones, eso sí, tapándose la nariz.

Ahora, tras este 10-N, volvemos a ese punto en el que ya estuvimos en el otoño de 2016. Ya tienen los políticos su empeño de críos malcriados. Hay que esperar que la filosofía del “No es No” no se reproduzca por parte de nadie, aunque, paradójicamente, pueda ser Sánchez el beneficiado. 

Junto a la necesidad de tener una gobernabilidad proyectable a medio plazo que ha de resolverse con pactos de coalición, o parlamentarios, que permitan una Investidura y un gobierno,está la imperiosa necesidad de lograr una solución política en Cataluña. Ello requiere acuerdos que son más amplios que los de la gobernabilidad diaria.

Hace falta un gran sentido del Estado por parte de políticos que no lo han tenido últimamente. Es evidente que solución inmediata no hay en Cataluña mientras perdure el enconamiento, así como la irresponsabilidad y la violencia (lo es intimidar al prójimo por no ser independentista) por parte de unos separatistas que no quieren respetar las reglas políticas que ellos mismos se dieron cuando aprobaron masivamente en su día en el Principado la Constitución y el Estatuto catalán.

La condenada por las ilegalidades producidas durante el “procés”, Carmen Forcadell, dio un paso en la buena dirección al admitir recientemente que los secesionistas no tuvieron en cuenta a los que desean en Cataluña seguir siendo españoles. En este sentido, parece evidente que los independentistas tendrán que aceptar una postura común teniendo en cuenta a los otros catalanes y, asimismo, a los todos los españoles (las dos cosas).

Por otra parte, convendría que los constitucionalistas fuesen también capaces de desarrollar una postura común porque cuando PSOE, PP o C’s ofrecen soluciones dispares y hasta contradictorias (peleándose por ello, sin pudor alguno), evidencian diferencias profundas que solo benefician a los independentistas. En Barcelona hay que tener en cuenta a todos los catalanes y en Madrid deben cesar las divisiones cortoplacistas para arañar puntos en los sondeos.

Finalmente, el resultado electoral refleja el enfado popular mediante importantes cambios de voto, una mayor abstención y un fortalecimiento del nacionalismo/separatismo. ¿No debieran marcharse a sus casas los líderes más responsables de ello? ¿Sánchez? ¿Iglesias? ¿Rivera? Sus combinadas incompetencias han aupado al PP y, sobre todo, a Vox. Lo primero es democráticamente aceptable, lo segundo inquietante.

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