¿Y ahora, qué?

Por
— P U B L I C I D A D —

Resulta siempre complicado realizar una análisis desapasionado del resultado electoral para el Parlamento Europeo, como demuestran las muchas opiniones teñidas de simpatías ideológicas de la mayor parte de los ciudadanos. En unos casos se minimiza la importancia y en otros se la exagera según el color del cristal con que la miremos.

Como institución europea, el Parlamento de la UE es la encargada de las tareas legislativas que van a afectar a todos los ciudadanos englobados en esa teórica “unión”, marcando con sus disposiciones y directivas el ritmo o las pautas de sus vidas. Por eso lo primero que llama la atención es el gran porcentaje de abstención de estos ciudadanos que —al parecer— no se sienten concernidos por una consulta de esta importancia, sobre todo contando con un amplio abanico de opciones variopintas con las que podrían identificarse. La única explicación radicaría en lo que se conoce como desafección política en general y su conclusión sería que algo no marcha muy bien en todo el espectro político europeo.

Los partidos, como fórmula intermedia de representación política no cumplen con sus fines: no representan más que a sus cúpulas, bien atrincheradas en un sistema de organización y funcionamiento interno que controlan férreamente, tanto en España como en el resto de los países del mundo globalizado. La gente se ha dado cuenta de que sus intereses, preocupaciones o problemas no tienen mucho que ver con las políticas que finalmente se realizan desde la gran dependencia internacional de la globalización. En definitiva, el sistema de participación política y representación en que se basa una democracia real, no existe por la bunkerización de los partidos en su endogamia de intereses particulares, el nulo debate interno y la confusión entre supuestos líderes que tutelen y programas políticos fruto del análisis riguroso.

Los votantes europeos están escarmentados y hartos de su manipulación electoral y política, en el rito periódico de acudir a las urnas sólo cuando los gobiernos consideran oportuno. Mientras tanto, se elaboran listas cerradas de afines con el único objetivo de cubrir compromisos personales y los partidos en general, siguen su caída libre complacidos en ese cortoplacismo de aguantar lo que se pueda.

Pero ¿qué tipo de sociedad hemos construído? Desde luego ninguna donde la solidaridad ciudadana o el compromiso político altruista aparezcan casi. Un solo objetivo parece presidir a la sociedad del siglo XXI: el dinero. Mientras la fiesta de créditos y subvenciones duraba parecíamos haber conseguido la arcadia feliz de ganar dinero para consumirlo a continuación sin criterio propio. Cuanto más bajo es el nivel social y cultural, más incidencia tiene el dinero. Valga también esto para muchos ejecutivos de salarios blindados extraídos de las cajas empresariales. Las anécdotas a veces reflejan más fielmente la realidad social: Feria del Libro en Madrid; los cientos de casetas tienen también cientos de autores dispuestos a firmar. ¿Donde se produce la cola mayor de ciudadanos dispuestos a aguantar un par de horas por lo menos para conseguir la firma del autor? En la de un programa de televisión de cocina. ¿Somos pues cómo nos retratan las series “cutres” de televisión donde se disparan las audiencias y con las que nos entontecen?

Si no reconocemos lo que somos realmente y a lo que aspiramos como colectivos o personas, mal pueden establecerse unos proyectos de futuro político. En un gran porcentaje social la mayor parte de los ciudadanos dice que se preocupa por el paro ¿como realización personal o por el simple hecho de obtener rendimientos económicos para consumir compulsivamente? ¿Nos hemos convertido ( o nos han convertido) en una máquina de producir y consumir bajo el imperativo de poseer, en lugar de disfrutar o compartir?¿Hemos hecho una sociedad egoista que sólo se mira el ombligo dispuesta a hacer dejación de su libertad a cambio de eso que llaman “seguridad” y que se trata de comodidad pura? ¿Somos simples corderos para quienes quieran pastorearnos o pasamos ya de todo lo que nos afecte?

La clase política o “casta” no es algo que se improvisa para aprovecharse de una situación de privilegios e intereses espurios. Está formada por todos los que decidieron ocupar el espacio dejado por los cómodos ciudadanos. Unos con buena voluntad quizá de trabajar en beneficio de los demás, pero otros muchos atraídos por las prebendas que ellos mismo se podían conceder. ¿Tienen ellos la culpa de haber ocupado esa tierra de nadie (pero que es de todos) de la política? ¿Tienen ellos la culpa de ser como son y haber traspasado esas esencias a la política?

Si nos ceñimos a España y sus resultados electorales ¿Tiene sentido el amplio porcentaje de abstención con el amplio abanico de propuestas? Evidentemente así lo parece. Más de la mitad del censo electoral sigue sin sentirse representado por ninguna de ellas. Desde las izquierdas a las derechas, pasando por los partidos llamados “transversales” o los dedicados a causas muy específicas, han fracasado electoralmente en esta convocatoria. De nada sirven los argumentos esgrimidos de falta de interés por Europa. ¿Quien tiene la culpa de ello?, ¿los gobiernos enrocados en la manipulación del consejo de Europa?, ¿la confusión y falta de pedagogía del proyecto de UE?, ¿la multiplicación absurda de instituciones con competencias cruzadas que siguen lastrando las libertades sociales con sus burocracias?. ¿Se han convertido éstas en un fin en sí mismas en lugar de un medio para las políticas comunes?

Tanto el PP como el PSOE como partidos acomodados al bipartidismo anterior por el colchón de millones de votos que los mantenían, cayeron en el error de creer que los apoyos son eternos y que bastaba la palabrería electoral cuando era necesaria para volver a recuperar lo perdido. Su bajada hasta la práctica mitad de dichos apoyos, ha sido un tirón de orejas considerable cuya lectura no resulta difícil. Tanto unos como otros habían defraudado, confundido y engañado con sus promesas y actos posteriores a millones de personas. Los argumentos de las obligaciones impuestas por Europa no son de recibo en clave puramente nacional. Europa no tiene la culpa de nuestra organización política y administrativa elefantiásica; Europa no tiene la culpa de nuestras legislaciones profusas y confusas que producen inseguridad jurídica; Europa no tiene la culpa de los muchos “entes” extrainstitucionales que, como se ha visto, han favorecido corruptelas y desaguisados presupuestarios; Europa no tiene la culpa de nuestros votos comprados desde las subvenciones y prebendas; Europa no tiene la culpa del mantenimiento de unas estructuras públicas que ahogan a los ciudadanos; Europa no tiene la culpa de tantos y tantos compromisos políticos y personales con las corporaciones privadas…

¿Y ahora qué? nos preguntábamos cuando la sorpresa sigue teniendo en vilo a los supuestamente más avisados. Ahora, la mayor parte de la sociedad indignada con sus administradores les ha dicho basta. Que el poder soberano sigue estando en el pueblo, en los administrados, que son los sujetos que constituyen el Estado; que las AA.PP. están para servir a los ciudadanos no para perseguirlos; que la política, las administraciones y todo el sistema debe estar para servir a la sociedad, no para servirse de ella.

Cada uno de los votantes indignados ha canalizado su voto con total libertad a formaciones emergentes o a las que todavía están vírgenes de asuntos turbios. Posiblemente no sea una decisión salida de la comparación de propuestas electorales, ni siquiera de una cierta racionalidad política, pero la Política nace y se desarrolla desde y en lugares diversos y desde los sentimientos de hartazgo y consiguiente castigo.

Causa risa como los que hace unos meses miraban con cierta conmiseración a ciertos grupos y organizaciones de pequeña entidad en sus medios y aparatos, como ahora siguen en su perplejidad y confusión, llevando a sus protagonistas a las portadas mediáticas. En el caso del movimiento “Podemos” no parecen darse cuenta ( ¿o sí?) de que ellos mismos estaban construyendo un liderazgo personal tal como había ocurrido hace unos años con la líder de UPyD. ¿Quienes y con qué razones ofrecen sus espacios mediáticos en un caso y en otro? La disgregación y la manipulación interesada del 15M, con posterioridad a su eclosión en 2011, no permitía —en principio— una presencia y tirón electoral como el ocurrido, donde la indignación se ha repartido en votos de un tipo y otro.

Tal como decíamos sobre el PP, el PSOE y su lectura de los resultados, ahora queda por conocer la solidez de las nuevas organizaciones y sus posibilidades reales de gobierno en un mundo tan interdependiente. Sería un error por su parte —como ocurre muchas veces— regodearse en el triunfo y no darse cuenta de a lo que obliga.

Europa sólo tiene dos posibilidades: o remar todos en la misma dirección para conformar el bloque político y económico que puede ser, o perdernos en discusiones bizantinas sobre soberanías desfasadas, burocracias lastrantes y eternas discusiones que agotan a los ciudadanos. El reto es para las próximas elecciones europeas: la elección de un sólo Parlamento legislativo, un sólo gobierno ejecutivo y una sola jurisdicción que afecte por igual, sin trampas ni privilegios a todos los países que forman ya su bandera. El resto de los tinglados nacionales, regionales, autonómicos o municipales, no parecen tener ya cabida en la nueva Europa. Y además resultan excesivamente caros.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.