¡Viva Honduras!

Serralaitz
Por
— P U B L I C I D A D —

A nuestro ministro del Ejército, el ahora Embajador en Londres Federico Trillo, se le fue la olla el año 2003 en aquella arenga a soldados salvadoreños, en la que soltó un ¡Viva Honduras!, en lugar del ¡Viva El Salvador! que correspondía al momento y a la circunstancia.

¿Despiste? ¿Menosprecio a un país y una geografía tan cercana a nuestra propia historia? ¿O quizá exceso de aprecio y simpatía por un trozo de América Central y su trayectoria política?

Quizá los hispanohablantes de este lado del Charco nos hemos distanciado exageradamente la que llaman «Nuestramérica» los hispanohablantes del otro lado del Charco, y a la que nosotros deberíamos llamar con afecto y respeto «Vuestramérica».

En todo caso, una cosa parece cierta, españoles y portugueses, tenemos quizá la tendencia a mirarnos en nuestros hermanos de ultramar como en un espejo, a ver en ellos un reflejo y una foto de nuestros vicios y virtudes, errores y aciertos. O sea que para fustigarnos o envanecernos a nosotros mismos pintamos en ellos todos nuestros infortunios o descarrilamientos.

Y así, para atacar eventuales ramalazos de populismo, ese «ismo» tan impreciso y plurivalente, nos subimos a la parra con lo de repúblicas bolivarianas, chavismo, Maduros, Correas, Evosmorales y demás.

O nos subimos a la parra y le gritamos al Chaves de turno aquel grosero sopapo: «¿Por qué no te callas?».

O, para ensalzar éxitos y aciertos del tan denostado neoliberalismo, nos damos un paseo por Colombia, el Chile de hoy (evitando, por si acaso vienen mal dadas, mencionar al Macri de Argentina, a la señora Fujimori del Perú, que quizá huelen un tanto a una derecha más bien extrema).

En este nadar y guardar la ropa de nuestra política exterior, en este aventurarse y hablar por hablar de nuestros medios informativos, los de este lado del Charco hemos dado en otorgar a Mario Vargas Llosa la categoría de Pontífice Máximo y Juez de la verdad suprema y el equilibrio perfecto. El flamante premio Nobel peruano pontifica ante sus fieles devotos desde las columnas de uno de los diarios más prestigiosos, a veces contra Cuba, las más de las veces contra todas las repúblicas bolivarianas, cargando las tintas especialmente en la de Venezuela, ahora contra su rival política en su Perú natal la señora Fujimori y su padre. O bien, según vaya evolucionando, contra el sindicalista ex-presidente Lula, su sucesora Dilma Roussef, el anuncio siniestro de unos Juegos Olímpicos de Río marcados por epidemias y revueltas populares…

Y ahí nos vemos retratados, con nuestras fobias y filias, nuestros problemas para formar gobierno y nuestra aparente ingobernabilidad del momento.

Curiosamente, en todas estas idas y venidas a través del Atlántico, los políticos españoles y los mass media guardan un silencio de muerte sobre el país al que vitoreó aquel castizo ministro del ejército Federico Trillo en el año 2003: un país en el que un golpe militar derrocó al gobernante democráticamente elegido Zelaya en 2009, cuyo dictador se ha fabricado unas elecciones fraudulentas denunciadas por la opinión pública internacional, que masacra sistemáticamente a líderes campesinos de comunidades indígenas, a periodistas y jueces, que ha saltado a las primeras páginas por el asesinato de la líder campesina Berta Cáceres y dos semanas después Nelson García, el país con más alto índice de pobreza del continente americano y mayor desigualdad social, con la cifra más alta de niños y adolescentes refugiados en Estados Unidos.

La prensa española, esta prensa que visita a diario Venezuela, Argentina, Perú, Colombia, México, etc. etc., guarda un silencio sepulcral sobre el régimen tiránico del presidente Hernández, que por cierto ha hecho cambiar la constitución para poderse presentar en 2017 a un segundo mandato.

Lo sentimos, hermanos de Vuestramérica. Ciertamente os merecéis recibir desde esta que a veces llamáis Madre Patria un trato de respeto, de comprensión por vuestros problemas y aspiraciones, de solidaridad.

Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.
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