¡Viva el referéndum manque pierda!

José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

La definición de referéndum lo define como un procedimiento jurídico por el que se somete a votación popular una ley o un asunto de especial importancia para el Estado. Es decir que como acto supremo del principio por el que se rige la democracia, cualquier asunto de especial trascendencia para el presente o futuro de una nación, permite al pueblo expresar su opinión de manera directa mediante llamada a las urnas. Se origina en Suiza en el siglo XVI para que el pueblo diera indicaciones a sus representantes sobre el sentido en que debían gobernar. Originalmente era creativo, pero con su evolución en USA y Francia, adquirió carácter aprobatorio o reprobatorio, pues sólo ratifica, aprueba o rechaza leyes o decisiones, pero no las crea. También y a modo de sinónimo pero con matices, se emplea el término plebiscito cuando se quiere consultar algo al pueblo. Originario de Roma, se creó para que las plebes (de donde toma su nombre) adoptaran y votaran resoluciones que les permitieran preservar y mejorar sus intereses ante la clase patricia y el Estado romano. El plebiscito, era de carácter creativo, pues creaba leyes y formulaba decisiones y resoluciones.

El concepto de referéndum fue modificado por los ideólogos de la Revolución Francesa quienes crearon su propia versión de esta institución democrática, la cual consistió en que el pueblo debía votar para aceptar o rechazar toda Constitución que se quisiera promulgar. Desde entonces, cualquier promulgación o modificación constitucional, suele hacerse mediante consulta popular, salvo que Angela Merkel tenga prisa y a Zapatero y Rajoy les afecte el síndrome merkelitis, que es una especie de gastroenteritis provocada por la ingesta de euros por encima de lo digerible o como diría el presidente del Gobierno en funciones, gastar euros por encima de nuestras posibilidades.

En España hemos tenido un referéndum en la época de Franco, aunque algunos crean que lo digo es bajo el efecto de algún psicotrópico lo cual trae como consecuencia cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento, pero no es así y se lo pienso demostrar con datos. Evidentemente era un referéndum trampa, pues uno de los principios para convocar un referéndum en una dictadura, es conocer el resultado final del mismo, antes de que este se produzca. El Referéndum franquista se celebró un 16 de diciembre de 1966 y sometía a sufragio la Ley Orgánica del Estado (LOE), aprobada en 1967 y con el 95,06% de los votos favorables. En aquella ocasión no había dudas ni de la participación, ni del resultado que supuso un “Si a Franco” como se podía leer en los carteles que ocupaban las principales calles de las ciudades españolas. Ya se sabe que los referéndums en aquella época eran como la actuación de un monologuista o bufón del régimen que para el caso era lo mismo, uno habla y los demás, o aplauden, o no vuelven. Este referéndum era para que una vez aprobado, se pudieran hacer las cosas cuando se quisiera pues solo entro en vigor en 1967 la modificación de la composición de las Cortes Españolas. La separación de la figura del Jefe del Estado con el del Jefe de Gobierno (que hasta entonces encarnaba Franco) no entró en vigor hasta 1973. Dicha LOE también consideraba la instauración (no restauración, ¡cuidado!) de la monarquía, si bien Franco también lo hizo años después, nombrando a Juan Carlos de Borbón como sucesor a título de rey, el 22 de julio de 1969 en un acto ratificado por las Cortes Españolas. Como se puede comprobar, en aquella época someter alguna cuestión a referéndum implicaba un ya lo haré cuando me parezca, muy propio del entonces inquilino de El Pardo.

El siguiente referéndum fue sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política que tuvo lugar en España el miércoles 15 de diciembre de 1976 para cuestionar a los españoles sobre la aprobación o no de la Ley para la Reforma Política aprobada en las Cortes. La pregunta planteada fue: « ¿Aprueba el Proyecto de Ley para la Reforma Política?». El resultado final fue la aprobación del proyecto, al recibir el apoyo del 94,17% de los votantes. Al referéndum acudieron a votar el 77,8 por ciento de los electores. Había pasado poco más de un año desde la muerte del dictador, las inercias continuaban y los españoles en masa dieron un respaldo total cambiando el “Si a Franco”, por un “Si a Adolfo Suárez” en lo que era el inicio de la voladura del antiguo régimen. Solo un hombre nacido de las filas del Movimiento, podía ser capaz de sacar adelante una ley que suponía el harakiri de los entonces procuradores en cortes.

Pero los referéndums se hacen para ganar siempre, salvo en caso de que seas suizo donde desde 1848, se han realizado cerca de 600 referéndums a nivel federal, o seas tonto como David Cameron y lo pierdas. Este político inglés le cogió gustito a lo del referéndum después de someter a consulta la independencia de Escocia, donde con un amplio margen del 55,3%, frente a un 44,7%, quedo desechada la secesión de dicho territorio del Reino Unido. Ante esta situación triunfal y sintiéndose un ganador nato, va y convoca ni más ni menos que una consulta popular sobre la permanencia o no de su país en la Unión Europea (UE) y sale un 51,9% que deciden dar el portazo y marcharse de los dominios de los perversos europeos del continente. Ellos que conducen al revés que en toda Europa, tienen su propia moneda, la gasolina la ponen por galones, cuentan por millas y yardas, y además tiene una familia real que forma parte del folklore turístico y mediático, dicen que ya están hartos de lo europeo, como si aquí hubiésemos hecho cambiar sus costumbres, aunque yo creo que de verdad, nunca se han sentido identitarios de tal alianza.

Cameron tenía que haber venido a España y haberse reunido con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, para preguntarles como se hace para que las bases de sus partidos llamadas a consulta sobre las coaliciones, apoyen con resultados a la soviética lo que dice el líder. Ahora tiene el problema el premier británico que ni Escocia, ni Gibraltar quieren estar fuera de la UE y se le pueden ir de las manos dos de sus santuarios europeístas. En definitiva que lo que el Tratado de Utrecht, ha unido, tal vez Cameron lo pulverice y aquello de Gibraltar español sea una realidad más cercana por puro interés de los llanitos.

En Cataluña entre conspiraciones y hogueras de Sant Joan, ya han tomado buena nota y algunos con flequillo y gafas, o con Mas o menos sonrisa, se plantan ante el Brexit y esperan acontecimientos para ellos tomar partido, no sea que con la confusión, al final se vayan con los que querían el Brexit y los integren como estado libre asociado ubicado donde antes estaba Edimburgo, en una permuta en la que Escocia ocupe la geografía de Cataluña para seguir en Europa. Al final tal vez el resultado del referéndum devuelve el Peñón al país de origen y Fabián Picardo, Ministro Principal de Gibraltar, se hace socio del Betis manque pierda que eso ya sabe lo que es.

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