
«¿Qué es la democracia? Sartori distingue entre una definición prescriptiva y otra descriptiva de democracia. La prescriptiva es lo que debería ser la democracia, su deber ser, y la descriptiva es lo que es, su realidad. La distinción es fundamental por la introducción de ambos matices en la definición de democracia. Tras esta interpretación, podemos señalar que sin el elemento prescriptivo no sabemos hacia dónde va la democracia, cuáles son sus objetivos; y si no describimos su situación, tampoco sabemos en dónde está en relación con su deber ser».
En el imaginario político hemos venido usando la idea, el concepto de que el gobernante es algo así como un padre (político gobernante, de ahí, Padre de la Patria) que es elegido para cuidar al pueblo como lo haría con sus propios hijos. La benevolencia del progenitor debería tener como fundamental misión hacer que las decisiones y normas que dicte sean obedecidas de buen grado pues no debe de dudarse de que las toma en beneficio de toda su descendencia, aplicando este concepto o norma del sistema político democrático deberíamos de entender y aceptar que debe de ser para beneficio de los votantes que lo eligieron y de los demás ciudadanos del país. A pesar de la vigencia casi universal de esta imagen, queda fehacientemente demostrado que los poderosos no siempre actúan movidos por el interés de cuidar y servir a sus condiscípulos, es este un hecho evidente aquí y en toda nuestra historia; Rousseau en «El contrato social» daba un enfoque a esta idea diciendo que efectivamente los padres actuaban, la mayoría de las veces, por el bien del menor pero que el gobernante ordena por el placer del mando y no tiene jamás similar afecto que el que un progenitor experimenta por sus descendientes: ¿qué padre organizaría actos y guerras para que se matasen sus vástagos? No cabe duda de que la figura del «soberano-padre» es poderosa y por lo tanto motivo por el que deberíamos hacer un análisis sobre ella. Démosla por cierta; aun así y dadas las circunstancias actuales hagamos una reflexión sobre ella. ¿Qué es lo que un padre o madre benevolente desean para sus hijos? ¿Sumisión eterna incondicional o que adquieran las facultades necesarias para ser autosuficientes? Ciertamente, si los que detentan el poder lo hacen con el objetivo y el afán de mejorar la sociedad pondrán los medios para que los gobernados lleguen a ser capaces de autogobernarse y dejar de necesitar su tutela. La democracia es una forma degobierno en la cual existe la participación popular donde los ciudadanos pueden elegir y controlar, de manera directa o indirecta, a los gobernantes que los representan. Esa es precisamente, como idea, el fin del gobierno del pueblo: que la élite gobernante y los gobernados confluyan hasta confundirse, llegando el pueblo a gobernarse directamente a sí mismo sin intermediarios. En esencia, este es el significado estricto del término «Democracia» plenamente coincidente con el sentido etimológico de la propia palabra. Por el contrario, los proclamados sistemas democráticos en el mundo actual proponen medidas económicas, redactan leyes, pactos migratorios, planes educativos y un sinfín de promesas irrealizables, pero son escasas las propuestas encaminadas a profundizar sobre la democratización para poder construir sociedades más participativas. Actualmente se les niega a las sociedades un mayor nivel de información y preparación con el claro objetivo de facilitar su manipulación y control.
La democracia se presenta ante nosotros encorsetada, dirigida, como algo ya dado y no como un proyecto que debe ser desarrollado; esto demuestra claramente la falta de fundamento ideológico de nuestros actuales sistemas políticos y de los personajes que los detentan ya que, sean llamados democráticos o de cualquier otra manera, sus objetivos son los mismos: mejoramiento material en la organización y producción sistemática, siempre para el propio beneficio de los designados y de las elites dominantes olvidando cualquier proyecto de perfeccionamiento político en beneficio de la totalidad de los gobernados.
Dadas las circunstancias actuales nos debemos preguntar ¿Es posible realizar el ideal democrático? ¿Realmente puede la masa autogobernarse? Una observación desprejuiciada de la historia y de la actualidad política más inmediata que estamos viviendo, con toda probabilidad, nos lleve a contestarnos de forma negativa. Desde los mismos orígenes de la democracia en Grecia, muchos autores dudaron de la capacidad de los más para gobernarse a sí mismos. La reiterada experiencia sobre la infinidad de demagogos que seducían impunemente al pueblo en asambleas para llevarlos al desastre se repetía con bastante frecuencia en las polis helenas. La masa es fácil de engañar y dirigir con mensajes simplistas, ilusorios y tergiversados, o bien, creando un estado de opinión determinado donde se repite el mismo mensaje de diferentes maneras. Aunque lo lógico, lo deseable es pensar que la masa optara por su propio bien, la historia de la humanidad está llena de ejemplos en donde esta colaboro pasivamente por su destrucción u optó y justificó la destrucción de otras naciones vecinas. A día de hoy no parece que se hayan hecho muchos progresos desde los tiempos de Cleón a este respecto. Cleón fue jefe del partido popular en la antigua Atenas, conocido por ser un adversario de Pericles.
Si desapareciesen las estructuras que oprimen la soberanía popular, debemos pensar que no duraría mucho un sistema de autogobierno, sino que pronto devendría otro tipo de orden represor similar al actual. En las pocas ocasiones que la masa tiene para actuar y expresarse lanza mensajes que no favorecen el optimismo sobre su capacidad para el autogobierno; un ejemplo paradigmático y actual es el auge del fascismo en Europa que parece que volverá a tomar el poder con la fuerza de los votos Es algo que ya hemos conocido repetidamente a lo largo de la historia.
El ser humano no es algo inacabado sino algo que se construye. Desde la Ilustración se ha venido fomentando, primero en Occidente y después en el resto del planeta, la educación de las masas. Aun cuando los avances no han sido muchos no podemos negar que hayan existido. Mujeres, campesinos, proletariado urbano… no hace mucho amplias capas de la población eran consideradas incapaces por su propia naturaleza para el desempeño intelectual. Cuando estos grupos accedieron a la formación se han mostrado tan capaces o más para el pensamiento y la cultura como la de aquellos grupos que otrora monopolizaban el acceso a la educación. Si en algo más de dos siglos ha sido posible instruir a millones de individuos y elevar en algo su intelecto y sensibilidad ¿qué podría lograrse si la sociedad tuviese sus miras puestas en construir el nuevo mañana sobre las bases de una formación humana integral? Si ese fuera nuestro sueño en apenas una o dos generaciones crearíamos personas autónomas, sensibilizadas y con plena capacidad para construir una sociedad autogobernada. En este sentido me atrevería a decir que el asiento de toda democracia es su fe en la perfectibilidad del ser humano a través de la educación. El desprecio a la formación ciudadana y el embrutecimiento mental al que está sometida la mayoría merced a los medios de propaganda del dinero son síntomas de cómo nuestro actual sistema social dista mucho de ser democrático ni en la forma ni en los fines que persigue.
En tiempos de relativismo decadente puede que los últimos párrafos hayan sonado en exceso dogmáticos. Nada más lejos de la verdadera democracia que la imposición de un utopismo totalitario. Karl Popper define dos tipos de sociedades: La «sociedad cerrada» donde el individuo no es libre y está subordinado a un colectivo y a una verdad incontrovertible. Donde la verdad y la justicia no son sometibles a debate y la libertad individual es falsa si esa justicia no se realiza. Y la «sociedad abierta»: aquella en que los individuos pueden y deben adoptar decisiones personales. Donde la verdad es parcial y sometible a debate. Donde las respuestas no se han completado. Basada en una incertidumbre epistemológica que permite discusión y voto, era la pretensión de ahistoricidad inexacto del segundo. Popper deja claro que el estado total es un sistema rígido y cerrado donde admite que la verdad emana de arriba hacia abajo, de las élites gobernantes al pueblo gobernado, por tanto, esa élite desarrolla unas creencias que se alimentan por sí mismas y que manejan unas doctrinas que les son conocidas o reveladas. La utopía final, la mejor sociedad posible es planificada y no debe cambiar pues al ser la excelencia todo cambio sería una degeneración. Por contra una sociedad abierta, una sociedad democrática, considera la autenticidad fruto de un consenso establecido a través del curso de la historia y, por consiguiente, es favorable al cambio y a la evolución del mismo. Es este un planteamiento que llevado a sus últimas consecuencias nos demostraría que la verdadera democracia será aquella que no se dé nunca por terminada, sino por el contrario, deberemos estar dispuestos a profundizar y mejorar sobre ella.
No cabe duda de que esta es una imperfección esencial del verdadero sistema de autogobierno: la autocrítica y la desconfianza a que las instituciones vigentes son las mejores posibles. A día de hoy, de nuevo, lo que se denomina democracia es un mero remedo de todo esto; aceptamos la verdad y la superioridad de nuestro sistema político sin que haya un indicio de debate en profundidad sobre la cuestión. Los políticos y los medios de masa en su gran mayoría defienden a capa y espada el estado político, económico y social actual y cualquier referéndum, cualquier modificación del sistema constitucional vigente es percibido como una amenaza a la estabilidad, nunca como posibilidad de progreso.
En conclusión, a diferencia de lo que hoy es considerado «estado democrático» una auténtica democracia busca mutar y transformarse profundizando en los modos como el pueblo interviene en la soberanía hasta llegar al autogobierno y aún más allá. La democracia es imperfecta porque se autoconsidera un proyecto siempre inacabado que experimenta, imagina y crea nuevas formas de empoderamiento cívico. La verdadera democracia, por último, tiene como cimiento más firme la educación del pueblo y el favorecimiento de la divergencia ya que asume que en la pluralidad de voces se manifiesta la verdad.
«Democracia es el procedimiento y/o el mecanismo que genera una poliarquía abierta cuya competición en el mercado electoral; atribuye poder al pueblo, e impone específicamente la capacidad de respuesta de los elegidos frente a los electores.»
Sartori, 1992:43















Creo que existen unas trescientas «definiciones» del posible significado de «democracia».
La más simple sería el ejercicio directo de la soberanía nacional.
Lo que pasa es que la palabra «poder» viene a corromper y sustituir el verdadero sentido. «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo….»
El poder se erige en representante de soberanía: es constituyente y se autoconstituye para mandar. Para crear una separación social: «gobernantes» y «gobernados»; los que mandan y los que obedecen.
Un saludo. .