Un nuevo sistema electoral para una nueva democracia

Enrique Boto
Por
— P U B L I C I D A D —

Cada vez son más los sectores de la población española que consideran necesaria una reforma en profundidad del actual sistema electoral. Es necesario abordar la corrección de claros déficits de representatividad democrática. En España, para el Congreso, tenemos un sistema electoral que pertenece a los llamados proporcionales que funcionan mediante listas. El elector vota una lista que es cerrada (no se pueden añadir nombres de otras listas) y bloqueada (no se puede cambiar el orden ni tachar nombres de la lista). Resultan elegidos los candidatos de cada una de las listas en proporción al número de votos que haya recibido cada lista.

LOS DEFECTOS DEL SISTEMA ELECTORAL

    1. Representatividad

      En las pasadas elecciones generales de 2011 lo que de verdad estaba en juego para la mayor parte del electorado es si iba a gobernar Rubalcaba o Rajoy, o si el PSOE continuaba o salía del Gobierno. Precisamente la preocupación de que las elecciones sirvan para designar un gobierno fue el argumento para adoptar como fórmula electoral en las primeras elecciones democráticas de junio de 1977 –y mantener luego– la conocida Ley D’Hondt, que prima a los partidos mayoritarios. Con el sistema electoral español el pueblo no elige representantes sino gobernantes.

        2. Libertad

          El segundo de los defectos consiste en la poca libertad del votante al tener que elegir entre listas cerradas y bloqueadas (excepto en el caso del Senado). Son los partidos y, todavía peor, las jerarquías de los mismos quienes controlan las elecciones –controlan las listas de candidatos– y controlan a los elegidos. Nuestra democracia funciona como una partitocracia, porque quien tiene el poder no es el pueblo sino los partidos.

            3. Proporcionalidad

              En las pasadas elecciones generales al PSOE le ha “costado” un escaño por Soria 16.000 votos, mientras que ha tenido que “pagar” por cada escaño de Madrid 88.000 votos, lo cual equivale a decir que el voto de un soriano vale cinco veces y media más que el voto de un madrileño. Si hacemos una media general de los votos totales obtenidos, cada diputado del PP tiene tras sí 58.422 votos, mientras que el único diputado del FAC está respaldado por 99.473 votos y al único diputado de la coalición Compromís lo respaldan 125.306 votos.

                4. Inutilidad

                  Los “restos”, votos legal y efectivamente emitidos pero que no han tenido efectos electorales, son votos no utilizados o perdidos. Plantea un problema político serio, por ejemplo, la pérdida de los 53.142 votos de PxC en Barcelona o los 65.169 de EQUO en Madrid. De modo aproximado se puede afirmar que en las pasadas elecciones más de 1.000.000 de votantes se han quedado sin representantes debido a la constricción práctica de la libertad del votante, tan clara que se ha inventado la expresión ‘voto útil’. Hay que añadir el sentimiento de inutilidad que tiene el votante respecto a lo que realmente significa su voto cuando sigue la gestión de sus representantes en el Congreso: una vez terminadas las elecciones, el ciudadano pasa de votante a espectador.

                  UN NUEVO SISTEMA ELECTORAL

                    1. La confianza

                      Para que la relación de confianza entre representado y representante exista sin ficciones son necesarios al menos dos requisitos. Primero, que cada ciudadano pueda designar entre los candidatos a la persona en quien deposita su confianza, es decir, que no se le imponga un representante que él no ha elegido. Segundo, que esa confianza no sea un acto puntual cada cierto tiempo. La falta de una relación de confianza efectiva entre electores y diputados es la deficiencia más grave de nuestra democracia y esta deficiencia proviene de nuestro sistema electoral.

                        2. El ejemplo inglés

                          El sistema mayoritario inglés, con la elección directa del representante de cada distrito, opera con la ficción de que sirve para designar al representante de todo el distrito, también de aquellos que no le han votado. Impone a quienes no han votado al candidato elegido un representante que no ha merecido su confianza: por ello podríamos hablar de la violencia institucional del sistema electoral inglés.

                            3. Nuestra propuesta

                              Imaginemos unas elecciones al Congreso de los Diputados. La votación es en principio uninominal; hay naturalmente una lista de candidatos, pero el elector no vota tanto una lista como un candidato, precisamente aquel que merece su confianza. Se trata de un voto preferencial en circunscripciones plurinominales: a cada distrito corresponden varios escaños y son proclamados diputados los candidatos que hayan obtenido el mayor número de votos. Ahora bien, cada diputado lleva al Congreso los votos que le hayan otorgado los electores, de modo que su voto en la cámara expresa y vale los votos que haya conseguido; en esto se diferencia nuestra propuesta de todos los sistemas electorales hasta ahora practicados. Si en la primera parte de nuestra propuesta juega un papel dominante el principio de confianza, en la segunda lo hace el principio de participación.

                              Si examinamos nuestra propuesta desde el punto de vista del mecanismo electoral, es evidente que mantiene rigurosamente la igualdad del voto de todos los votantes: vale igual el voto de un soriano que el de un madrileño. Además, el voto inútil no existe o quedaría reducido a números muy pequeños. Para los electores que se quedan sin representante porque han votado un candidato que no ha salido elegido proponemos una solución rápida y más barata que la segunda vuelta: el voto transferible. Cada elector, además de señalar a su representante, tiene la posibilidad de señalar una segunda opción, otro candidato al que transferir su voto en el caso de que su candidato preferido no hubiera alcanzado el suficiente número de votos para ser elegido.

                              EL CAMINO HACIA EL NUEVO SISTEMA ELECTORAL

                              El gran problema de instaurar el sistema electoral que proponemos no es técnico sino político: la resistencia de los partidos. Creemos que este nuevo sistema electoral acabaría con la partitocracia tal como ahora la vivimos, porque la personalidad individual de los candidatos tendría mucha más importancia que en la actualidad. Al haber mucha menos distancia entre representante y representado la función mediadora de los partidos quedaría reducida. El representante sabría que su apoyo verdadero no está tanto en el partido como en sus votantes. El proceso electoral sería mucho más simple y menos costoso. La vida política sería mucho más transparente y menos propicia a la corrupción: cada diputado sabría que tiene detrás miles de ojos que han puesto su confianza en él.

                              Paradójicamente es en los partidos donde está la dificultad real para una profundización y modernización del sistema democrático representativo.

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