Un 25 de abril de claveles y capullos

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— P U B L I C I D A D —

Un 25 de abril de 1974 a las 0:25 horas, Rádio Renascença transmite una canción revolucionaria de José Afonso titulada Grândola, Vila Morena, prohibida por el régimen del Estado Novo, movimiento dictatorial promovido por António de Oliveira Salazar y soportado por una policía política (PIDE) que abortaba cualquier intento aperturista. En realidad la llamada Revolución de los Claveles, podía haberse llamado la revolución de las canciones, pues realmente, el levantamiento comienza a las 22:55 horas del 24 de abril, con la canción «E depois do Adeus«, de Paulo de Carvalho, primera señal de que el golpe, estaba en marcha. El mayor Otelo Saraiva de Carvalho, ponía en marcha el despliegue militar que llevaría a la caída del viejo régimen, agotado y arruinado, por una guerra colonial sin sentido, denunciada por el general Antonio de Spínola, aquel militar que usaba monóculo de gesto agrio y mano firme, al cual destituyeron a raíz de la publicación de su libro «Portugal e o futuro«, donde Spínola declaraba que el país no debía proseguir la guerra colonial en África, sino buscar una solución política a ese conflicto.

Aquel día yo estaba recién incorporado como voluntario al Ejército del Aire Español solo diez días antes del golpe, y recuerdo como a aquellos reclutas que estrenábamos uniforme cumpliendo el entonces obligatorio Servicio Militar, nos decían que estábamos acuartelados, algo que ninguno entendíamos bien el motivo, pero que al escuchar por la radio las noticias del inicio de la revolución en el país vecino, todos lo comprendimos con solo mirarnos. Una tímida sonrisa nos recorrió el rostro y pronto nos dimos cuenta que aquello había sembrado el pánico en los dirigentes del franquismo, temerosos del efecto contagio que podía alcanzar a la dictadura española, si bien aquí el ejército no tenía ni remotamente un Spínola que iniciase semejante acción.

Al amanecer de aquel 25 de abril, miles de civiles portugueses ganaron las calles mezclándose con los militares sublevados y protagonizaron la marcha de las flores en la capital lusa, caracterizada por una multitud pertrechada de claveles. El origen de dicha marcha, es tan bonito como novelesco. Una camarera, Celeste Caeiro, que regresaba a su casa cargada de las flores retiradas de los adornos de un banquete suspendido por el golpe, no pudo dar el cigarrillo que un soldado le pedía desde un tanque en la plaza del Rossio, donde los sublevados aguardaban nuevas órdenes. Como la joven sólo llevaba los manojos de claveles, le dio uno y el soldado lo puso en la boca del fusil, un gesto se repitió en todos los compañeros como símbolo de que no deseaban disparar sus armas. Hoy cuarenta y dos años después, nuestros vecinos celebran desde entonces el llamado Día da Liberdade, como fiesta nacional.

España va camino de conmemorar el próximo día 15 de junio, los treinta y nueve años de las primeras elecciones democráticas y nos encontramos en esta fecha con una llamada al Palacio de la Zarzuela a todos los dirigentes políticos que finalizará al día siguiente con los cuatro líderes de los partidos más votados, pues Felipe VI ha querido saber de primera mano, qué posibilidades hay de formar gobierno en España, tras dos infructuosas rondas de consultas anteriores. Aquí, este lunes 25 de abril al contrario que en Portugal, no estamos para fiestas. Amanecemos con un país avergonzado de haber ido a las urnas, depositar confianza en sus representantes y ver como estos no han estado a la altura de las circunstancias. Sonroja ver como durante cuatro meses nuestros elegidos han estado escenificando una obra tragicómica, más parecida a un sainete, que a una gran representación teatral, haciendo política de partido y no de estado.

Todos culpan a todos de no haber podido alcanzar un pacto, pero nadie cede un solo centímetro en sus postulados. El gran error de Pedro Sánchez de cerrar un pacto con Ciudadanos, le condenó indefectiblemente a no poder pactar con Podemos e IU y el imposible acuerdo de gran coalición, solo seduce a Rivera y a Rajoy, aliados naturales de la derecha, que no logran convencer a Sánchez de unirse a tal acuerdo, temeroso con su electorado, que no le perdonaría semejante traición. El PSOE ha entrado en un proceso de destilación tanto por su derecha, como por su izquierda. Según su definición, destilar es el hecho de separar una sustancia volátil (Pedro Sánchez) de otra que no lo es (PSOE) mediante un proceso de evaporación (bye, bye Moncloa) y posterior condensación (Comité Federal). Este sencillo proceso es un símil de aquello que vivirá el alto y bello secretario general, al que le pedirán cuentas de su fracaso. Era imposible que con los peores resultados de la historia electoral de los socialistas, se obtuviera un premio tan alto como era alcanzar la Moncloa.

Pero este lunes 25 de abril, nos despertamos con acontecimientos recientes que no invitan al optimismo en ningún aspecto. La reciente renuncia al cargo del mentiroso ministro Soria, sobre el cual aun se tiene que escuchar desde las filas del PP que “el gesto le honra”, haciéndonos creer que tuviéramos los sentidos mermados y no percibiésemos que algo huele a podrido en esa historia. Este lunes donde los Papeles de Panamá siguen engrosando la lista de patriotas insolidarios que se han burlado de los españoles angustiados por los recortes y las reducciones salariales. Este lunes donde en una comisión para investigar irregularidades en los espionajes en la Comunidad de Madrid, el recluso Francisco Granados es capaz de pedir cuentas a los diputados regionales que le interrogan en un gesto de chulería política inaceptable. Donde Fabra sale de la cárcel y entra Mario Conde no sabemos por cuánto tiempo, porque en España los delincuentes de cuello y sonrisa blanca no cumplen casi condena completa. Donde Aznar hace lo mismo que Monedero pero con bigote y donde a Rita, lo que se le da, seguramente desdiga al refrán y esperemos que esta vez, si se le quita.

Nos preparamos para afrontar una semana de pasión verdadera, como si profesásemos la religión ortodoxa copta, pues ésta es para ellos la semana santa con su domingo de resurrección el mismísimo día 1 de mayo fiesta del trabajo, festividad que espero no celebren los diputados y senadores, pues había que suspenderlos de empleo y sueldo con carácter retroactivo por falta de productividad y mandarlos al ostracismo, aunque alguno entenderá que le estamos invitando a ostras, porque para espabilados, ellos. Ciertamente hemos pasado de claveles de esperanza a retoños floridos, comúnmente denominados capullos, pero dicho sea sin acritud, como decía Felipe González.

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