Spain is different

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Spain is different
Fernando Lanzaco
Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas. Periodista titulado por la Escuela Oficial de Periodistas, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Ha desempeñado, entre otros, los puestos de Subdirector General de Coordinación Administrativa del Ministerio de Educación y Ciencia, Presidente del Instituto Nacional de Asistencia y Promoción al Estudiante, Director General de Personal de Ministerio de Educación y Ciencia, Subdirector General del Ministerio de Justicia y Gerente de la Universidad Politécnica de Madrid.

Durante el franquismo hizo fortuna el slogan “Spain is different” que parecía recitarse en términos de promoción turística pero contenía mucho más. Afirmaba una idiosincrasia patéticamente inflamada para equilibrar nuestros complejos, nuestras negras leyendas, nuestro atraso, pobreza y soledad internacional.

Veníamos de una cruelísima guerra civil fuertemente poetizada en todas partes, una guerra aún inacabada; pensábamos que en España se había derrotado al comunismo; estábamos finalizando un desalmado, como todos, aislamiento y empezaban a solicitarnos grandes y pequeños países al helor de la guerra fría. Y la orgía novedosa del sol, las playas, las suecas, el machismo y el desarrollismo.

Era la post-verdad de la época, el tejido de quimeras, ensoñaciones y oportunismos con los que, con la conveniente manipulación, buscan acomodo y presencia propia las nuevas generaciones. Como siempre. Este fenómeno es tanto más acentuado si se acompaña de una conjunción de factores que producen una aceleración histórica, como en el tiempo que nos ha tocado vivir.

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Con la transición democrática nos proponíamos seguir resultando atractivos pero no tan diferentes sobre todo en materia de derechos y libertades, en la liberación de lo público y en la modernización de la mente y la economía. Era la normalidad conquistada que hoy parece seriamente averiada y que resucita la interrogante ¿es España diferente?

La moción de censura que permitió legalmente la erección del Gobierno socialista es por su circunstancia ilegítima y el mayor monumento a la corrupción política, sobre todo estando en cuestión la integridad no solo del Estado sino su soporte histórico subyacente, la nación española.

En ese lance ninguna fuerza política ha mantenido el honor democrático. La moción dejó al desnudo su carencia de programa, su banalidad y su imposible operatividad política. Por ello el Gobierno discurre por un sendero bacheado, tambaleante, sin ruta ni siquiera mapa entre incertidumbres y arriesgadas ocurrencias.

No se sabe si la loca aventura Sanchista será rentable para los socialistas pero será difícil evitar serios daños objetivos para España como empiezan a revelar importantes indicadores.

No puede ser de otra manera cuando el Gobierno se apoya en sectores irreconciliables, los separatistas que lo son irreductiblemente con España, y los populistas que lo son con la Constitución y son partidarios del derecho a decidir de carácter universal y perpetuo y adversarios confesos de la Unión Europea. Conscientes de esa dificultad funambulista el Gobierno se ha constituido en una suerte de Comité Electoral que acecha la mejor oportunidad —o la menos mala— para acudir a las urnas, y que, con la mayor desinhibición, ha nombrado Jefe del Gabinete del Presidente a un consultor electoral. Puesto clave sobre todo en una nación señera, con casi cincuenta millones de habitantes, enhebrada en la OTAN, la UE, la ONU y con una significación geopolítica y cultural relevante en la historia del mundo y en el mundo actual. Parecen ludópatas de la política. Sería preferible que este proceso peristáltico en la acción de gobierno fuere consecuencia de una deliberada cortina de ocultación del fraude de origen y de nadería de propósitos transcendentes. Pero me temo lo peor: es su naturaleza.

Los espasmos migratorios, la decisión de abandonar el juez Llarena —frustrada in extremis—, la justificación de la Ministra de Hacienda “todos lo han hecho” para naturalizar la provisión pesebrista de los cargos en las empresas públicas —lo que no parece un argumento regeneracionista cuando se daba a conocer con pretexto de sublime transparencia que parece más bien vengativo, el coste de contratación del despacho jurídico en representación del juez. La amenaza del aumento del techo de gasto, las triquiñuelas para obviar al Senado del circuito de tramitación presupuestaria, la subida de impuestos contra las clases medias y poco favorable a cualquier hipotética voluntad inversora en España. El episodio de la legalización anulable de la prostitución entre el ejemplo de temas menores pero incesantes y distractivos que se acompañan de otros de posibles negativas consecuencias como el Diesel, los enredos de las Ministras de Sanidad y Defensa y el empecinamiento en desenterrar a fortiori al General Franco, que tendrá incómodas consecuencias jurídicas además de posible exacerbación de viejas pasiones… Todos estos episodios difícilmente pueden velar dos severas amenazas: la independentista catalana y el frenazo y probable desaceleración rápida de la economía.

En el tema independentista es el que se aprecia con más gravedad la endeblez de nuestra democracia, del liderazgo político y del previsible fracaso total del Gobierno. El caso catalán sigue produciendo pasmo, vergüenza y vértigo porque evidencia serios riesgos no sólo políticos sino civiles.

El máximo representante del Estado en Cataluña recibe, ostensiblemente, órdenes de un prófugo de la justicia y llama a “su” pueblo a la insurrección contra el Estado y la Constitución que hace posible su magistratura. Además instruye a “su” policía a multar y listar, para lo que pueda convenir y siempre para atemorizar a los que se resisten a ser expulsados del espacio público catalán. Por cierto la policía catalana en materia de orden público no tiene competencias sino por delegación del estado. ¿Por qué no se avoca? Un Presidente que mantiene irreductible la tesis de la vía unilateral para la independencia, repudia al Jefe del Estado, menosprecia a los españoles como bestias y declara —ominosamente— que no acatará las sentencias delos delincuentes sino le gustan. ¡Y no pasa nada! El Gobierno Dialogante, se ha desarmado de cautelas contables y de control especial de fondos, ha reunido en las penitenciarías de TORRAS a los presos para que reciban obsequiosos saludos de los carceleros como debidos a sus señores naturales y ofrece un galimatías de Referendum sobre un posible Estatuto anulatorio de los pronunciamientos de anticonstitucionalidad señalados por el Tribunal competente. Todo ello, y quien sabe si más, destinado a calmar y compensar la furia independentista. Mientras tanto el Presidente demócrata mantiene cerrado el Parlamento para impedir la acción de la oposición. Es decir, gobierna con sus comandos, en la calle. ¡Y no pasa nada! Su trabajo se llama agitación y propaganda.

Así que habrá que encontrar una explicación que no sea buenista y beatífica. Quizá la estrategia del Gobierno sea llenarse de razones para la previsión —que parece ineluctable— de desafíos, acritud y desprecio a la legalidad que lleve —cuando el Gobierno lo decida— a una segunda edición, del artículo 155, más severa que la primera.

En explotación del alivio que experimentaría la opinión pública quizá las elecciones podrían consagrar al Sr. Sánchez en el disfrute de su excursión por el Poder que hasta el momento se ha revelado pingue para él y los suyos. Pero para llegar a esa plaza deberán cumplirse algunas condiciones, alguna muy cuestionable como la pericia en el hacer del Gobierno y la impericia del PP y de Ciudadanos conjuntamente con la hostilidad de Unidos Podemos, en proceso de vaciamiento de sus alforjas electorales. De la torpeza y pertinacia de Torra no cabe la menor duda. España sigue siendo diferente en la destreza de organización del Estado democrático y de su cultura. Si, ciertamente.

Me permito recordar unos versos en retrato de Zapatero ya que pienso que Sánchez resulta del mismo linaje:

Así pasas, así pasarás con la perversión peor,
la banalidad que todo lo confunde y desvaría,
como tu única destreza y arte.

La prevalencia de sí mismo sobre todo y todos es la mayor corrupción. Si esta absurda aventura de codicia le va mal a Sánchez, su fracaso será la hoguera de su vanidad al tiempo que la del PSC en Cataluña y del PSOE en España.

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