
“Los hombres inteligentes e instruidos de nuestros días, dan el mismo crédito a las promesas de los socialistas que al paraíso de los teólogos”
Tolstoi
Según los datos publicados, la deuda pública de casi todos los países del mundo ascendería a una cifra alrededor de los 360 billones de dólares, lo que supondría que la “riqueza de las naciones”, hace muchos años que se perdió para dar lugar a una “pobreza de las naciones” y su endeudamiento en un bucle que no tiene fin. Como consecuencia, ninguna de las naciones puede ser ya soberana (libre) para decidir por ella misma, ya que estaría sometida a sus compromisos financieros que, a su vez, se trasforman en geopolíticos.
Es evidente -no obstante- que eso que llamamos PIB es un indicador de la potencia económica que cada país, por sí mismo, tiene en sus recursos, lo que supone no sólo un aval para sus relaciones exteriores de intercambios, sino también una medida de la confianza en ellas y que se mide como “prima de riesgo”.
¿Qué circunstancias hacen que esa “prima” sea fiable o no? La confianza de la gente y, sobre todo, de los mercados en un funcionamiento político, jurídico y económico correcto de su estado de Derecho. Es decir, que sus códigos y normas legales, respondan a principios de racionalidad, sensatez, seguridad y sentido común, que impidan cualquier tipo de corrupción pública o privada .
En España existían -por ejemplo- las Intervenciones Generales del Estado previas al gasto público, las Oficinas Presupuestarias de control del gasto y la Ley de Régimen Jurídico de las AA.PP., donde se contemplaba la repercusión de cualquier tipo de daño al Estado en el seno de la gestión pública por el responsable del mismo y un Tribunal de Cuentas. Todos ellos independientes del gobierno. A eso se añadía los controles en las contrataciones públicas desde órganos como la CNMC que evitaban los “cárteles” empresariales, así como otros órganos supervisores del mundo financiero como la CNMV o el Banco de España, etc. etc.
Pero “vino el comandante y mandó parar….” dice la canción. Llegó al gobierno del primer PSOE que alteró los controles, bajo el argumento de que les impedían gobernar. Es decir, gastar a capricho. Se removió todo el sistema para que los mismos dependieran del propio gobierno (¿de quien dependen…? pues eso….) y se descubrieron las llamadas “empresas públicas” (una forma de sacar la gestión del molesto sistema público y sus controles), con una gran cantidad de cargos clientelares disponible en consejos de administración, asesorías, cargos directivos, etc . Eran organismos autónomos con su propio presupuesto y controles más laxos (como hemos ido comprobando).
El descontrol económico, administrativo y de gestión, se desbordó con la nueva organización política y administrativa del Estado, fragmentada en las CC.AA., donde las estructuras, competencias y responsabilidades se multiplicaban y el sistema clientelar se extendía facilitado por las circunstancias de las mismas. La idea original de traspasos únicos de gestión a los nuevos órganos, acabó convirtiéndose en un chalaneo competencial para apoyos políticos en las Cortes Generales. El Estado quedaba fragmentado, se multiplicaba el gasto público clientelar y los intereses generales de la nación, eran sustituidos por los intereses autonómicos.
El sistema bipartidista en realidad era un acuerdo tácito del “hoy por mí, mañana por ti”, donde el sistema electoral inconstitucional (que discrimina el valor del voto según circunscripción), sería el caballo de Troya por donde se colaría el llamado “despotismo democrático” (imposición de las “mayorías”) de Tocqueville, o el “rodillo” parlamentario que vendría a cambiar o modificar en forma directa o indirecta, por vía de los hechos, el texto constitucional a conveniencia. El gasto público se incrementaba con todo tipo de “clientela” que recogía los frutos de su apoyo y la deuda país aumentaba sin que a nadie -al parecer- le importara (excepto a los sufridos pagadores de la fiesta).
Otros países seguían la misma fórmula de compra de voto, ante la inexistencia de proyectos políticos reales que quedaban simplificados en un ligero cambio de “papeles” en la farsa. Recuerdo cuando el primer PSOE reclutaba a los suyos ofreciendo cargos y prebendas que cambiaron situaciones de muchos. el poder debe comprarse y, según vemos, repartir sus beneficios.
Argentina, un país de enormes recursos y riquezas, se encontró de pronto con la “sorpresa” de haber sido esquilmado por sus gobiernos mientras los bancos cerraban sus puertas. El presidente Milei sacó la “motosierra” (metáfora de recortes) y, en pocos meses Argentina ha pasado a tener superávit en sus cuentas, ha eliminado la pobreza infantil en millones de afectados y ha efectuado recortes allí donde la codicia gobernante anterior se había cebado con cuentas bancarias en paraísos fiscales.
EE.UU. el gran país por antonomasia creador de todo tipo de corruptelas, conflictos bélicos y del cambio de patrón monetario del oro anterior por el dólar (Breton Woods) en la economía mundial, creador de todo tipo de “redes” en las que caían como pececillos países y gobiernos, también fue la cuna de ese “capitalismo salvaje” (Ferrajoli) revestido de izquierda pragmática. Hábil manipulador de la ingeniería social para transformar países soberanos en una especie de “colonias” a su servicio, encontró un presidente ajeno a manejos de tal índole y encontró el apoyo de los norteamericanos, hartos de sufrir en sus carnes los caprichos de las oligarquías, plutocracias y excesos bélicos. De nuevo surgieron los recortes. En el gasto público manipulado y falseado por el propio personal de la Administración; en la Seguridad Social, en el sistema clientelar de apoyos políticos pagados con generosidad; en el sistema mediático corrompido (se dice que ahora es más fácil comprar periodistas que periódicos) y en los excesos de unos pagados con el dinero de otros.
Francia, igualmente un gran país convertido en imperio por Napoleón, ha ido descubriendo las múltiples sombras de su geografía institucional y política y prepara los recortes correspondientes. Alemania, Holanda, Austria, Polonia, Italia, etc. están siguiendo sus pasos a la vista de las nefastas políticas de la UE. Recortes y más recortes. Sobre todo en esa fiebre belicista que requiere más y más impuestos para mayor gloria de la industria de la guerra contra nadie en particular, que se une a la “tasa de CO2” o la “lucha contra el cambio climático” que ya nadie traga, porque la luz de la verdad exige un ajuste global de deuda, de despilfarros, de componendas políticas….
No hace falta ninguna “motosierra”, sólo honestidad. ¿Es mucho pedir?













