Hace ya cuatro años que titulaba un artículo publicado en ¿Hay Derecho? de igual forma, refiriéndome al conato de rebelión que surgió entre algunos barones y personajes del PP, contra la dirección del partido y su presidente. Hoy, de nuevo, nos encontramos con otro motín desatado en ese barco a la deriva en que se ha convertido el PSOE, al igual que el PP, víctima de sus propias contradicciones políticas e ideológicas. Algo de lo que saben también los “noveles” Ciudadanos y Podemos o los más antiguos de CiU (ya separados) o IU.
¿Qué es lo que ocurre cuando un partido se ve alejado de lo que considera “poder” en el más amplio sentido de la palabra? Que su clientela, esa nutrida de los presupuestos públicos y pagada por los contribuyentes con toda clase de cargos, privilegios y “mamandurrias” (según calificación de la Sra. Aguirre), se pierde por el desagüe en la misma proporción y a la misma velocidad que se pierden parcelas de “poder”. Lo hemos visto en los cambios de actitud (muy ostensibles) de algunos medios de comunicación y de buena parte de entidades corporativas, lo que demuestra hasta donde llegan las supuestas “ideologías” y los tan manipulados “idearios” históricos.
El PSOE, insisto, como otros partidos, ha intentado navegar en ese mar proceloso de “sus” intereses (o de sus directivas) antes que por los intereses generales o los de su propio electorado y, como ocurrió en el PP, éste les ha dado la espalda en las últimas convocatorias electorales, alejándolo del pastel del gobierno (donde está el verdadero poder). La diferencia es que lo hace desde la oposición (donde hay poco que repartir) y el PP desde el gobierno donde hay mucho que repartir y mantener, lo que obliga a cerrar la boca. Tanto en un caso como en otro, como en las posiciones enfrentadas de Podemos o de Ciudadanos, Izquierda Unida e incluso esas incipientes plataformas y “mareas”, donde los codazos por sobresalir y ocupar algún cargo, son notorios y relevantes.
Hoy, el secretario general del PSOE, elegido en su momento como el salvador de la situación anterior y, ¡cómo no!, dado a conocer en las tertulias políticas de los distintos medios, con una imagen muy conforme al perfil modelo USA (fotogenia sobre todo), que cometió dos graves errores, como el de insultar a su oponente político en un debate público y tratar de limpiar el partido de todas las manchas de corrupción que, desde el “felipismo”, se fueron acumulando en las filas del partido, se ve abandonado a su suerte y caído en la lona, noqueado por demasiados golpes, altos y bajos, que sus propios compañeros y camaradas le están propiciando, como respuesta a sus gestos de soberbia y de arbitrariedad personal en la secretaría del partido (según se dice).
Los “pesos pesados” (algunos en exceso) que, según el propio Felipe González se convertían en “jarrones chinos”, han sacado toda su artillería de influencia y mediática, para dejarlo más solo que la una en ese “¡no, es no!” al que achacan los pésimos resultados electorales en el País Vasco y Galicia. Por cierto, donde nadie habla de una abstención mayor del 50% que, digo yo, algo debe significar y que es un indicativo de cara a las próximas y terceras elecciones legislativas que se ciernen en el horizonte. Tampoco nadie habla de la situación personal de los “jarrones chinos” en el baile de puertas giratorias en que se encuentran la mayor parte de ellos, obligándoles a ser “lobbies” de quienes los tratan con tanta generosidad.
Me ha llamado la atención un mensaje en redes sociales de una ex ministra del gobierno del PSOE anterior, que pone el dedo en la llaga con el siguiente texto: “Felipe González ya se cargó al PSOE cuando abandonó el marxismo y fracturó el partido con los históricos de Llopis y los renovadores…” acusando a quienes formaron aquel “clan de la tortilla” sevillano apoyado por EE.UU. para defender sus intereses “geoestratégicos” (en peligro por el escaso entusiasmo del entonces presidente Suárez a la integración de España en la OTAN) y que, en Suresnes, defenestraron al socialismo real de Llopis o del propio Tierno Galván, para reconvertirse y pasar del “OTAN, de entrada NO” al “OTAN, SI”. Toda una muestra del pragmatismo que ha adornado al PSOE (o mejor dicho a sus dirigentes, todos ellos parte de la “beautiful people” y sus “pelotazos”. No, no es de ahora la crisis ideológica o política del PSOE. Lleva muchos años intentando jugar con unas fichas y las contrarias en ese espacio tan ambiguo de la llamada “socialdemocracia” y que acoge en la actualidad todo el supuesto “pluralismo” político parlamentario, al amparo de la Constitución: “España se constituye en un Estado social y democrático…” (artº 1.1.)
La crisis del PSOE es sólo el ejemplo de la crisis del sistema de partidos establecido para “expresar el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política” (artº 6.1. C.E.). Es algo que no sólo se produce aquí, sino también en la mayor parte de los países ajustados al mismo modelo o patrón. Y, como en el dicho “las barbas de tu vecino….” , existe un contagio acelerado de la misma situación, puede que, de aquí a la próxima convocatoria electoral, asistamos a otras “rebeliones” en otras naves políticas, como un reajuste necesario (y quizás más sincero) del pluralismo ideológico o de la forma de luchar por conseguir el poder personal o el dominio de unos sobre los otros. Al final, en eso queda “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” (artº 1.2. C.E.).
Más tarde o más temprano, la cruda realidad impondrá una renovación de los sistemas caducos y enfermos, por aquéllos que hasta el momento los han mantenido “contra viento y marea” (la apuesta de los otros “poderes”, sobre todo económicos, por modelos emergentes es un dato). Pero no será hasta que el ciudadano responsable se libere de toda la contaminación mediática y política absorbida en todos estos años, cuando el propio criterio nazca del conocimiento y no de la ignorancia, cuando se produzca el auténtico cambio que demuestre que todos somos seres humanos en busca de nuestro propio destino y, por ello, con los mismos intereses básicos. Sólo entonces, la nave recuperará el rumbo perdido.













