¿Qué querrá China?

Qué querá China
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Estamos mi sobrino Evaristo y yo mirando “Google Maps” en mi bar favorito. ANDREA pasa a nuestro lado con comandas. SAM, detrás de la barra, coloca ruidosamente platos, tazas y vasos. Evaristo se rasca la cabeza. “No sé lo que puede pretender China”, afirma mientras contemplamos el mapa del actual Imperio Celeste, más bien rojo, ahora.

  • ¿Quizás, comprar el mundo más que conquistarlo?
  • Ya, pero … Los españoles reconquistamos España, conquistamos América, nos hicimos ricos y lo dilapidamos en Centroeuropa defendiendo los intereses dinásticos de los Habsburgo y los de la Iglesia de Roma. Luego los franceses quisieron exportar su revolución con bayonetas, los ingleses les pararon y, juntos, inventaron después el colonialismo en África y Asía que fue un imperialismo capitalista que favoreció a clases medias y la creación de fortunas exportando manufacturas.

No oso llevarle la contraria a un Evaristo que se recuesta en su butacón y prosigue:

  • Luego vinieron los norteamericanos con lo mismo, pero con un envoltorio diferente.
  • ¿Cual?
  • Exportar democracias cuando no se apoyaban en dictaduras.
  • Ten en cuenta que su competidor, la URSS, intentaba imponer mundialmente, con sus países afines, su dictadura del proletariado y otro sistema económico.
  • En efecto. A eso voy. Se enfrentaron una economía de mercado con su consecuente liberalismo democrático en lo político y una economía planificada con un sistema político dirigista, una dictadura de nomenclaturas aprovechadas. Cuando la GuerraFría, en Moscú querían imponer al mundo su sistema político-económico y en Washington lo mismo.
  • ¿Y.…?
  • Pues, que China ya se ha convertido en un país capitalista (como Rusia). No nos va a imponer esa economía de mercado que prevaleció tras la guerra fría por ser la más eficiente, sin perjuicio de que haya que corregir sus desequilibrios e injusticias.

Evaristo cierra los ojos y, temeroso de que vaya a dormirse, le pincho … “Quedaría imponernos su sistema político con un Partido Comunista omnipresente”. Mi sobrino sonríe y afirma que eso ya no cuela más que en sitios donde ya lo tienen como en Cuba o Venezuela, aunque económicamente no despeguen.

  • En España, señala Evaristo, lo intentarían, quizás, los libertarios, comunistas, marxistas y otros confluyentes a la izquierda del PSOE, pero, en el marco internacional, veo más tensiones comerciales y económicas entre las grandes potencias que territoriales, más juegos de influencias que propiamente de poderío militar.
  • Con excepciones …
  • Efectivamente. Para Beijing, por ejemplo, el control del Tíbet y del Mar de China Meridional es esencial. Le preocupan asimismo las influencias occidentales en sus vecinos, Indochina, Filipinas, Japón y península coreana.
  • Añadiría Mongolia Exterior y el ten con ten con los rusos a lo largo del Transiberiano, sin olvidar Formosa ….
  • En efecto. Territorial y militarmente China aspira esencialmente, como Rusia ahora, a controlar sus aledaños, su vecindario, afirma Evaristo. Es más bien un reparto de la tarta por razones de seguridad vecinal y no de carácter ideológico en un momento en el que, con Trump, los EEUU parecen renunciar al papel de gendarme mundial.
  • Te veo muy confiado, pero, en todo caso, ello deja espacio a los “gendarmitos” regionales, como Turquía, Irán o Arabia saudí ….
  • Sin duda, pero las grandes tensiones mundiales serán más comerciales y tecnológicas, así como ciberespaciales. Dominar el espacio exterior de cara a su colonización será, asimismo, inevitable y los europeos tendrán que ponerse las pilas.

Satisfecho con su conclusión, añade:

  • Tanto China como a Rusia tienen pavor a tres cosas: nacionalismos, independentismos e islamismo radical. Algo importante para la actual concepción vecinal de su seguridad.

Nos hubiéramos quedado como si hubiésemos descubierto la pólvora si no fuese porque ANDREA y SAM se acercaron trayendo una tarta de frambuesas bien roja mostrando una estrella amarilla grande y otras pequeñas, diciéndonos al unísono y metálicamente: “Glandes celeblos los suyos, aunque caselos”.

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