Que no vengan a Europa

Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
Publicidad

Con estas palabras el actual presidente del Consejo Europeo Donald Tusk se ha limitado a dar respuesta a la crisis de refugiados que permanecen en las fronteras de la UE, entre cuchillas amenazantes por delante y la guerra por detrás. Una guerra que, conviene recordarlo, ha venido a agravar (como casi siempre ocurre) los problemas regionales de una zona donde, los conflictos étnicos y territoriales, están en la Historia.

La razón aducida para este rechazo es la “actividad de los contrabandistas”, que han encontrado un filón de riqueza en la explotación del desplazamiento obligado de población que huye de las bombas, de los atentados, de los asesinatos, de la destrucción de sus casas, de la desaparición de sus familias, todo ello con las pretendidas justificaciones “de seguridad”, pero en mayor medida por razones geopolíticas y geoestratégicas, de hegemonías imperiales.

Todo empezó con la fragmentación en supuestos “estados” de una región donde el verdadero conflicto tenía una base religiosa en la interpretación del Islam. Un Islam abstracto, sin fronteras que, como otras religiones, extendió su influencia a millones de personas primero por la fuerza de su imperio y de su cultura y, segundo, por la fe que despertaba en unos pueblos sumidos en la miseria y la ignorancia en África y Asia. Se agudizó con la explotación colonial del territorio y, finalmente, con la implantación de algunos estados como gendarmes aliados en la zona.

Desde las costas francesas frente al estrecho de Calais, hasta los precarios campamentos en Turquía, miles y miles de personas de todo tipo y condición esperan que Europa los acoja, les abra sus puertas y practiquen con ellos esa hospitalidad que rige todavía para cualquier musulmán. No son los únicos que pasan por esta situación. En distintas zonas del mundo vienen siendo frecuentes estos desplazamientos de millones de personas por causas diferentes, en las que predomina la violencia bélica servida desde intereses económicos.

El artº 33 de la Convención de Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados (1.951) dice:

“1.- Ningún estado contratante podrá por expulsión o devolución, poner en modo alguno a un refugiado en las fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre…”

Estaríamos ante una vulneración de dicha convención con la respuesta que los estados fronterizos y toda la UE están dando a la crisis, rechazando e impidiendo el paso y el derecho de asilo, salvo que, claro está, se aplique el apartado siguiente del mismo artículo:

“2.- no podrá invocar los beneficios de la presente disposición, el refugiado que sea considerado por razones fundadas como un peligro para la seguridad de país…”

Una vez más, hecha la ley, hecha la trampa porque ¿qué entendemos por “razones fundadas” o por “peligro” para la seguridad de un país? Primero nos inmiscuimos en sus vidas, en sus creencias, en sus sociedades, para alterarlas gravemente y luego los sometemos a guerras teledirigidas cuyas razones no son precisamente “humanitarias”.

La llamada Unión Europea que abría sus fronteras a todos sus ciudadanos y establecía en su constitución como “derecho” el desplazamiento de las personas, hoy gasta sus presupuestos en “concertinas” que desgarran y cortan o en gases lacrimógenos contra personas desarmadas, pacíficas, que llaman a sus puertas pidiendo cobijo. Un cobijo que se disputa a la baja entre los paises europeos en interminables comisiones o que se pretende reorientar pagando alquiler en otros países como Turquía. En ningún caso se piden responsabilidades en la ONU por genocidio inducido a los países que, con la excusa de intervenir contra los gobiernos de Siria, Irak o Libia al principio, armaron grupos de supuestos opositores políticos, los apoyaron y crearon organizaciones que luego no podían controlar y se rebelaban contra su creador, demostrando la puerilidad e ingenuidad (en el mejor de los casos) de su política exterior.

El cierre de las fronteras europeas y el silencio cómplice con los organizadores de estos conflictos, es la mayor vergüenza que, como supuestos pueblos civilizados, ofrece Europa sin que el Parlamento Europeo clame por ello, sin que el oficioso gobierno de la Comisión tome decisiones y sin que el Consejo, (varios de cuyos países tiene una cierta preeminencia en la ONU), denuncie y exija responsabilidades por lo que está ocurriendo. No es cosa de política, sino de ética y de principios. Unas cuestiones que volaron hace tiempo desde el Derecho Natural para ser usurpadas por derechos positivos arbitrarios. Tan arbitrarios como para medir con diferentes raseros los genocidios, para que la figura del vencedor predomine en la interpretación de la Justicia.

La justificación no puede ser la denuncia (más o menos sesgada) de los medios de comunicación o las llamadas de organismos que, paradójicamente, dependen de Naciones Unidas y de sus presupuestos, mientras contemplamos desde nuestras vidas cómodas a esa multitud de personas que se arraciman y buscan con desesperación el hueco por donde entrar, en todas y cada una de las fronteras con que se van encontrando. Unas fronteras que derribamos con el muro de Berlín y que ahora volvemos a levantar entre seres humanos en el momento que más precisan de ayuda.

Por eso nos avergüenza la frase de quien es en este momento el máximo representante de nuestra Unión Europea y ya está faltando tiempo para que la rectifique, no sólo con palabras, sino con la exigencia de apertura de barreras a todos los miembros del Consejo y la adopción de medidas para evitar a esos “contrabandistas” que se aprovechan de la desgracia humana por una parte y la denuncia internacional de las otras mafias que la han provocado. Si la diplomacia y la política exterior no son capaces de impedir en origen a las mafias organizadas por medio de políticas de inmigración inmediatas, resulta un sarcasmo pedir que la gente sin otras alternativas no caiga en sus manos.

La respuesta de Europa a este conflicto nos dará la medida de lo que podemos esperar de sus dirigentes e instituciones. Me temo que no gran cosa.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.