Políticos amortizados

Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

En su momento nos referimos a la figura de Alfredo Pérez Rubalcaba como “amortizada”, entendiendo que su tiempo ya pasó —como se demostró a posteriori con la elección de Pedro Sánchez— y su lugar parecía estar más en la retaguardia que en las primeras líneas de la acción política. Saber retirarse a tiempo es la última victoria que queda. Pero hay que ser sabio para hacerlo.

Hemos visto durante este tiempo cómo algunos otros personajes públicos siguen intentando marcar la agenda de los acontecimientos públicos, como son el propio Felipe González o José María Aznar. El primero —ya en evidente deterioro físico a juzgar por su aspecto externo—, contrastando con la figura más austera —y al parecer mejor conservada— del segundo. Deuda contra austeridad.

La renovación generacional es ya un hecho en la vida política: Albert Rivera, Pablo Iglesias, Tania González, Alberto Garzón, Irene Lozano, Pablo Casado o el propio Pedro Sánchez, son una muestra de que la política se vive de una forma diferente a lo ya conocido. La potente irrupción del movimiento 15 M a causa de la crisis, marcó un antes y un después en las anquilosadas estructuras políticas, con ciudadanos dispuestos a tomar el timón de la nave del Estado.

Entre todos ellos ha vuelto a aparecer la supuestamente “retirada” Esperanza Aguirre como candidata a la alcaldía de Madrid, tras una equívoca designación llena de polémica por su condición de presidenta del partido en Madrid. Y lo ha hecho abrazando el “populismo” que antes rechazaba, porque en su fuero interno sabe que sólo eso puede atraerle votos, ya que su gestión al frente de la Comunidad de Madrid está demostrándose llena de “agujeros negros” por su declarada nulidad de hacer o controlar equipos de trabajo.

Sus declaraciones iniciales han ido a la línea de flotación de sus propios compañeros, como si ese marcar distancias con ellos y con su propio partido, le fueran a reportar los votos necesarios para instalarse en el Ayuntamiento. Sus exigencias en cuanto a hacer las listas y el programa municipal, tienen más que ver con un sistema electoral personalista (que no es el caso) que con la supuesta disciplina de partido pero, en ese pulso inicial, parece que ha ganado por puntos a su propio presidente nacional.

¿Ha sido Rajoy un ingenuo con la aceptación —más que la designación— de esta candidata? Tengo mis dudas al respecto. Las encuestas que vienen manejándose reflejan una atomización municipal que, aunque dieran una cierta mayoría al PP, le llevarían a la oposición en cuanto se produjese un pacto de otras fuerzas o le obligaran a pactar y consensuar cargos y programas con otra formación complementaria. De esta forma, la Sra. Aguirre debería bajar sus humos con una cura de humildad impuesta. En todo caso no veo a la misma limitándose a una u otra función, por lo que su blindaje ha consistido en asegurar su continuación al frente del partido en Madrid.

No obstante, en sus exigencias para ser candidata, vuelve a caer en el error de prescindir del partido al que debe las sucesivas designaciones en cargos públicos, para —al igual que su compañero Gallardón— dar la imagen de ganar por méritos propios los cargos que le han dado popularidad. Por ello exige “su propio programa municipal” y “su equipo municipal” en lugar de los que el PP considere adecuados. En esa línea y por coherencia la candidata debería presentarse como “independiente” y pagar de su bolsillo la campaña electoral. Eso sí que demostraría que es ella quien gana las batallas.

De momento ha conseguido marcar distancias con el partido y con quienes la han aceptado (ya que ella se venía proponiendo desde hace tiempo), creando una imagen falsa de “líder” y aprovechando para sacar sus propuestas populistas de bajar los impuestos, “no pisar” el palacio de Cibeles y hacer una gestión limpia y austera multiplicando su presencia mediática. Si eso lo hubiera dicho o hecho “Podemos” la Sra. Aguirre ya estaría tachando de populismo sin fundamento tales propuestas.

El Ayuntamiento de Madrid mantiene una deuda heredada de la “megalomanía” —según la Sra. Aguirre— del Sr. Gallardón. Mantiene aún estructuras empresariales fuera de las institucionales, la mayoría muy cuestionables tanto en su generación como en su mantenimiento y, lo que es más grave, un gran número de compromisos y amistades peligrosas que seguirán buscando la forma de hacer negocio a cargo de los presupuestos públicos. En muchos casos se trata de personas o empresas relacionadas con tramas que circulan por los juzgados, en otras se trata de quienes han contribuido a sostener la figura de la propia candidata, como la de la empresa que la tiene fichada nada menos que como “cazatalentos”.

El PP de nuevo ha dejado pasar la ocasión de la renovación como si en su banquillo no existan personas capaces de cubrir tal candidatura. El echar mano de políticos “amortizados” por la marcha de los tiempos, demuestra la pobreza de su cantera a menos, claro está, que sea —como apuntábamos— una maniobra para desembarazarse de una persona que ya no puede aportar más al partido, pero que el partido debe soportar dada su “falsa salida” de la vida pública.

Se va a enfrentar con adversarios y competidores de cierta talla, tanto en el prestigio personal, como en su experiencia pública, y lo hace desde una posición inicial en que el pueblo madrileño reclama cambio. Desde una posición del PP en caída libre en las encuestas, sólo capaz de frenarse desde una auténtica renovación que implique una verdadera regeneración. Sus expectativas electorales se van a basar —además— en la parte más conservadora o menos liberal de los madrileños (precisamente cuando ella quiere utilizar esa imagen de supuesta “liberal”) que pueden proporcionarle alrededor de veinte concejales, cantidad insuficiente para recoger el bastón municipal, salvo que pacte con alguno de los otros tres grupos de cierta relevancia municipal que, como es lógico, le cambiarán “su” programa.

Sólo entonces, cuando ocupe la presidencia del grupo municipal de oposición del PP en el Ayuntamiento de Madrid y deba ocuparse de seguir la política municipal de otros, se dará cuenta de que ha perdido la partida y de que, como tantos otros, la Sra. Aguirre está amortizada para la vida política. Rajoy, entonces, habrá ganado, pues habrá recuperado el control sobre el PP madrileño.

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